El Tesoro Escondido

Comentario de Elías Gutiérrez a un discurso presentado por el Presidente de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Manuel J. Fernós, en el Noveno Diálogo de Infraestructura Sociomoral: “Justicia Económica: hacia una economía solidaria a través de la educación”.

El problema económico y la ciencia de la economía tienen su origen en una simple realidad: los bienes y los recursos son limitados, pero las necesidades de los seres humanos no aceptan límites.

El liberalismo democrático ha convertido a los gobiernos en interventores que alteran la distribución de todo lo producido y lo necesario para la producción. Dicha intervención se predica en nombre de la justicia.

No obstante, el gobierno, por su propia escala, se ha tornado contra la sociedad que debe servir. Es un enjambre que vive con el único propósito de perpetuarse y crecer. Crece alimentándose de escasos recursos producidos por sectores que son cada vez más pequeños y vulnerables. Esa dinámica reduce el potencial de producción, mengua la capacidad para añadir valor a la economía y, eventualmente, reduce el estándar de vida. La situación resultante debiera colocar en un segundo plano de prioridad la distribución del producto. No obstante, el sistema político organizado en derredor de partidos y grupos de interés especial, lo hace imposible. El populismo y la demagogia cunden y empañan el entendimiento. Mientras fue posible, el gobierno recurrió a incurrir en deuda para mantener el gasto, el ingreso y el estándar de vida reflejado en el consumo. No obstante, todo tiene un limite. Estamos sobre la raya de la cancha. Hemos llegado al límite. La ecuación de la justicia ahora incluye el descargue de responsabilidades entre generaciones.

Nuestra economía exhibe una estructura dual. Por un lado, un sector productivo relativamente pequeño y, en buena medida, dependiente del sector público. Por otro lado, un sector de gobierno que padece de elefantiasis. En las sombras, opera y crece aceleradamente, un sector informal subterráneo y criminal. ¿Cómo alcanzar la justicia dada la condición actual?

La teoría del desarrollo económico que le debemos, entre otros, a Sir Arthur Lewis, a John C.H. Fei, y a Gustav Ranis, identifica una fuente de recursos atada al sector agrario que encierra el potencial de ser la clave para viabilizar el proceso de industrialización. El excedente laboral que languidece en el sector improductivo de una economía dual, estructurada en torno a un sector agrario grande y a un sector urbano industrial pequeño, es la clave para iniciar un proceso de industrialización.

El peso de gravedad de una economía dual se desplaza hacia el sector industrial cuando la mano de obra del agro, donde su productividad marginal es negativa, emigra a los centros urbanos industriales. La mano de obra es transferida al sector industrial, donde su productividad marginal es alta y positiva. Dado que su contribución a la producción agraria es negativa, cuando la fuerza laboral abandona el agro y se traslada a la urbe industrial, aumenta el producto del agro por su ausencia y contribuye a incrementar el producto industrial con su presencia. Ese doble efecto produce un excedente agrícola. El excedente constituye un ahorro que, canalizado por el sector financiero, posibilita la inversión y la acumulación de capital en el sector industrial. De esa forma se dispara un proceso descrito como “circulo virtuoso” y eventualmente se adviene a la transformación de la sociedad agraria en una industrial urbana.

Puerto Rico se encuentra hace décadas en otra disyuntiva. Luego de un proceso exitoso de industrialización, urbanización y creación de una clase media, su economía empantanó. Hoy día, retrocede y se contrae. La atrofia de sus instituciones resulta ya evidente.

En vez de un sector agrario, donde la productividad marginal de la fuerza laboral es negativa, Puerto Rico desarrolló un desproporcionado sector de gobierno con esa misma característica. De ahí que, cuando se reduce el insumo laboral en el gobierno, aumenta el valor y la calidad de lo que intenta producir. Este fenómeno se ve con alguna claridad en las corporaciones públicas y en las agencias en que los sindicatos han llegado a dominar a la gerencia. Un buen ejemplo lo ofrecen las huelgas en las corporaciones de acueductos y energía eléctrica. La reducción forzosa de los empleados aplicados a sus tareas no reduce el producto, a menos que se incurra en actividades de sabotaje.

La condición de dualidad que caracteriza a nuestra economía brinda una oportunidad. Emulando la economía agraria que rompe con el estancamiento y arranca hacia el proceso de industrialización, aprovechando el excedente producido por el sector agrario como resultado de la emigración de la fuerza laboral a los centros urbanos industriales, así podemos provocar un cambio en la situación actual. Ese cambio requiere que el sector gobierno se reduzca en la escala con que absorbe todo tipo de recursos. En la medida que lo haga, dado que la productividad marginal de todos los recursos es ya negativa en el sector público, se generaría un flujo de ahorros que acumularía capital suficiente para disparar un proceso de alta productividad.

La conversión del excedente agrícola en capacidad industrial es la función del sector financiero. En el caso de la estructura de nuestra economía, el sector público genera mayormente un flujo de servicios. La conversión del excedente es más difícil. Habrá que comenzar con las empresas públicas que generan producción para la que ya existen mercados. Por ejemplo, energía y agua.

Sin ese disparo de productividad no será posible escapar de la jaula de la dependencia en que hemos quedado atrapados por un gobierno que nos asfixia por su tamaño. No es posible distribuir lo que no se produce. Antes de alcanzar la justicia social por vía de la redistribución es necesaria la eficiencia en la producción.

El resultado del esfuerzo que se realiza por vía de la conjunción de la actividad humana aplicada con capital, tierra, gerencia y otros insumos es lo que llamamos productividad. El crecimiento de la productividad es lo que determina el estándar de vida. Esta sociedad nuestra ha perdido de vista que el objetivo de la organización social que conocemos como “la economía” es la producción. Por el contrario, en una confusión total la sociedad parece haber entendido que el objetivo de “la economía” es el consumo ahora.

Peor aun, el consumo de lo que no produce. Es cierto que en última instancia la producción se realiza para satisfacer necesidades de consumo. Pero en el corto y en el mediano plazo es indispensable producir y acumular recursos que permitan producir más y elevar la calidad de la producción.

La productividad de la economía depende del conocimiento y de la tecnología que se incorpora a los procesos de producción. Nuestra economía ha perdido la capacidad de aumentar su productividad y añadir valor a la economía del mundo. Ello ha ocurrido en la medida en que el sector público se ha convertido en un redistribuidor de ingresos y riquezas. En nombre, precisamente, de la justicia social, el incentivo para ahorrar y aplicar los ahorros a la acumulación de capital productivo ha ido menguando consistentemente. Para empeorar la situación, los activos que el país ha acumulado son relativamente improductivos. El mejor ejemplo de esa asignación ineficiente del capital es el enorme acervo de viviendas.

Aquí encontramos el verdadero problema económico contemporáneo. Y resulta que es un problema político. A través del tiempo el gasto público se ha transformado. El sistema político ha convertido gran parte de las transferencias que el gobierno utiliza para redistribuir los ingresos y riqueza en lo que en ingles llaman “entitlements”. Son transferencias que las personas reclaman con el derecho de titularidad. Es decir, las personas se sienten dueñas de una tajada del gasto público que crece sin control. Todo esto se ha hecho en nombre de la “justicia social”. Se ha tenido que recurrir a ese concepto porque la ciencia económica nunca ha resuelto el problema de la distribución. La eficiencia en la producción se logra cuando el criterio es la productividad marginal de los factores que intervienen en el proceso productivo. Si a cada factor de producción se le remunera concorde a su productividad marginal, el producto justamente se agota. En la medida que la distribución no responda a la regla del criterio de productividad marginal, la explotación es inevitable. Hasta aquí nos trae la teoría económica. De ahí en adelante es necesario recurrir a la moral o a criterios superiores.

Los programas llamados sociales, por vía de transferencias, constituyen la tajada del gasto federal que crece a mayor velocidad, absorbe ahorros y disminuye la productividad. Por lo tanto, a la larga, las transferencias reducen el estándar de vida. No es posible distribuir más, si se cuenta con menos. Independientemente de los eslóganes que fabrican los publicistas. En otras palabras, la dependencia crónica en la asistencia social es contraria a la “justicia económica” que desea alcanzar el Presidente Fernós a través de la educación.

La educación puede servir de lubricante para que los recursos, que están siendo malgastados en el sector de gobierno, se puedan trasladar al sector productivo de la economía. De esa forma se podrá utilizar el tesoro escondido en el sector público improductivo. Puesto en palabras del economísta, para que la productividad marginal de los recursos se eleve y pueda sostener el crecimiento de la producción y el estándar de vida, hay que rescatarlos del sumidero en que se encuentran atrampados.

El Presidente Fernós hace la pregunta retórica: “¿Cuándo nos descalabramos? Pues nos descalabramos cuando, año tras año hemos distribuido lo que no hemos producido. Este país ha tratado de explotar a su clase media y al gobierno federal.

Vaya usted a explicarle esto a la gente. Le aconsejo que lo haga desde dentro de un tanque de guerra.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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5 Responses to El Tesoro Escondido

  1. Myrisa says:

    Explotar al gobierno federal es explotar a los contribuyentes de EEUU.

  2. J. Alejandro Amoros says:

    100% de acuerdo con esa radiografia

  3. Y más aun, se ha querido justificar lo de las transferencias federales a los pobres con la perversa idea de que ellos – los federicos – nos “quitan” más de lo que nos dan. Se refiere, a las famosas compañías foráneas que están en PR. Sin quitarle los méritos a los que argumentan que esas empresas pagan bajos impuestos en PR, la equivocación es pensar que los intereses de una transnacional son los mismos de los del pueblo estadounidense o, inclusive, el gobierno federal. Mientras tanto, la música de las transferencias federales sigue. ¿Y qué cuando los federales se cansen y corten presupuesto para acortar el déficit, de las misma manera que eliminaron las 936 para acabar el mantengo corporativo y cuadrar el presupuesto federal? PR ha vivido en una burbuja, y como siempre, inflada por el gobierno, distribuyendo riquezas que no producimos ni merecemos. Aunque no comparto que, ni siquiera cuando PR se convierta en un país rico, tengamos un estado benefactor gigantesco, estoy de acuerdo con Manuel Fernós con que lo menos que debemos hacer antes de crearlo es volvernos una Isla de productores, no de consumidores. Y para eso hay que ahorrar e invertir. Nadie quiere hacer lo primero por el acceso al crédito fácil – sospecho que el FED tiene que ver con esto – y lo segundo es imposible sin lo primero. Mientras tanto, el gobierno de PR solo interesa de buscar maneras creativas de quitarle dinero a la clase responsable y productiva para redistribuirla y arreglar los desastres que el gobierno mismo creó. No me sorprende que se sigan yendo los profesionales. Yo, con mucho dolor en el alma, puede que sea uno de ellos cuando culmine mis estudios.

  4. Pedro Perez says:

    @Edgar,

    Of course it is the FED’s fault that there is such easy credit. Where else would it come from if it wasn’t through the FED (at least inside Puerto Rico). Almost no other country is heavily investing inside Puerto Rico. Most, almost all?, foreign investment inside Puerto Rico is made by American companies. Nothing wrong with that, per se. But, yes, all of those companies carry with them piles of cash. Mainly because they are profitable, but also because it is so easy to use cheap money (FED). I can’t wait for the time when the FED starts to reverse its QE policy. Oh boy, watch out. There is a securities bubble (stocks) and it will pop very nicely. Current stocks are overpriced, mostly due to cheap money from the FED.

    Easy money from the FED, leads to almost zero return on savings, so capital moves to higher return investment vehicles, hence stocks have climbed so much as of late.

    Last, but not least important, the risk for inflation is there. I call it “potential inflation”, to borrow a term from physics. The Chairman (Bernanke), claims that he has all of the tools to suck up the extra liquidity in time when the economy heats up. We will find out soon enough. In the meantime, those of us who save (to invest, retire, etc) are getting nothing for our money. Sad day.

    Economics is all about incentives, and right now, they are all messed up.

    Hasta la proxima,

  5. Edgar A. Morales Márquez says:

    @Pedro

    La disonancia cognoscitiva está latente en un público que se pregunta: ¿cómo es posible que haya recesión cuando los centros comerciales están llenos? Mi contestación mental siempre es el FED y su política de crédito fácil o “easy money”. Y mientras tanto, Wall Street, está borracho. Cuando venga la resaca será fea, súper fea, y este país no tiene la más mínima idea de eso.

    De hecho, tengo un mejor amigo con quien comparto estas paranóias económicas, y todos los días le recuerdo que la inflación ya viene de camino. El QE4 ya está inyectado en las venas del sistema financiero. Hay pilas sobre pilas de dinero fácil listo para ser accedido por parte del público, sin que tenga ninguna corelación con la producción del país. Wal-Mart abrió en Santurce, y antes de allí había abierto otro en Toa Baja. Sam’s Club plantó bandera en la Kennedy. Si una crisis fiscal es una pesadilla, imagínate una crisis monetaria (o hiperinflacionaria). A diferencia de ti, I can not say I can’t wait to see what happens, especially when the wizard Bernarke begins to tight the money supply, with the subsequent bursting of another bubble.

    See ya,

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