Un tiempo gris

Escucho en estos mismos momentos al gobernador García Padilla en su discurso tras haber jurado al cargo. Se me viene a la mente, a medida que el nuevo gobernador elabora su mensaje, la dificultad que confronta el liderato político para articular un rumbo.

No hay dudas en cuanto a las buenas intenciones de este gobernador. Con toda seguridad ha pensado en torno a la problemática contemporánea. Sabe que la situación económica es compleja y muy difícil. Quiere infundir optimismo. Sabe que necesita salvar las divisiones internas. Parece estar convencido, no obstante, que los males económicos y sociales pueden ser erradicados por los gobiernos. En ese sentido, no rehuye la responsabilidad que asume con el cargo.

Ahora bien, plantea objetivos que parten de premisas discutibles. La salud, nos dice, es un “derecho” de todos. Pues no estoy tan seguro de esa premisa. La salud no puede ser un derecho. La salud requiere de la obligación previa de conducta individual y colectiva que la persiga. No puede reclamar el derecho a la salud aquel que incurra en conducta irresponsable. Reclamamos “derechos”, pero rehusamos aceptar obligaciones y responsabilidades.

La dificultad para articular rumbos proviene, en buena medida, de las cadenas verbales que nos aprisionan. Los clichés y los “slogans” se convierten en cadenas que aprisionan el pensamiento. De ahí la necesidad de pensar muy bien el “slogan” porque frecuentemente se utiliza con el fin de establecer lo estipulado y evitar confrontar las premisas. Es una conocida técnica del debate.

La “creación de empleos” constituye un objetivo que los políticos han convertido en solución. Las frases construidas para la campaña electoral nublan el entendimiento. Los puestos de trabajo responden a la inversión. La inversión responde a las necesidades y oportunidades que transmite el mercado. La expansión de la capacidad productiva es la que posibilita y limita la creación de puestos adicionales de trabajo. Esa expansión depende de la riqueza acumulada. Es decir, del capital.

El gobernador reconoce en su discurso, por fin, que es necesario crear “riqueza”. Le da trabajo decirlo y lo matiza con condiciones. Si, le da trabajo. Pero lo admite. Es un buen comienzo. Espero que no lo olvide. Espero que las inevitables y potentes fuerzas políticas no le obliguen a olvidar muy pronto que sin ese ingrediente no podrá alcanzar el resto de los objetivos. La expansión de la capacidad productiva, de la cual depende la creación de puestos de trabajo, dependerá de la riqueza.

Recordemos que la riqueza es un acervo. El ingreso, por el contrario, es un flujo. Del flujo de ingresos se nutre el ahorro. La creación de riqueza se produce como resultado del ahorro y del rendimiento de las inversiones. Cuando el proceso de acumulación se demoniza, y a los que la crean se les persigue, el capital huye. Entonces la producción retrocede, la economía se reduce a la distribución para el consumo. La inmediatez reina y el futuro se reduce al próximo momento. Al ahora. Al aquí. Ahora bien, la trascendencia del ser humano y de la sociedad de la que forma parte depende, no obstante, de su disposición al sacrificio. Es decir, a esperar, a postergar la satisfacción inmediata en aras de un futuro mejor, más completo, de mejor calidad de vida.

Es necesario que el discurso político vaya cambiando para lograr su adaptación a las realidades. La falta de imaginación y la vagancia mental hacen que los “slogans” aprisionen el pensamiento. Los líderes tienen, como deber primario, ayudar a romper cadenas conceptuales. Cadenas que se han convertido en frases. Frases que no se cuestionan, pero que nublan el entendimiento. Nubes grises que nos limitan en la necesaria tarea de identificar las salidas de la trampa en que nos hemos metido.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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