Un Plan

IMG_0034.JPGNuestro gobierno fue diseñado para que, en el mejor de los casos, funcionara con gran dificultad. Hoy día, en buena medida, no funciona. No obstante, le hacemos responsable de realizar un verdadero prodigio. Me refiero a la exigencia que le hemos impuesto al gobierno para que genere y sostenga un proceso de desarrollo económico. Más aun, le hemos puesto ciertos requisitos a dicho proceso y al resultante del proceso. Por ejemplo, el proceso no conllevará sacrificio alguno. Es decir, no habrá de costarle nada a nadie. El resultante elevará el estándar de vida a niveles compatibles con las sociedades más ricas del planeta. El proceso se completará de forma instantánea.

Lo que exigimos del aparato gubernamental que hemos erigido desafía claramente las leyes más elementales de la física. El “output” no puede ser mayor que el “input”. Pero, para mentes como las de nuestros políticos esto no representa problema alguno. De hecho, en su peculiar matemática (2 + 2) = 7 y (2 – 2) no está definido aún. Eso sí, “0” definitivamente que no es.

Recientemente se escucha con frecuencia el clamor por un “plan”. Un plan que lleve al país a ese estadio de riqueza y calidad de vida denominado “desarrollo económico integral”. Si, tiene que ser como el pan negro: “integral”.

La influencia de los abogados, que habitan nuestra isla en proporción descomunal, inmediatamente enfoca la discusión de ese “plan” en el proceso a seguirse para su confección. Al parecer, se tratará de algo similar a la producción de un bizcocho. En esa confección participará todo pájaro. La idea se trata de justificar en función de un supuesto que no tiene base empírica alguna: que todos tenemos algo valioso que aportar al “plan”.

Por supuesto la verdadera razón para exigir amplia participación es otra. Se trata de, como en un juego de baloncesto, marcar y “gardearse” todos para evitar que la confección del “plan” sea cargado en favor de algún otro.

Ahora bien, ¿qué es un “plan”? Ciertamente no es lo que usualmente se produce: una lista de buenos deseos y objetivos con los que nadie puede estar en desacuerdo. ¿quién no desea un nirvana o un paraíso, y de gratis?

Yo pienso lo siguiente, Un plan tiene que estar dirigido a la acción. Acción para alcanzar objetivos que valgan la pena. Es decir, objetivos estratégicos. Si, objetivos que tengan impactos que les den mayor potencia dentro del contexto del plan, que de forma aislada y solitaria. Se trata de provocar cambios en la estructura que hoy garantiza el estancamiento y el empobrecimiento del país.

Los cambios resultarán amenazantes para aquellos que se han acomodado al presente estado de cosas. Por eso, el plan deberá ser ejecutado con el compromiso ineludible de un liderato similar al que es necesario cuando un país está en guerra. Así de grave es el estado de situación hoy. Lo peor del estado actual es que evoluciona hacia uno aun más tétrico.

Nuestro país va en camino a poder ser descrito como un gueto de viejos pobres. Lo he dicho antes en repetidas ocasiones. Hoy me siento más pesimista que nunca antes. La demografía se ha juntado con la economía para componer una tragedia griega. El perfil de la familia residente en Puerto Rico será cada vez más la de una mujer vieja, viuda, pobre, carente de apoyo familiar y dependiente de la beneficencia del Estado. Habrá hombres en las mismas circunstancias, pero serán menos en proporción numérica. Los hijos, cada vez menos, habrán abandonado la isla en busca de trabajo y calidad de vida. La clase media habrá retrocedido en todos los frentes.

Durante un recorrido que fui afortunado de dar a mediados de la década del 1990, observé pueblitos en España que estaban casi totalmente despoblados. Salvo por un puñado de viejos, no residía nadie en el pueblo. Cada tantos días los viejos recibían una ronda de visita por médicos de comarca que velaban porque tuvieran sus medicamentos básicos. La belleza del panorama natural encubría una realidad humana escalofriante. Eran pueblos fantasma, no había prácticamente ninguna actividad comercial ni productiva.

Hoy es palpable a simple vista como el deterioro, la depreciación, la desvalorización, el abandono y la decrepitude avanzan rápidamente carcomiendo el acervo de propiedades en áreas metropolitanas que hasta hace no más de dos décadas fungían como el corazón del comercio, de la industria financiera, gastronómica y de servicios en general. Son síntomas claros de la ruta que ha emprendido el país.

Puerto Rico ha perdido capacidad para añadir valor a la economía del mundo. La productividad ha dejado de ser prioridad para dar paso a un consumismo descomunal subsidiado por el Estado, y financiado, en buena medida, por la economía subterránea. Aunque hay excepciones que responden a incentivos otorgados por el gobierno, tanto el capital financiero como el humano están en huída.  El capital físico urbano se está desmoronado. En esa medida, esta sociedad pierde la clase media y sus activos. Quedan los pasivos, las deudas. Pero quedan con una población menor en número y en capacidad de pago. Es decir, estamos sufriendo una sociedad en franco empobrecimiento.  Una sociedad en ruta hacia la irrelevancia.

La composición socio-económica resultante de la hemorragia de capital que se palpa es congruente con la de una barriada decrépita en donde la dependencia geriátrica confluye con una juventud desprovista de motivación y destrezas para contribuir a la producción en los sectores formales. Una juventud cuyo objetivo vital es también huir.

Volviendo al plan. Este deberá identificar los recursos y las fuentes comprometidas que serán requeridas para actuar y alcanzar aquello que se establezca como objetivos y metas. Deberá, además, establecer fechas límite para la acción. El plan no podrá ser un mero “wish list”. Por el contrario, deberá responsabilizar a cada actor en el proceso de actuación. El plan definirá el sacrificio que conlleve la acción que requiera. Los afectados tendrán que aceptarlo de forma explícita.

Ésta sociedad nuestra tendrá que estar dispuesta a abandonar un conjunto de supuestos que ya no son útiles para producir el despegue de la economía. El rol del gobierno tendrá que ser alterado como resultado. Claro, esto es más fácil decirlo que hacerlo. Puerto Rico tiene un gobierno diseñado para implantar políticas derivadas de la teoría que que las propuso el gran economista: Lord John Maynard Keynes. De ahí que a ese conjunto de medidas que responden a la filosofía de intervención del Estado se les llama “keynesianas”. Intervenciones del estado dirigidas a estimular la demanda agregada por vía del gasto.

La teoría elaborada por Keynes, y que sostiene la política pública del gobierno de Puerto Rico, parte de varios supuestos. El primero consiste en suponer el sistema económico es de mercado y que la economía está capitalizada. El segundo supuesto es que la economía está relativamente cerrada a la economía internacional. El tercer supuesto es que el gobierno tiene capacidad ilimitada para financiar su intervención por vía del gasto. Ninguno de esos supuestos es congruente con la realidad de la economía de Puerto Rico. No lo son ni siquiera con la economía contemporánea de los Estados Unidos.

 Puerto Rico requiere un gran esfuerzo dirigidos a capitalizar su economía. No podrá escapar al sacrificio que ello implica. Los recursos necesarios hoy están siendo capturados y destruidos por el gobierno mismo. El gobierno sostiene los niveles de gasto a costa de la descapitalización del resto de la economía.

Puerto Rico necesita añadir valor a la economía del mundo. Esto lo podría lograr reduciendo los costes transaccionales típicos y el precio al que se vende la energía eléctrica en la isla. El mercado laboral está plagado de reglas y modos de proceder que requieren una reingeniería total. La intervención reguladora y la estructura de impuestos se han convertido en un chinchorro que atrapa los sectores productivos como sardinas para carnada.

La programación de las acciones que el plan establezca deberá estar acompañada de un pareo con los requisitos de capital y con las fuentes de financiación. De lo contrario, el esfuerzo será natimuerto.

Finalmente, el plan deberá contar con un elemento indispensable. De lo que se trata es de lograr un armisticio entre los dos partidos principales. En ausencia de ese elemento, francamente, no veo posibilidades de éxito.

 

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
This entry was posted in Economic Policy, Economics, Government, Planning, Policy, Politics and tagged , , , . Bookmark the permalink.

2 Responses to Un Plan

  1. Bartolome Gamundi says:

    De acuerdo, excelente articulo, claro ,de facil lecturay aplicacion mandatoria, .Saludos

  2. My name is Steven Marek of Ponce, PR.

    I have a PUERTO RICO REDEVELOPMENT PROJECT including jobs and careers for hundreds, even thousands of Puerto Ricans.

    The written project with a 24 minute YouTube video is available at:

    Link name: UpPuertoRico.homestead.com

    Please share this link with others who can help make a difference in Puerto Rico.

    Thank you

Leave a Reply