LA FIEBRE NO ESTÁ EN LA SÁBANA

(Publicada hoy en la sección NEGOCIOS del Nuevo Día, páginas 56-57)
La Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) “se reformará desde adentro”. Eso nos ha dicho el gobernador en una expresión de absoluta fe e ilimitado optimismo.

No lo creo probable. Con el pasar del tiempo, la AEE desarrolló una cultura propia que le hace imposible encaminar una reforma real y en dirección correcta.

Una vez cumplida su misión original de electrificar a un país rural, la AEE adoptó una estrategia que requiere la expansión continua de su escala de producción. La AEE optó por construir plantas generatrices de gran tamaño y ubicadas mayormente en el sur. La expansión de la escala reducía el coste promedio. La dominación monopolística del mercado generaba ingresos suficientes para cumplir con el servicio de la deuda y con los gastos que imponía la legislatura.

La aplicación de tecnología basada en petróleo barato entronizó la ineficiencia en todos los ámbitos de nuestra economía. La expansión de la torta suburbana de la isla mantenía en crecimiento la demanda residencial y comercial de energía eléctrica. La expansión del sector industrial petroquímico en el sur de la isla expandió la demanda. La AEE estimulaba el consumo de electricidad por todos los medios a su disposición, incluyendo concursos de alumbrado durante la época navideña.

El poder de mercado de la AEE se fundamenta en que es un monopolio. El excedente que generaba se distribuía entre dos receptores principales: 1) los municipios y otros entes receptores de subsidios; y 2) una plantilla obrera sindicada que logró beneficios descomunales, al compararse con su productividad marginal.

RECHAZO AL CAMBIO. Por décadas, la gerencia de la AEE ha rechazado toda sugerencia de cambio en su estrategia. En particular, la AEE rechazó todas las propuestas dirigidas a propiciar un patrón racional de consumo de la energía eléctrica. Por ejemplo, la adopción de escalas de precios que variara de acuerdo con la hora del día en que se realiza el consumo. Esa fue una de las propuestas que he sugerido desde la década del 1970. El sistema le ofrece al consumidor la oportunidad de optimizar su presupuesto consumiendo menos a las horas donde la demanda y el precio son más altos. A la AEE dicha opción le ofrecía la oportunidad de reducir el consumo del combustible más caro. El que es utilizado por las plantas que se activan a la hora pico de la demanda.

La AEE rechazó establecer el coste marginal como referente a sus tarifas. Es decir, lo que le cuesta producir un Kilovatio-hora (KWH) adicional. Bajo condiciones de expansión de capacidad, el coste marginal es inferior al promedio. De ahí que la ley federal obliga a la AEE a comprar energía a los cogeneradores a razón del “avoided cost”. Precisamente, el coste que la AEE deja de incurrir al no producir la última unidad de energía y comprándola a otro. No obstante, así se desvelaba su estructura de costes marginales. Resultaba más cómodo continuar expandiendo la escala.

En síntesis, la gerencia rechazaba todo lo que conllevara la reducción en el ingreso bruto que producen la estrategia de precios y la condición de monopolio. La gerencia plantea que la ley le ordena cubrir todos sus costos. Como los coste marginal es más bajos que el coste promedio, al establecer el precio a base del coste promedio se genera un excedente que paga el consumidor cautivo.

Todavía recuerdo la reacción de la AEE cuando propuse que se conectase la red de distribución de Puerto Rico con la de la República Dominicana por medio de un cable submarino. Allá se estaban construyendo unidades hidroeléctricas capaces de producir energía eléctrica a bajo costo. Puerto Rico podía suplir energía durante las horas en que la demanda es baja y comprar a mejor precio la producida por las hidroeléctricas cuando la demanda alcanza el pico. El gobernador Hernández Colón pidió una reacción a la AEE. La respuesta se recibió en un conciso memorado. Mi propuesta, según la oficina de planificación de la AEE no era viable. ¡El cable submarino podía provocar un corto circuito!

La condición de monopolio le ha permitido a la AEE establecer la oferta de energía eléctrica y el precio al que la vende. Pero el monopolio con el tiempo se ha convertido, además, en monopsonio. Es decir, no sólo es el único vendedor de electricidad, sino que es el único comprador de energía eléctrica producida por otros. Por vía de esa condición pretende establecer las condiciones de compra y racionar la producción de energía por fuentes alternas.

De hecho, la AEE estimula el consumo de electricidad porque le conviene a su estrategia de negocio. Dado que factura con el coste promedio como referencia. De esa forma cubre los costos propios y los impuestos por la legislatura. Subsidios disfrazados como “pagos en lugar de impuestos”.

SE ACABÓ EL TIEMPO. En los EEUU la energía eléctrica es suplida por empresas públicas y privadas sujetas a reglamentación por comisiones de servicio público. Las comisiones tienen como responsabilidad primordial que las tarifas cubran todos los costes de las empresas. Uno de esos costes es la ganancia. De ahí que las tarifas buscan garantizar un rendimiento razonable a la inversión de capital.

Contrario a lo que piensan algunos, las comisiones de servicio público velan, primordialmente, porque las ganancias de las empresas proveedoras sean suficientes. De esa manera, se intenta proteger la industria de la intervención política, y al consumidor de los excesos del suplidor. La intervención puede resultar en la expropiación de los excedentes logrados por vía de la eficiencia operacional de las empresas.

La creación de una junta que reglamente la industria de generación y distribución de energía eléctrica en Puerto Rico ha sido propuesta por el gobernador con el objetivo de reducir el precio de la electricidad suplida por el monopolio-monopsonio del Estado. Hoy día la AEE establece sus tarifas. La junta que propone el gobernador tendría poderes para establecer tarifas. Los analistas del mercado de capital ven esta propuesta con recelo.

El monto de la deuda de la AEE asciende a unos $9,000 millones. La deuda está garantizada por los ingresos. La AEE está sujeta a las condiciones contratadas con sus bonistas para garantizar el pago a tiempo de la deuda. De ser necesario, los bonistas pueden exigir ajustes tarifarios con el fin de generar ingresos suficientes para atender el servicio de la deuda. El conflicto que levanta la propuesta junta es evidente.

La creación de una junta reguladora, con facultad para establecer tarifas, levanta dudas con relación al servicio de la deuda de la AEE. Éste podría quedar en una posición subordinada inferior a la que fue negociada en los acuerdos con los que se vendió la deuda de la AEE. Así lo ha advertido ya una de las agencias de clasificación de riego.

La intervención de la legislatura en los procesos tarifarios de las corporaciones públicas es recurrente. Los resultados no han sido positivos. La más reciente intervención legislativa forzó a la AEE a establecer una tarifa especial reducida a su mayor cliente, v.gr., la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. Se estima que el costo de ese subsidio monta a unos $50 millones anuales. El establecimiento de la tarifa fija por agua a los residenciales públicos es otro ejemplo de dicha intervención.

Pensar que la AEE podrá reformarse “desde adentro” no es realista. Pensar que los analistas del mercado no alertarán a los inversionistas sobre el riesgo adicional que representa una junta reguladora como la propuesta por el gobernador, es una ilusión.

El precio de la energía eléctrica depende del costo de producción y su distribución. Reducir el precio será posible sólo si se reduce el costo. El componente más importante del coste es el combustible. Para reducir el costo será necesario sustituir el petróleo por gas natural. Para distribuir el gas son necesarios los gasoductos.

Las ideas que se han lanzado para lidiar con el descarte de los gasoductos no son viables en el mediano plazo. El siguiente dato será suficiente para recapacitar. Los EEUU continentales cuentan con diez puertos capaces de manejar gas natural. Nosotros, en una isla, pretendemos construir y operar cuatro!

No hay tiempo para el diseño, estudios de impacto ambiental, permisos y construcción. Además, ¿de dónde saldrá la financiación? Se acabó el tiempo. ¡El juego terminó!

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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4 Responses to LA FIEBRE NO ESTÁ EN LA SÁBANA

  1. Alex Vallecillo says:

    Excelentes comentarios por el Dr. Gutierrez. No podemos esperar que la PREPA se reforme desde adentro. Esta sumergida en un abrazo de conflicto de intereses y otras consideraciones que inhiben cualquier reforma verdadera. Se espero mucho y ahora es ya muy tarde. Hay que empezar de nuevo.

  2. Omar vazquez says:

    Excelente. Nadie escribe de esa manera en la prensa.

  3. JMR says:

    Dr. Gutiérrez, mientras la sana administración y política pública sea sustituída por la politiquería cada día nos hundiremos más. Se gobierna para ganar elecciones, no para el bien común. Así mismo, es ciertísimo que las corporaciones públicas como la AEE han terminado convirtiéndose en entidades que se seban así mismas y lo mismo podríamos decir de muchas otras. A la AEE no le conviene cambiar el esquema actual porque precisamente su propia existencia se ve amenazada si se dan los cambios propuestos. Continúe lanzando sus valiosas recomendaciones aunque no sean del agrado de muchos. Usted podrá estar tranquilo por haber planteado sus ideas cargadas de racionalismo económico.

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