Inimaginable

Hoy nos reunimos los amigos que formamos parte de la clase graduanda de 1960 de la Academia Santa Teresita. Nos reunimos para compartir recuerdos de una época en que, con juventud, entusiasmo, esperanza y cierto temor a lo desconocido, nos enfrentamos al mundo. De eso ya hace 55 años. Algunos han emigrado a otras jurisdicciones. Otros ya no están con nosotros. Recordemos el camino andado y reconozcamos a dónde hemos llegado.

Vimos cambiar el mundo a una velocidad asombrosa. Fuimos parte del proceso de cambio. Lo vivimos en nosotros mismos. No nos dábamos cuenta cabal de lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor. No solo cambiaba nuestro medioambiente físico, los cambios sociales eran aún más radicales. Cambiaba el código de valores. La sociedad misma se transformaba en un proceso que incluyó trastornos y dolores de parto. La “píldora” lo transformó todo. Comenzando por el tamaño y rol de la familia. 

Somos la generación que nació durante la Segunda Guerra Mundial. Durante esa guerra estuvimos a punto de la hambruna por el bloqueo que establecieron los alemanes con submarinos. Alemania llevó a cabo una brutal campaña de aniquilación de los barcos que traían el suplido de comestibles del que dependía la isla de Puerto Rico y el resto del archipiélago para subsistir. La población de nuestros padres y abuelos tampoco se dio cuenta plena. Ello fue resultado de una política explicita de control de información para evitar el pánico, la especulación y el almacenaje ilegal de mercancías.

Escuchamos los partes de prensa de los muertos y heridos en la guerra de Corea por la radio. Corrimos el riesgo de la destrucción nuclear y no nos dimos cuenta. Nos vinimos a enterar que había otra guerra en Vietnam, Laos, Cambodia. Una guerra que entró luego en una etapa fría. Se llevaba a cabo en lejanos escenarios geográficos en los que peleaban fuerzas aliadas de la Unión Soviética y de la alianza Occidental. Esa guerra fría se extendió a nuestro hemisferio. Cuba se convirtió en plataforma desde la cual se materializó lo que pudo haber representado la aniquilación de nuestro archipiélago y de buena parte del territorio continental de Norteamérica. Tampoco, de eso nos dimos cuenta cabal. Eramos muy jóvenes y nos creíamos protegidos.  

Nos comenzamos a percatar de cuán peligrosa había sido la crisis cuando ocurrió el magnicidio. El Presidente Kennedy fue asesinado en Dallas, Tejas. El líder de la reivindicación negra y de derechos civiles, Martín Luther King, fue asesinado pocos años después. El ex secretario de Justicia de los Estados Unidos, senador por Nueva York, candidato a la presidencia y hermano del asesinado presidente Kennedy, cayó también víctima de una bala asesina. 

La teocracia se apoderó de Iran. Los revolucionarios islámicos persas tomaron por las armas la embajada de los EEUU y mantuvieron durante meses como rehenes a decenas de norteamericanos. El integrísmo de los ayatollahs eventualmente se extendió por el mundo. El World Trade Center fue bombardeado por terroristas. Embajadas de los EEUU y una fragata de guerra fueron bombardeados en Africa. En septiembre 11 de 2001 las torres gemelas del World Trade Center fueron demolidas por aviones civiles bajo el comando pirata de terroristas islámicos.   

La ciencia y la tecnología han logrado un desarrollo que muchos pensaron solo podrían ver en películas de ciencia ficción. La aviación comercial adoptó al jet. Las comunicaciones explotaron en todos los medios. La radio de onda corta dio paso a la televisión por aire, luego al cable. Eventualmente, la tecnología analógica fue superada por la digital. La luz transportada por fibra óptica dio velocidad inimaginable a las comunicaciones. El internet introdujo un mundo universo de infinitas posibilidades que se nos achicó rápidamente.

¿Quién lo hubiera dicho? Nos reunimos en momentos en que éste país nuestro atraviesa un profunda crisis. Una crisis que amenaza con hacer colapsar su gobierno. Como generación, no hemos sabido administrar las riquezas que dejó la generación previa. Riquezas que no se limitaron a los acervos físicos ni financieros. Las dos generaciones anteriores nos legaron instituciones que contribuyeron al capital social. El engrudo que da cohesión y fortaleza al tejido del que está hecho la sociedad. De la abundancia pasamos a la insolvencia. Estamos hundidos en deuda y no pegamos una.

Ni siquiera cuando intentamos hacer cosas buenas logramos ejecutar con efectividad. Parece ser que sólo sabemos organizarnos para pedir. El escudo de Puerto Rico debería mostrar el nido de un águila con tres polluelos. Desgaznatados, chillando por el gusano que trae la madre en su pico. De plumaje incipiente los tres polluelos están pintados de rojo, azul y verde. No hay paz entre ellos. Se pelean por que su pedazo sea el mayor. Así mismo, nuestra sociedad ha sido incapaz de aunar esfuerzos. Las facciones predominan. El bien común no es prioridad. Las guerrillas internas se ocupan de hacer imposible el avance.  

Lo sucedido con la propuesta transformación del sistema de impuestos constituye la mejor evidencia de los males que nos están destruyendo. Desde el comienzo sentí temor por lo que acontecería en la legislatura cuando el ejecutivo radicara su propuesta de transformación del sistema de impuestos. Lamentablemente, la legislatura estuvo a la altura (o a la bajura) de lo que podía esperar de ella, y más, mucho más. El desempeño de la rama legislativa ha demostrado que nuestro sistema de gobierno se ha tornado inoperante. El sistema responde exclusivamente a las presiones ejercidas por pequeños y múltiples grupos de interés especial. 

La parálisis que produce un electorado dividido en dos partidos resulta en una situación precaria que es aprovechada por grupos y facciones, pequeñas en número, pero de férrea y tenaz determinación. Como regla general, esos grupos son guiados por objetivos estrechamente definidos. En el caso de las facciones, los objetivos están subordinados a metas definidas en términos ideológicos y/o filosóficos. Sea lo que sea, el resultado ha sido la parálisis ante la necesidad de acción, la incoherencia ante la necesidad de orden y liderato, la simplonería ante la complejidad de la problemática. 

Hoy, el País se encuentra inmerso en una crisis de proporciones gigantescas y la población aún no da señales de haberlo comprendido. Es aquí donde se refleja el fracaso de nuestro sistema de instrucción pública. Noten que no digo sistema de educación. No, el sistema cambió sólo de nombre. Peor aún, no sólo ha fracasado en la educación pública. El sistema ha perdido su capacidad para ofrecer instrucciones mínimas a la población para que se atenga a un comportamiento civil que proteja los más básicos principios de convivencia en democracia. 

En medio de una vorágine de cambios en la estructura misma de nuestra sociedad, siento tener que concluir que hemos fracasado como generación. No aprendimos lo suficiente de las anteriores. Hemos malbaratado la riqueza que nos legaron. Nos hicimos adictos a los recursos que nos transfiere el gobierno federal. Nos excedimos en tomar prestado. Olvidamos que no puede repartirse lo que no se produce. Olvidamos que para producir es necesario el capital, su financiación, gerencia, planificación y destreza laboral. Olvidamos que el principal ingrediente que requiere el desarrollo es la confianza. Sin ella no hay crédito ni financiación. Sin confianza encontraremos estancamiento y retroceso.

Ahora, nos sacude la realidad. La generación de nuestros padres y abuelos construyó la clase media a la que muchos hicimos ingreso. Hoy, estamos en fila para salir por la puerta que tiene el letrerito que lee en letras rojas EXIT.  

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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2 Responses to Inimaginable

  1. emilio j. arsuaga says:

    Dr. Gutierrez, excelente explicacion!
    PR ha fracasado en no buscar de Dios y luego no ponerlo a EL sobre todo en la isla.
    Dios y su Palabra crearon el Estado y el hombre lo echo a un lado para hacer e intentar vivir c sus propias leyes y separar el Estado de la Palabra y alejarse de EL.
    Que nacion puede sobrevivir c sus propias fuerzas y sus conocimientos? Inventando y gastando mas de lo que ingresa?
    EU tiene sobre $18T de dolares en deuda publi ca y esta peor por hacer lo mismo antes expli cado. Los diez mandamientos fueron sacados del gobierno y las Instituciones Publicas y tira dos en la Avenida detras del Tribunal Supremo y fueron objeto de vandalismo en mofa a Dios.
    Usted cree q EU esta mejor? Aprobando el homo sexualismo y los matrimonios gay?
    El 90% del mundo le da la espalda a Dios y a su hijo Jesucristo, el unico personal y suficiente Salvador.
    No hay forma de que nada prospere sin EL. Dlb.

  2. alexVallecillo says:

    Excelentes comentarios por Elias Gutierrez. Hemos malgastado el legado de nuestros antecesores. El sistema de educacion publica ha fracasado y la deuda excesiva nos hunde pues solo pensamos en redistibuir lo que no producimos.

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