¿Que el Gobierno no es Grande..?

En entrevista telefónica con un reportero de El Nuevo Dia, el Presidente del Senado, Eduardo Bhatia, dice que “…eso de modelo económico…le parece un cliché”. A propósito de esa expresión, me vino a la mente que en agosto de 2011 escribí un prologo para el libro que el CPA Juan Agosto Alicea publicó bajo el título “Crisis: Puerto Rico al Borde de la Quiebra”. Hoy, el diario El Nuevo Dia nos confirma la gravedad e inminencia de una potencial catástrofe. A continuación reproduzco parcialmente el prologo que escribí a petición de Juan para su libro.
……………………………………………………………

Poco a poco, por medio del narrativo de su gestión en el mundo de los negocios y el gobierno, Juan (Agosto Alicea) imparte una lección de interpretación y evaluación del estado de situación del gobierno de Puerto Rico. Nos lleva a la conclusión inescapable de su condición de franca insolvencia. Nos confronta con la inminencia de una pérdida de control administrativo que sería forzada por los acreedores. Para aquellos que están pendientes de los acontecimientos que se desenvuelven en Europa y en algunas ciudades y estados de los EE UU, lo que advierte Juan hace perfecto sentido. Para otros, confundidos por las opiniones de sicofantas disfrazados de “expertise” que utilizan los medios para propósitos ideológicos y partidistas, esta podrá ser una desagradable sorpresa. Pensarán que Juan está exagerando. Pensarán que sus motivos no son genuinos. Cualquier cosa para no tener que confrontar la realidad de la insolvencia a la que los partidos políticos, impulsados por un populismo del que todos padecen, han logrado llevar a la economía de Puerto Rico, al gobierno central, a la gran mayoría de los gobiernos municipales, a un buen número de corporaciones públicas y a los sistemas de pensiones de los empleados públicos.
No, Juan no exagera. Más bien, creo que su optimismo le hace soñar con la viabilidad de un Puerto Rico que escapa a su condición haciendo posible la inserción en la “economía del conocimiento”. Sobre esta esperanza tengo que admitir mi escepticismo. Hemos permitido que el sistema educativo primario y secundario haya fracasado rotundamente. Se ha desarrollado una sociedad que no ha sabido valorar, proteger y cuidar con celo y efectividad su universidad pública. Tenemos un país que ha olvidado que el estándar de vida depende del esfuerzo productivo, no de la asistencia pública. Un país que se enajena con la chabacanería que cunde en los medios. Un país que pierde su juventud en la guerra callejera del gueto y en la huída de sus profesionales. Un país cuya población, en un porcentaje que da vergüenza, es analfabeta funcional. Un país cuyos estudiantes universitarios carecen de destrezas elementales y hábitos de estudio. Que no dominan la lectura, ni la expresión verbal o escrita en cualquier idioma. No, una sociedad con el perfil que describen tales características no cuenta con los requisitos mínimos para incorporarse a la economía del conocimiento. El país no podrá añadir valor a la economía del mundo hasta que no gire por completo sobre su eje y abandone la cultura de la dependencia y el culto a la “listeria”.
El país que Juan quiere salvar está forzado a despojarse del modelo económico que le hunde en vez de conducirlo a elevar la calidad de vida de los puertorriqueños. Ahora bien, ¿qué es eso del “modelo económico”? ¿Cuál es el modelo? Esta frase se ha convertido en código para achacar al status todos los males del país. Pero el modelo que es necesario descartar existe en el status actual y podría existir en cualquier otro. Se trata de la dependencia que la sociedad puertorriqueña ha desarrollado para con el gobierno. Una dependencia que se ha desarrollado para llegar a extremos increíbles. En realidad el modelo económico de Puerto Rico consiste en tomarle el pelo a los ciudadanos residentes en el continente. Un sistema en donde la “protección” reina.
Juan escribe este libro en un momento histórico extraordinario. Los resultados de la irresponsabilidad fiscal se desvelan en Europa y otros lugares. Siguiendo las pautas del modelo que prevalece, los residentes de Puerto Rico, por vía de transferencias y préstamos, utilizamos los ahorros forzados por el gobierno federal sobre sus “tax payers” y los gastamos. Gastamos esos recursos para sostener proporciones grotescas de la población alimentadas y alojadas en hogares. Los gastamos para subsidiar la educación primaria, secundaria y universitaria. Los utilizamos para subsidiar un sistema de salubridad público que cuesta mucho más de lo que podemos sustentar. Los gastamos para subsidiar los sistemas de transportación. Los utilizamos para sostener puestos de trabajo que no añaden valor y que no son, por tanto, productivos. La población, en general se ha desvinculado de la actividad productiva. El “empleo” es un concepto que la población no necesariamente entiende que está relacionado con la producción. Más bien un status que permite percibir ingresos independientemente del esfuerzo productivo que pueda conllevar. Los estilos de vida se traducen en niveles de consumo que no guardan relación con los recursos que la economía del país son capaces de sostener. Se ha recurrido al gasto público para estimular y sostener la demanda agregada. La receta de estimulo Keynesiano de corto plazo diseñada para arrancar economías capitalizadas se ha convertido en permanente.
El resultado es un gobierno en expansión que destruye recursos en vez de crear plataformas de infraestructura física e institucional para el apoyo de la producción. Ese estilo de vida parasitario y degradante es el que resulta indispensable descartar para que el país participe de la nueva economía del mundo. Algunos pensarán que tenemos opciones que permitan dorar la píldora y continuar con el disimulo de que se han hecho expertos los partidos políticos. No es así. No será posible evitar lo inevitable. Mientras más se espere peor será. Es necesario cambiar todas las señales que la población recibe y que correctamente interpreta.
La población recibe y responde con sus patrones de conducta a señales que provienen del sector de gobierno. Esas señales le indican que es de tontos ahorrar y esforzarse para generar ingresos por vía de la producción. El sistema fiscal de impuestos castiga el ahorro y el ingreso devengado del esfuerzo productivo. La retórica política amenaza y denigra al que, siguiendo las reglas de una sociedad capitalista, alcanza algún grado de éxito. El gobierno protege sectores ineficientes y restringe la oferta de servicios esenciales para garantizar mercado a negocios ya existentes. De esa forma, el gobierno coarta la competencia y reduce el nivel de bienestar social. Para justificar todo esto, el sistema de códigos políticos incluye frases “sagradas”, v. gr., “justicia social”, “padres de familia”, y “creación de empleos”.
Confrontado con el panorama que a grandes rasgos he descrito, Juan recurre a sus números. Su análisis del estado de situación del gobierno de Puerto Rio le lleva a advertirnos que la relación entre activos y pasivos no puede sostenerse. La insolvencia y la bancarrota aguardan a la vuelta de la esquina. Si queremos evitar lo que Juan advierte, será necesario confrontar la realidad y admitir lo que surge de los números que Juan analiza con el ojo experimentado del auditor. Juan es cuidadoso en el diseño de una alternativa que otorga el beneficio de la duda al sector público. Su capacidad gerencial y su optimismo se imponen y propone una interesante intervención por vía del Banco Gubernamental de Fomento. Quizás, la complejidad de la difícil situación que encontró en la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados y la forma en la logró lidiar con la crisis le sirven de apoyo en su apuesta. Juan abriga la esperanza de que el gobierno sea capaz de reformarse. En este punto difiero y me veo forzado a admitir que me siento más pesimista. Pienso que el país ha convertido a su gobierno en parte principal del problema.
En un prologo escrito por quien no es el autor del libro no es frecuente encontrar opiniones divergentes. El objetivo del prologo consiste en ofrecer una guía para el lector en su exploración de la obra. No obstante, dado que Juan comparte su visión desde la atalaya del auditor, creo que conviene al lector contrastarla con la de un economista. Entiendo que esa fue la razón de Juan para solicitar mi intervención temprana en su obra. En mi opinión, la gravedad de la condición que sufre Puerto Rico requiere un rompimiento con el modelo que nos ha hecho adictos al gasto público financiado con ahorros externos. Puerto Rio tendrá que descartar el actual sistema de impuestos sobre la renta, es decir, sobre el ingreso. Es indispensable sustituirlo por un impuesto de base amplia sobre el consumo. El más eficiente es el impuesto sobre el valor añadido –con reintegro a ciertos estratos de la población para mitigar su regresividad. Es necesario reducir el coste transaccional que sufre la economía de Puerto Rico. La causa proviene de una estructura de impuestos, reglamentos, arbitrios, cancelación de sellos, requisitos múltiples de información redundante y repetitiva generada por agencias de gobierno en busca de justificar su existencia. Todo lo anterior justificado por una supuesta “protección del consumidor”. De igual forma, será necesario reducir el número de gobiernos municipales a no más de una docena. Es necesario que el gobierno se salga de una gran cantidad de actividades en las que interviene a costa del sector privado y en detrimento del bienestar general. La sociedad puertorriqueña no puede sostener la carga que impone el aparato de gobierno que tenemos hoy. Esta realidad es independiente de cualquier ideología.
En un momento dado el sistema político proveyó la salida de un pueblo que moría lentamente en la miseria y le permitió levantarse con orgullo a base del esfuerzo propio. Se utilizaron ahorros externos con prudencia. Se generaron puestos de trabajo como resultado de la inversión productiva y se forjó la clase media. Con el tiempo, la partidocracia nos condujo a la pérdida de valores y la encerrona en que nos encontramos. Este libro es importante. Juan nos provee el análisis frio del auditor y nos señala un camino que conduce a la corrección de rumbo. ¡Quiera Dios que no sea tarde!
Elías R. Gutiérrez, Ph. D.
Agosto de 2011
Like · · Share

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

One Response to ¿Que el Gobierno no es Grande..?

  1. Luis Pérez says:

    El status no es el problema de Puerto Rico, sino la forma de pensar del puertorriqueño en cuanto al rol del gobierno en la sociedad.

    http://wp.me/p2INDS-hI

    Los parchos que se están implementando son para salvar al gobierno de Puerto Rico y no para sacar al país de su atolladero. Nuevamente esto es un reflejo de nuestra forma de pensar sobre la importancia del gobierno central en nuestras vidas.

    http://wp.me/p2INDS-dw

    http://wp.me/p2INDS-c7

Leave a Reply