Mando y Control

Mando y control. Esas dos palabras definen la utopía de la economía socialista que ensayó la Unión Soviética. Se trata del modelo de organización económica que responde en la producción y en la distribución de lo producido a decisiones tomadas centralmente por burócratas y técnicos del Estado. La producción responde, en ese modelo de organización, a órdenes emitidas por los burócratas. Esas órdenes responden, en teoría, a señales que son detectadas por vía del control ejercido centralmente e interpretadas por los técnicos.

En el modelo de organización socialista el mercado se sustituye por el control ejercido por los burócratas. Los precios no responden a la oferta y la demanda, sino a las directrices establecidas centralmente.

La experiencia histórica con el modelo socialista de organización de la producción ha sido catastrófica. El sistema no ha funcionado en ningún sitio. Hoy sólo dos países perseveran con su aplicación parcial: Corea del Norte y Cuba.

A pesar de experiencia histórica, todavía hay quienes abogan por un grado creciente de intervención de los gobiernos en los mercados. La justificación se plantea en términos de la necesidad de velar por los desequilibrios que se producen en los mercados cuando estos fallan. Otro argumento que busca la justificación de la intervención estatal en los mercados está basada en valores que trascienden la eficiencia de los mercados. Se trata de elementos de justicia social.

No hay duda que los mercados fallan. El capitalismo se caracteriza por un comportamiento cíclico que produce excesos. Los mercados capitalistas requieren cierto grado de intervención del Estado por vía de la reglamentación para asegurar un grado de estabilidad que aminore los excesos cíclicos. De esto último tampoco hay dudas.

Claro, establecer el grado de intervención y reglamentación no es un problema trivial ni fácil de lograr. Así como los mercados fallan, también fallan los sistemas de reglamentación y los mismos gobiernos.

Estas realidades definen un ambiente inestable e incierto. La incertidumbre y la complejidad son definitorias de nuestro modelo de organización social. De hecho, la incertidumbre es el precio que exige un sistema en el que el derecho del individuo ha de ser garantizado frente al Estado. Es el grado de libertad individual el que se juega diariamente en la lucha que se da ininterrumpidamente entre el Estado interventor y la libertad individual.

La tensión entre el Estado y el individuo está arbitrado en nuestro sistema de organización de gobierno por la constitución. Esa ley que gobierna al gobierno es el instrumento que limita al Estado y le mantiene a raya. Esos limites garantizan los derechos del individuo y de los ciudadanos frente a su gobierno. La constitución establece reglas que hacen posible establecer acuerdos o contratos. Contratos que adquieren fuerza de ley entre las partes. La constitución establece un campo sin ventajas. En ese ambiente los precios actúan como señales que permiten alcanzar equilibrios entre oferta y demanda.

La intervención del Estado en los mercados, vía reglamentación, se justifica especialmente en casos en que las actividades de producción o consumo producen externalidades. Las externalidades obligan a otros a acarrear costes de los que no son responsables. Dos ejemplos de externalidad son: la contaminación generada por actividades mineras; y el daño atribuido al humo exhalado por fumadores e inhalado por terceros.

Los políticos tienen una propensión muy grande para intervenir los mercados independientemente de si están o no funcionando bien. Con el pasar del tiempo, la intervención del Estado va haciéndose insoportable. Los mercados se atrofian o dejan de funcionar. De hecho, pueden funcionar de manera totalmente perversa y bizarra. No hay sistema perfecto.

Aunque no hay sistema que pueda reclamar perfección, el sistema de mercado tiene una capacidad para permitir la asignación de recursos más eficiente. Mucho más eficiente que un sistema al mando de burócratas. Por eso, es necesario mantener al gobierno a raya. De esa forma, la reglamentación puede actuar con daño tolerable y la inestabilidad inherente al mercado se da dentro de limites aceptables.

Lo que no es tolerable es el regreso a un modelo de mando y control que aún pretende hacer aquello para lo que ya demostró su incapacidad.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
This entry was posted in Economics and tagged , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply