Dream Team

Se contaron los votos. Por fin se conoce el resultado electoral. En términos beisbolíticos, el tercer “out” se ha producido, el equipo que servía el campo se va al “dugout” y el campo es ocupado por el otro “team”. La orden al bate determinará quién, y en qué turno, irá al plato para comenzar la ofensiva. Así se juega el béisbol. Cuando concluye cada mitad de “inning” el juego sigue y la próxima mitad de “inning” comienza con la misma anotación con que terminó la anterior.

Algo similar ocurre en nuestro sistema con el cambio de gobierno luego de unas elecciones generales. El partido de gobierno generalmente se convierte en partido de oposición. La situación general, no obstante, permanece. Especialmente en lo que se refiere a la economía y a las finanzas.

La economía sigue estancada y el estándar de vida continua en retroceso. La población envejece y se achica el número de residentes. La emigración se ha disparado y continua el éxodo. El lenguaje de los políticos refleja su resistencia o incapacidad para reconocer la naturaleza y profundidad de la crisis, la causa de la problemática y la culpa que comparten. El lenguaje que domina estos días de interregno mezclan una cacofonía de acusaciones y convicciones que buscan echar la culpa de todos los males habidos o imaginado sobre los hombros de la administración saliente.

Los jugadores del “team” que toma la ofensiva se preparan para consumir sus turnos al bate, blandean sus maderos con elegancia y amenaza. Los fanáticos del equipo que toma la ofensiva sienten la emoción que surge de la esperanza en un “inning” memorable. Un “innning” en el que se logren “hits” y carreras. Un “inning” en el que se rebase la delantera que nos llevan y se tome la delantera en anotaciones. Un “inning” en que se logre romper el formidable “picheo” que hasta el momento ha frustrado la ofensiva de nuestro “team”.

Nuestro “Team”. El mejor. No importa que ocupe en estos momentos la última posición en el escalafón. No importa que en los juegos anteriores haya perdido dos de cada tres. No importa que todos los indicadores sean negativos. No importa que el tercer y cuarto bates estén pasando un claro “slump”. Nada de eso importa. ¡El nuestro, aunque pierda!

Claro, el dirigente del “Team” ha cometido errores imperdonables. Hoy, por ejemplo, cómo se le ocurre poner a un lanzador zurdo. El juego de anoche lo perdió por no ordenar una “plancha”, con hombre en primera, y sin “outs”. Luego, manda al robo de la segunda y … botó la oportunidad de empate. No importa que aquel juego se perdiera 10 a 0, ni que el “pitcher” nos “ponchara” 18 bateadores.

Pues, algo así es lo que estamos viviendo ahora. Las condiciones son negativas. No importa cuán positivos deseemos ser, en nuestra actitud. No es posible ocultar la realidad de la economía. Tampoco puede ya esconderse la situación financiera. Sería temerario e irresponsable ignorar que el gobierno carece de solvencia. Es más, que ha llegado a sus limites para financiar sus operaciones. Tan seria es la situación que la financiación, no ya de operaciones sino de mejoras capitales, se ha esfumado. El gobierno está obligado a tomar prestado para pagar intereses sobre la deuda pública.

Las promesas que ha hecho el equipo al que le toca la ofensiva son portentosas. Todas conllevan gastos. Algunas requieren capital de proporciones considerables. Las fuentes de capital se han limitado por razón de la percepción de riesgo que ahora representa el país. Esa percepción se deriva de la altísima proporción de deuda comparada con los activos con que cuenta el gobierno para honrarla. La percepción de riesgo ha sido afincada por las entidades que se especializan es analizar la condición financiera de gobiernos y empresas.

La fanaticada exige cumplimiento específico. De igual forma que durante el juego de béisbol, la presión se dejará sentir desde el primer “inning”. La razón y la lógica tendrá poco que ver con las emociones y con el entusiasmo de cada uno. Muy pocos intentarán ver la situación en sus méritos. Eso se lo dejarán a los cronistas y comentaristas. Claro, esos también simpatizan con equipos y no son tan objetivos como quieren lucir.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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