Lo que debemos hacer con el gobierno

Le estamos pidiendo a un elefante que vuele como un águila. ¡Pues, ni que fuera Dumbo! No puede. Por eso es que, a pesar de las promesas electorales, los gobiernos no cumplen.

Entendamos algunas verdades. Todos los millones que el gobierno gasta los saca de la propia economía nuestra o la de Estados Unidos (EEUU) continentales. Todos los millones que el gobierno gasta provienen de impuestos. Impuestos pagados por los residentes de Puerto Rico o por los residentes de los EEUU.

El gobierno no crea puestos de trabajo. Lo que hace es extraer fuerza trabajadora del mercado laboral y pagarle con recursos generados por impuestos que paga el sector privado local o continental.

El saldo neto de la contribución a la producción que hace el gobierno es nulo o negativo. Lo que sí hace el gobierno es extraer recursos de la economía por vía de impuestos y préstamos. De inmediato, el gobierno gasta los recursos y en el proceso redistribuye el ingreso y la riqueza del país. En palabras sencillas: le quita a unos y le otorga a otros.

En general, el gobierno no añade valor a la economía. Más bien, los gobiernos destruyen valor. La sociedad necesita el gobierno, pero el gobierno cuesta. De ahí que si no se controla, puede convertirse en una estructura insostenible para la sociedad. Especialmente para una sociedad relativamente pobre.

La productividad marginal de la emplomanía del sector público es negativa. Esto significa que al incrementar en una unidad el esfuerzo laboral en el sector público, el producto, en vez de aumentar proporcionalmente, se reduce. Ese fenómeno se debe al exceso de empleados y a la escasez relativa de capital y tecnología. El gobierno emplea ya tantos funcionarios, que estos, por su número, abruman la plataforma física e institucional. Por eso, cuando los sindicatos de la Autoridad de Energía Eléctrica o de Acueductos y Alcantarillados se van al paro huelgario, las empresas parecen funcionar mejor. Claro, esto ocurre si no hay sabotaje de las instalaciones.

El gobierno no debe ni puede fijar precios a menos que se den condiciones de grave calamidad, p.ej. guerras, desastres naturales, etcétera. Es más, la burocracia de un gobierno no sabe cómo fijar los precios de nada. Cuando lo intenta, produce desequilibrios, escasez y mercado negro. La intervención reguladora del gobierno en múltiples mercados resulta en el encarecimiento de la producción y, por ende, en una fijación parcial de precios. El resultado no debe sorprender a nadie. Es la ineficiencia y la ineficacia. La población servida se irrita y exige que el gobierno corrija la situación con más intervención y reglamentación. El gobierno responde ante la presión política. Como resultado de esa intervención, la situación de ineficiencia e ineficacia empeora.

Sabemos o, por lo menos así lo afirmamos, que el gobierno “todo lo hace mal”. Lo sorprendente es que queremos que lo haga todo.

Pues bien, creo que es hora de establecer límites al gobierno y redefinir lo que vamos a ordenarle que haga y deje de hacer. Ordenarle, sí. Porque el gobierno es un instrumento nuestro. Somos nosotros, los ciudadanos, los únicos que tenemos la potestad de ponerle coto al desperdicio de recursos que, en nombre nuestro, están llevando a cabo los gobiernos.

Se trata de una orden que deberá estar fundamentada en un pensamiento serio y cuidadoso. No es cuestión de destruir instituciones. De lo que se trata es de imponer la razón y el interés general, sobre la intervención de los partidos políticos. Los partidos tienen como único objetivo alcanzar y mantener el poder. El poder que utilizan para redistribuir el ingreso y la riqueza. Persiguiendo ese objetivo, los partidos han logrado, de paso, hacer inviable la economía del país.

Dicho sea de paso, el status no es la causa de la disfuncionalidad de la economía de Puerto Rico. Todo lo contrario, la disfuncionalidad de nuestra economía es la causa de que el status no pueda modificarse. No acabamos de comprender que para alcanzar un status distinto, es requisito haber alcanzado un progreso económico significativo. Puesto de otra forma, para ser admitido a cualquier club hay que cumplir con los requisitos y poder pagar la cuota. Aquí los partidos nos dicen que tenemos el divino derecho a optar por el status que se nos ocurra y, más aun, que tenemos el mismo derecho a que se nos otorgue.

Dicho todo lo anterior, ¿en qué consiste lo que es necesario hacer? La tarea será dura y prolongada. Será necesario desmantelar el entramado institucional que aprisiona y aplasta la capacidad productiva de Puerto Rico. Dicho entramado fue colocado pieza a pieza por gobiernos que accedieron a presiones provenientes de sectores en busca de protección o de privilegios.

Es necesario desmantelar el sistema de impuestos que castiga al que trabaja, ahorra e invierte. Es necesario sustituir el impuesto sobre ingresos con un impuesto al consumo. La mejor opción es un impuesto sobre el valor añadido. La mejor prueba de que es la mejor opción es la oposición que ha levantado entre los que más se benefician de la ineficiencia e ineficacia del sistema vigente.

Es necesario reducir el tamaño de la administración pública. El primer paso consiste en reducir a cuatro el número de municipios.

Puesto Rico no tiene una verdadera ciudad. Lo que hemos desarrollado con el pasar del tiempo es un enorme y desarticulado suburbio. Es necesario construir una ciudad. La economía global es un fenómeno creado por y para las ciudades. Son esos sistemas económicos los que en realidad compiten en la economía global. Sin una ciudad, Puerto Rico no puede competir. Es como pedirle a un jockey que compita en una carrera sin caballo. Le aseguro que llegará último y embarrado.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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