La Experiencia del Gobierno Como Empresario

La historia nos ofrece lecciones que los ideólogos políticos se niegan rotundamente a estudiar. Desde temprano en la década del 1940, el duo de Luis Muñoz Marín y Teodoro Moscoso se dio cuenta que el gobierno es incapaz de administrar entidades productivas. Luego de nacionalizarlas, el gobierno salió de sus fábricas de cartón, botellas, cemento y cerámica. Estas fueron adquiridas por los hermanos Ferré. El éxito de esta familia en la industria es materia de conocimiento público.

Eventualmente, el gobierno nacionalizó las centrales de producción de azúcar. Eventualmente, se vio obligado a salir de todas. No obstante, el coste de esa aventura fue enorme.

A principios de la década del 1970, como resultado del descalabro producido por el embargo impuesto por los países árabes exportadores de petróleo, el gobierno invirtió en refinerías de petróleo y en operaciones petroquímicas. ¡Perdió hasta la chaveta!

Durante la gran crisis económica de esa década el gobierno advino a ser dueño de todos los hoteles de Puerto Rico. Salir de ellos representó grandes pérdidas.

Las convulsiones que se sufrieron en Puerto Rico a raíz de la crisis económica de las décadas del 1970-80, avivaron el fuego de la opinión pública y el clamor por la intervención del gobierno. El gobierno actuó a pesar de las protestas del sector empresarial. El gobierno compró navieras, el monopolio telefónico que operaba en Puerto Rico, organizó un negocio de supermercado al que llamó almacén de línea completa e intentó controlar precios. En eso de control de precios se llegó a extremos verdaderamente increíbles. Se sometió a control el arroz, el bacalao, la manteca de cerdo, el pollo, el pan, el café y hasta la gasolina.

El gobierno ensayó la intervención como productor en industrias novedosas. Por ejemplo en el arroz y en vegetales. Lo hizo también en áreas en que los gobiernos socialistas de entonces entendían que era natural hacerlo.

Así pues, el gobierno entró con fuerza en la industria de la vivienda. Construyó caseríos (hoy llamados “residenciales”) y luego trató de administrarlos desde una agencia de gobierno.

En el área de infraestructura, baste decir que el gobierno controló los puertos de mar y de aire, las carreteras, el transporte público en el área metropólitana y la conexión con las islas municipio.

En términos geográficos, la intervención del gobierno en la industria de servicios médico-hospitalarios fue arropadora.

En todas las instancias de intervención directa, el gobierno demostró, sin lugar a dudas, un fracaso absoluto. No obstante la indiscutible evidencia, todavía existe una fuerza que impulsa a los ideólogos y políticos a considerar la injerencia del gobierno en áreas para las que no tiene capacidad.

La intervención del gobierno, desde mitad del siglo pasado, por vía indirecta ha sido descomunal. Por ejemplo, los subsidios a la agricultura, a la ganadería, a la avicultura, a la construcción, a la manufactura y a distintos sectores de la industria financiera, ha sido enormes. De hecho, la inoperante estructura de más de 130 agencias de gobierno que tenemos que soportar hoy es el remanente de la tendencia de intervenir para resolver cualquier problema por vía de la creación de una agencia pública encargada de subsidiar algún sector económico o social.

La influencia de los programas federales ha sido determinante sobre la filosofía de intervención. El programa de cupones para alimentos sirve como ejemplo perfecto. A raíz de programas de esa hechura, el gobierno se ha convertido en agente estimulante del consumo y de las importaciones para su satisfacción.

El gobierno ha tratado de hacerlo todo. Todo lo ha hecho mal. No obstante, ésta sociedad le pide que lo haga todo. Y mientras sea consumo, trata. Lo que no puede hacer de forma alguna es producir.

Recuerdo una película de Clint Eastwood en la que su personaje, el detective Harry Callahan, le dice a un bandido: “A man has to know his limitations.” El gobierno haría bien en recordar ese consejo.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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