Optimismo de tontos

Hay una tendencia entre nosotros a pensar que siendo optimistas resolvemos las crisis. El optimismo, como característica de actitud frente a problemas creado por nosotros, solo nos conduce a la inacción. El optimismo es una actitud que, generalizada y elevada al nivel de característica positiva de personalidad, nos puede conducir al desastre.

La generación de nuestros abuelos transformó una actitud frente a los retos que le permitió vencerlos y prosperar. Ese progreso, logrado por vía del esfuerzo y el trabajo, se transformó a su vez en un optimismo basado en la experiencia del progreso alcanzado por vía del trabajo y el sacrificio. Ese no es el mismo optimismo que hoy se predica de forma insensata y desconectada de una experiencia de esfuerzo. Es, más bien, otra forma de justificar la pasividad y la irresponsabilidad.

Hay que ser positivo. Hay que ser optimista. El pensamiento negativo solo trae la auto-realización de lo peor. Falso. De ser así, no habría necesidad de contar con un cuerpo de bomberos; no sería necesario que los navíos estuviesen equipados con botes salvavidas; no serían necesarias las salas de emergencia y, menos aún, las de trauma. Solo bastaría con ser optimista y positivo.

El concepto del optimismo enfermizo percoló y se ha convertido en una especie de regla de conducta entre los economistas. Se justifica el optimismo en función de que supuestamente, en ausencia de un discurso optimista, el pesimismo se extiende por el mundo de los negocios y la economía se contrae. En realidad, lo que se pretende es generar expectativas positivas para impulsar la especulación.

Esa actitud ha provocado, entre otras cosas, burbujas especulativas en el mercado de la vivienda y de los bienes raíces en general. Lo políticos han implantado el discurso optimista para justificar todo tipo de irresponsabilidad. Pensamiento positivo y el que venga atrás, que arree.

Pues no. Yo no puedo ejercer la profesión y ser, al mismo tiempo, optimista. Todo lo contrario. Veo y percibo por todos los costados síntomas de estancamiento y degeneración. Veo los sistemas gerenciales en descomposición. Veo los sistemas de producción en contracción. Veo la población con potencial de esfuerzo productivo, emigrando. Veo el resto de la población envejeciendo y empobreciendo. Veo los sectores informales e ilegales de la economía llenando los espacios de la producción y servicios. Veo el arraigo de un comportamiento general de tipo suma cero. Es decir, lo que tu ganas, lo pierdo yo. Veo y escucho opinar sobre cosas que no se entienden. Veo y escucho la demagogia y el populismo irresponsable.

¿Cómo es posible ver y escuchar lo que he señalado y ser optimista? No. Lo que se está pidiendo es que sea un tonto de capirote.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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