El status y la economía

Son muchos los que opinan que la crisis en que está sumida la economía del Estado Libre Asociado de Puerto Rico se deriva del arreglo particular que define su relación con los Estados Unidos. No estoy de acuerdo.

Puerto Rico explotó con éxito su acceso ilimitado al mercado de los EEUU continentales, así como la entrada a los mercado con los que EEUU ha establecido tratados comerciales. Puerto Rico ha explotado para gran beneficio el acceso que tienen los ciudadanos residentes en la isla a los estados por vía del derecho al traslado y emigración sin barreras. De igual forma, Puerto Rico se ha beneficiado del libre comercio ínterestatal y del libre fluir del capital entre la economía continental y la de la isla. Puerto Rico ha explotado con creces las leyes federales que han establecido excepciones y exenciones a los tributos federales para sus residentes y para empresas de residentes continentales que operan en la isla. Puerto Rico ha tenido el envidiable acceso al mercado de capital al que acuden municipios, ciudades, estados y condados para vender sus instrumentos de financiación. Es decir, acceso privilegiado al mercado de bonos mediante triple exención del pago de impuestos para quienes prestan su capital al ELA y a sus corporaciones públicas. Los residentes del ELA participan de programas federales de carácter social sin pagar contribuciones federales sobre ingreso. La red de carreteras, la universidad del estado, la protección de las costas, fondos para construcción y desarrollo de puertos, aeropuertos, carreteras, infraestructura de producción y distribución de energía eléctrica y otros programas conllevan enormes flujos de fondos con los que la isla ha compensado su escasa capacidad de ahorro. Negar estas realidades requiere cabriolas mentales de las que sólo son capaces los ideólogos.

Puerto Rico ha desarrollado una economía regional, integrada a la economía de los EEUU. La economía de Puerto Rico ha entrado en una profunda crisis. La economía de Puerto Rico no es viable.

No obstante, la crisis de ésta economía es independiente del status político que rige con los EEUU. La crisis que agobia a Puerto Rico tiene sus raíces y su explicación en factores independientes del status que establece las relaciones con los EEUU. Eso no quiere decir que el status no sea fuente de dificultades, de limitaciones, de problemas. Lo que quiere decir es que encontramos otras jurisdicciones en situación de crisis similar a la que sufre la economía de Puerto Rico, aún cuando ninguna de esas jurisdicciones en crisis es un ELA.

La crisis de la economía de Puerto Rico tiene sus raíces en la pérdida de capacidad de producción y en el crecimiento descomunal del sector de gobierno. Un gobierno empeñado en sostener estándares de vida incompatibles con la capacidad de la economía de Puerto Rico. Esto se ha logrado mediante el abuso de los recursos provistos por el gobierno federal, por vía de transferencias, canalizados hacia el consumo. Lo que constituye una gran ventaja de la relación con el gobierno de los EEUU, se ha convertido en una especie de drogadicción que amenaza con destruir la sociedad residente en la isla. La dependencia de la población residente en el sostén que proviene de las transferencias ha corroído la estructura de valores de la población. La ética del trabajo ha dado paso a estilos de vida típicos de lo que se encuentra en los guetos urbanos de las ciudades de norteamerica y Europa Occidental.

La producción, como eje de la actividad económica, dio paso al consumo. El gasto público comenzó a justificarse como elemento necesario para mantener estándares de vida compatibles con economías ricas. Para ello, el gobierno del ELA recurrió al gasto deficitario. Por un tiempo, desafió las leyes de la naturaleza. Al final, llegó la hora de Fausto y con ella, la cuenta por pagar. La crisis financiera rompió la fantasía que permitía vivir más allá de los medios a una población malcriada y engreída. La crisis económica se convirtió en crisis política. Para complicar el cuadro, todo llegó al cenit en el momento en que el sistema financiero mundial entraba en una de las más profundas y destructivas crisis de su evolución histórica. Las grandes empresas organizadas como bancos de inversión caían como moscas en cuestión de horas desde que los rumores de insolvencia comenzaban. Bear Stearns, Merrill Lynch, AIG, General Motors, Citibank, todo se venía abajo. Los bancos europeos comenzaban a tambalearse. La lista de jurisdicciones en bancarrota parecía propia de una película. California, Illinois, Detroit, España, Islandia, Italia, Portugal, Grecia y, finalmente, los más débiles, como Chipre.

El común denominador de esta epidemia de insolvencia se hizo evidente. Todos habían vivido por encima de sus medios. Todos habían mentido en lo relativo a su capacidad. Todos habían participado de una gran fiesta y había llegado la hora de pagar la factura. Puerto Rico no fue excepción. La financiación creativa que creo la “deuda extra constitucional” encontró su limite. Standard & Poor’s degradó la clasificación del crédito de los EEUU. La degradación de la clasificación del crédito del ELA era, por lo tanto, inevitable. Ya no podía obviarse la insolvencia de los planes de pensiones del gobierno central. Ya no podía obviarse la enorme proporción de la deuda del gobierno y sus corporaciones en relación con sus activos. Ya no podía esconderse que el país había creado un gobierno insostenible e incosteable. Este país nuestro no consume para vivir, más bien vive para consumir. Lo dice la música popular: “el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Los tiempos en que la producción era el propósito del esfuerzo del trabajo habían sido abolidos. El consumo era suficiente como actividad de “producción”.

Cuando el sistema dejó de sostener los estándares, la economía subterránea se encargó de llenar el vacío. El narcoestado asomó su grotesca cara de detrás de la cortina. Hubo que pedir auxilio a los EEUU. Los federales entraron en acción. Igual que en la frontera sur de los EEUU continentales. Igual que en la frontera de México con Guatemala. Ninguna de las jurisdicciones mencionadas aquí es un ELA, excepto Puerto Rico.

Los que culpan al ELA de la crisis económica aducen a una supuesta “falta de poderes”. ¿Poderes para qué? Generalmente, la explicación se traduce en la capacidad que tienen los países independientes para establecer tarifas, barreras arancelarias y para entrar en acuerdos de libre comercio. El ejercicio de esos “poderes”, no obstante, sólo ha traído malas consecuencias. El mundo ha entendido que el beneficio se logra cuando no hay barreras al comercio, cuando el capital puede fluir libremente en un mercado mundial, cuando los ciudadanos pueden trasladarse libremente y aprovechar el gran mercado laboral que generan los continentes, cuando los individuos son libres para inventar, innovar y desarrollar sus talentos sin la intervención de burócratas ignorantes. Piense usted en la última ocasión en que se vió forzado a lidiar por teléfono con un burócrata del plan médico empeñado en negar una autorización para un examen ordenado por su médico.

No, nuestra crisis no tiene su origen en los EEUU y nuestra relación con ese gobierno. No, el origen de nuestra crisis somos nosotros mismos.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
This entry was posted in Economics, Government and tagged . Bookmark the permalink.

2 Responses to El status y la economía

  1. Carlos Padilla says:

    El modelo económico de Puerto Rico de 1940 a 1970 no dependía de la sección 936. Dependía de salarios bajos y de la exportación de la población hacia el continente. Ningún país del mundo se podía dar el lujo de enviar la mitad de su población a los Estados Unidos. Pero a medida que la gente se iba, la mano de obra escaseaba y los salarios tenían por necesidad que subir. Para mantener los costos laborales bajos y continuar aumentando los niveles de vida era necesario aumentar la productividad del trabajador. (Si W = salarios y Q = producción, entonces era necesario incrementar la Q para que el costo laboral por unidad, W/Q bajara.)
    Para aumentar la productividad era necesario aumentar la inversión de infraestructura y la inversión en educación y para eso era necesario aumentos en las recaudaciones tributarias. Pero éstas estaban vedadas como resultado de la política de exención contributiva como panacea para todos los problemas económicos de Puerto Rico, que dicho sea de paso, es misma tesis de los republicanos en Estados Unidos empeñados en destruir el legado de Rooselvelt del estado bienestar.
    Al advenir la crisis del petróleo en el 1973, precisamente porque Nixon les estaba pagando a los árabes con dólares devaluados, el mundo incluyendo Puerto Rico, entró en un período de recesión y de inflación simultáneos desconocido en toda la historia económica. Se desacreditó la teoría keynesiana de John Kenneth Galbraith y cogió auge la teoría del supply side economics que Bush padre calificó de voodo economics en las primarias republicanas de 1980 pero que luego abrazó cuando Reagan lo escogió para vicepresidente. (No new taxes, read my lips.)
    En medio del desastre de 1973, Hernández Colón les subió los impuestos a los trabajadores para pagar los bonos y se buscó la manera de bajárselos más al capital. La 936 no es más que una estafa al Tesoro de los Estados Unidos a través de las cuales las compañías multinacionales reportan sus ganancias en Puerto Rico para escapar tributación en los Estados Unidos, con el resultado de que cada empleo que las farmacéuticas crean en Puerto Rico le cuesta al Tesoro Federal más de $100,000. Los grandes beneficiarios del esquema eran las grandes corporaciones multinacionales y la oligarquía de Puerto Rico lo cual dejaba el problema de fondo, la falta de infraestructura y de educación, sin resolver.
    Como el PNP es otro partido popular más que usa la estadidad para llegar al poder para luego defraudar, no sólo al gobierno local sino al gobierno federal también, sus esfuerzos se centraron, no en buscar la estadidad, sino en gestionar más fondos federales que se convirtieron en el motor de la economía de Puerto Rico a medida que ésta perdía competitividad en los mercados internacionales.
    Finalmente, cuando ya no quedaban más programas federales que atraer a Puerto Rico, se recurre a la deuda. Durante los años 90 comienza un período de aumento en la productividad en Estados Unidos como resultado de las nuevas tecnologías del Internet y Roselló empieza a aumentar la deuda para invertir en obras como la del tren urbano. Pero en el 2000 estalla la burbuja del Internet, Estados Unidos entra en una nueva recesión y Sila, con el visto bueno del presidente Bush hijo, inaugura una nueva etapa de endeudamiento nunca antes visto en la historia de Puerto Rico. El resultado de la guerra santa de Sila y Aníbal contra la estadidad fue darle el coup de grace al sistema de retiros y sepultar la economía de Puerto Rico. El legado de esta dupleta fue un impuesto regresivo más a los trabajadores, un déficit de 3,000 millones y una tasa de endeudamiento de 100×100 de PNB. En el mundo feudal de Puerto Rico, la exención contributiva a los capitales y a la oligarquía es un derecho divino de Dios.
    Puerto Rico está atrapado en un modelo económico y político que no responde al mundo globalizado de hoy. Puerto Rico tiene dos salidas: o fortalece su nacionalidad implementando una moneda nacional o fortalece su relación con los Estados Unidos completando su unión fiscal. La alternativa es un deterioro económico tipo gueto que sólo beneficia a los evasores donde y donde lo racional, para los demás, es emigrar.

  2. Pedro Perez says:

    Puerto Rico needs someone to run on a platform like this. The PLP. The Puertorrican Libertarian Party. Ron Paul tried to do it in the US, but his audience was limited. The movement is growing, but we still have a long way to go before the masses, yes, even here in the US, truly understand the ramifications of everything you have described above.

    I have no idea how anything close to that movement can ever emerge in Puerto Rico. I get the feeling the intellectuals capable of making the fight, have no interest in politics, hence nothing happens.

    Last, whomever chooses to pursue such a project, will have to be a great educator. He will have to educate a large percentage of the population in conceps such as freedom, economics, and entrepreneurship. That is not going to be easy.

    It will happen, but when? Sometimes I wonder if the environment is ripe for something like that. Until then, what?

Leave a Reply