Hora del Llanto y del Crujir de Dientes

Publicada hoy 3 de marzo de 2013 en la Revista NEGOCIOS de El Nuevo Día.

El gobernador de Puerto Rico ha recibido de los funcionarios de mayor jerarquía en el ámbito financiero una clara advertencia. Se trata de la inminente insolvencia del sistema de pensiones de los empleados públicos. Los activos netos del fondo para pagar las pensiones se agotará en cuestión de una docena de meses.

En el pasado, hubo holgura suficiente para esconder la inevitable bancarrota del sistema. Conducta irresponsable que ha llevado a la insolvencia, no solo al sistema de retiro del Estado Libre Asociado, sino que amenaza con arrastrar barranco abajo al gobierno de Puerto Rico.

El gobernador ha enviado a la legislatura un coctel de medicamentos que, de ser convertidos en ley, tienen el potencial de atajar varios males. El primero y más importante es evitar que el mercado de capital se cierre de un portazo en las narices del gobierno de Puerto Rico. Esto ocurriría, porque las agencias que evalúan y clasifican el riesgo que representa Puerto Rico para inversionistas potenciales, están a punto de cumplir con su advertencia y colocar la deuda de Puerto Rico en una categoría que no es presentable en sociedad. Es decir, que los instrumentos financieros con que Puerto Rico obtiene capital prestado no serán considerados como inversiones. Más bien, serán considerados como un billete de la lotería. Con ese golpe el gobierno perdería el acceso a capital, a un coste tolerable. Las consecuencias de esa eventualidad son tenebrosas y no abundaré en ellas aquí.

En segundo lugar, el coctel enviado a la legislatura protege las pensiones que en la actualidad se están pagando. A la vez, reconoce que, lamentablemente, los excesos de legislaturas y ejecutivos irresponsables que añadieron beneficios a las pensiones. Beneficios por los que los pensionados no cotizaron. Esa práctica fue menoscabando los fondos de retiro y ha contribuido a precipitar el “final de Norma”. Ese tipo de “beneficio” legislado se unió a otros que han permitido que funcionarios que contribuyeron con cotizaciones propias de una pensión modelo “Fotingo” se retirasen con pensiones modelo “Cadilac”. Pensiones inmerecidas que menoscaban los fondos y que sólo sirven de ejemplo para ilustrar cómo se ha llegado a esta crisis. Crisis de de un sistema que desde su diseño original no era viable y hoy zozobra abatido por un vendaval de gerencia irresponsable.

No hay que dejar la dinámica demográfica fuera de la explicación del porqué llegamos aquí. Traté de advertir que esta situación era inevitable allá para 1976. Advertí que la población del país envejecía. Que se había estancado en su crecimiento. Simultáneamente, la sociedad se fue acostumbrando a niveles de consumo que no guardan relación con su capacidad productiva. La palabra “producción” desapareció del glosario político. La diferencia entre lo que se producía y lo que se consumía era y es aún cubierta mediante el endeudamiento feroz. Advertí, una y otra vez, sobre las consecuencias de ambos fenómenos. Pero el país siguió como la cigarra de fábula, cantando y tocando el violín.

En la medida que repaso el proceso histórico y gerencial que ha resultado en la insolvencia del sistema que provee para la vejez, siento una gran indignación. Más todavía, es que lo que siento por dentro es una sensación de ultraje. Porque, señoras y señores, de lo que se trata es de un ROBO! Las administraciones de gobierno han efectuado lo que representa el menoscabo de los fondos ahorrados para subsistir durante los años en que más vulnerable es el ser humano.

Ojo, que con calificativo “robo” no me estoy refiriendo a la estrategia mediante la cual el sistema de retiro emitió deuda de largo plazo para levantar capital, pagando un interés fijo, con la esperanza de invertir en valores que probablemente rendirían a tasas superiores. El defecto de aquella medida, dirigida a aumentar el acervo de capital del fondo, consistió en que la deuda original fue respaldada por el fondo del propio sistema. En otras jurisdicciones que optaron por opciones parecidas, el respaldo de la deuda estaba fuera de los fondos de retiro.

Como resultado de aquel error, el fondo de retiro de Puerto Rico tiene que continuar respaldando unos $3,000 millones emitidos en deuda, con una reserva para su saldo. De ahí que el capital neto del fondo se agota en el 2014. Ese año no habrá capital para pagar pensiones. El compromiso del gobierno para con los jubilados se tendría que cumplir con cargo al fondo general.

En caso de que el fondo general, que confronta hoy un déficit estructural de $2,200 millones, no pueda realizar los pagos de las pensiones, mantener la seguridad personal y de propiedad, sostener financieramente el plan de salud de la población indigente y mantener el sistema de educación pública, tendrá que imponer contribuciones inevitablemente.

Los oficiales electos del gobierno han faltado al juramento que hicieron al tomar posesión de sus puestos. Los legisladores, en particular, han sido cómplices irresponsables del escamoteo de los fondos privados aportados por los participantes de los planes de pensiones y por los contribuyentes que aportaron por vía de tributos con que se financiaron las aportaciones patronales. Los partidos políticos han sido cómplices de un despojo monumental del que ahora pretenden quedar impunes y cubiertos por un pesado velo tejido con la complejidad de los números y el vocabulario propio de actuarios y financistas. Imagínese el lector que el gerente de los fondos de pensiones del gobierno hubiese sido un ente privado. Estoy seguro que los políticos estaría clamando por su cabeza.

Por eso confieso que me siento ansioso e inseguro de lo que produzca el proceso legislativo luego de recibir el coctel de medicinas que le envía el gobernador. Las expresiones que hasta la fecha se escuchan venir desde el capitolio, no ofrecen garantías de que allí se esté comprendiendo a cabalidad la naturaleza del problema.

Las medidas que propone el gobernador son necesarias. El que lo intente negar no dice la verdad. Ahora bien, falta aún la otra pared del sandwich. Me refiero a la procedencia y magnitud de la inyección de capital que será necesario aportar a los fondos de pensiones. Esta también será resistida y protestada.

Llegó la hora del llanto y crujir de dientes. Los remedios, inevitablemente serán injustos. Pero todos tenemos cierto grado de culpa. El país se dejó embaucar por una casta política que aún promete beneficios sin sacrificio. Hoy estamos ante la más vulgar y flagrante violación del contrato social que podía haberse fraguado. Otra vez, pagaremos los que seguimos las reglas, los que ahorramos, los que hemos prestado nuestros ahorros al comprar instrumentos del gobierno, los que tributamos, los que nos negamos a trabajar desde las sombras de la economía subterránea. Es decir, los zánganos en esta sociedad de gansos y pilletes. No hay perdón de Dios!

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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One Response to Hora del Llanto y del Crujir de Dientes

  1. Alex Vallecillo says:

    Excelente escrito. Lo mejor que describe la condicion por la cual atravieza la economia y sociedad en Puerto Rico en estos momentos. “Los partidos politicos han sido complices de un despojo monumental”. Es triste. Pero es la realidad. Gracias Sr. Gutierrez por traernos a la realidad.

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