Cadenas

El precio que paga en Puerto Rico el que expresa su opinión profesional en aquellos campos donde existe ya un tesauros de lo permitido por la “corrección política” resulta insoportable. Tomemos el caso de los consultores en campos neurálgicos.

En teoría, los consultores ofrecen a sus clientes lo que consideran es un buen diagnóstico de la situación de interés y, si se les requiere, un conjunto de opciones dirigidas a la acción.

Los economistas que ejercen como consultores navegan aguas profundas. La economía y la política están enredadas en un apretado patrón tejido que hace difícil distinguir una de la otra.

Cuando los economistas intervienen en el plano público opinando en torno a situaciones relativas a la economía y a las políticas públicas de los gobiernos, se adentran por un peligroso sendero. Se atraviesa un campo donde la percepción es la de un juego de suma cero. Es decir, lo que tu ganas es porque yo lo pierdo.

Cualquier opción de política pública tiene el potencial de beneficiar algún grupo y perjudicar a otro. Peor aun, cuando podría beneficiar a ambos en el largo plazo, puede que todos lo interpreten como perjudicial a la corta.

Si el economista responde a preguntas de la prensa, o se anticipa con su diagnostico y recomendaciones, corre el peligro inmediato de ser descartado por quienes lo clasificarán en ese instante como un vocero de la facción contraria. Si el consultor goza de buena reputación y tal clasificación no tiene efecto ante la opinión pública, entonces, la reacción es aun más peligrosa para dicho profesional. Corre el peligro de convertirse en elemento tóxico para clientes potenciales.

El sector de gobierno lo rechazará porque lo verá como aliado de la oposición. El sector privado no contratará sus servicios por dos razones. Primero, los clientes potenciales del sector privado no desean que el gobierno les asocie con la opinión del susodicho consultor; segundo, el valor de su consultoría se reduce porque pierde, ante los ojos del sector privado, acceso a los estamentos del gobierno. En fin, su efectividad como portavoz de las peticiones y propuestas del sector privado se ven inmediatamente menguadas. Este último factor es de mayor importancia en la medida en que el gobierno sea grande en relación con el sector privado. En Puerto Rico, como es de esperarse, la situación es en extremo peligrosa.

De manera que la función cívica del economista en el ambiente que define la sociedad en que vivimos resulta venenosa para aquellos que pretendemos ofrecer una visión profesional.

“Such is life?”

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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