Confusión

Hoy es 3 de enero del 2016. Para mí es evidente el grado de confusión que se ha apoderado de los residentes de Puerto Rico y de muchos de los que han emigrado. La propaganda vana y tonta del oficialismo ya no puede engañar con el falso optimismo que trató de esconder la verdad durante los primeros tres años de esta administración. La propaganda del “repunte”, de los 50,000 empleos alegadamente “creados” por el gobierno a “batazo” limpio y de la llegada del “punto de inflexión”, aderezada con una supuesta y paradójica reducción en el desempleo, fue acompañada por un componente agresivo. El gobierno desplegó un glosario de insultos dirigidos a todos los que no se tragaban el optimismo oficial. Un optimismo que incorporó sin pudor, falsedades de toda falsedad. Como por ejemplo, el reclamo del gobernador de haber alcanzado cerrar el déficit, llevándolo a cero. Un supuesto logro alcanzado milagrosamente aumentando el gasto.


Todo el andamiaje de mentiras construido por la administración se desvaneció un día. Los mercados de capital perdieron la confianza en el gobierno. El proceso iterativo de degradación crediticia aceleró el ritmo de precipitación. La legislatura olió sangre y, como los tiburones, entró en un frenesí, en una especie de locura. El doble discurso se reveló por lo que era, v.gr., un arma de doble filo. Los legisladores de mayoría y un grupo de alcaldes aprovecharon al máximo la inconsistencia y las contradicciones que caracterizaban el discurso del Ejecutivo y las convirtieron en armas. El populismo soberanista logró colocarse en posición de veto, y vetó. Vetó la propuesta más valiosa de la administración de García Padilla. La misma fue descalabrada y sustituida por una legislación que intensificó lo más nefasto del actual sistema. Un sistema que provoca, nutre y estimula lo que hace daño al potencial productivo de la economía de Puerto Rico.

La reforma del sistema tributario se estrelló contra la demagogia de la izquierda y la derecha. Finalmente, todo se estrelló contra el portón cerrado del mercado de capital. La crisis de liquidez se nos venía encima. En total desesperación, el gobierno recurrió a fondos de cobertura para financiar sus operaciones. Recurrió a los que pueden arriesgarse a prestar, pero a precios ajustados al riesgo. Y Puerto Rico representaba un riesgo muy significativo. Había quienes en el Partido no se escondían para clamar por el incumplimiento de las obligaciones del estado. Poco les importaba la prelación de pagos ordenada por la Constitución del ELA.

La propaganda del gobierno fue ajustándose a una estrategia judicial diseñada para obligar a los acreedores a entrar por el ojo de la aguja y aceptar nuevas condiciones. Condiciones que incluían una reducción de los principales adeudados, moratoria en los pagos, reducción en las tasas de interés negociadas, “or else”. La estrategia incluía la utilización de un doble discurso. Para las gradas partidistas de Puerto Rico, a las evaluadoras del crédito, a los bonistas, a los críticos y a la oposición un arsenal de insultos. Para los acreedores, amenaza del impago. Para el Congreso y Casa Blanca, imputación de complicidad y culpabilidad compartida con los gobierno irresponsables del pasado y presión política. Todo ello, mientras se le decía a los bonistas que la intención era pagar. Ahora bien, no se hacía referencia ni a quién, ni cuándo, ni cuánto.

La confusión parece haber sido parte integrante del plan. Por un lado el gobernador decía que la “deuda es impagable”. Por otro lado se anuncian los planes puestos en marcha para pagarla. Los mercados comenzaron a exigir estados de situación certificados por auditores externos. El gobierno produjo informes producto de estudios que pintaban un cuadro insoportable a raíz del monto total de la deuda pública. Presentó, además, estimaciones del cuadro de liquidez. Todo ello realizado por consultores contratados para pintar el cuadro que se deseaba proyectar en Washington, D.C.

No obstante, los estados financieros AUDITADOS no aparecen por ningún lado. Ni aún cuando fueron exigidos por las comisiones del Senado de los EEUU en vistas públicas. Las explicaciones para tal cosa podrán ser ciertas, pero no convencen. Ante ese cuadro, las contradicciones del discurso oficialista se levantaron como obstáculo insalvable a cualquier intervención del gobierno federal.

De un momento en adelante, el discurso oficialista dejó de hablar de “la palabra empeñada”, de la garantía constitucional, de los ingresos pignorados específicamente para el pago de obligaciones. Ejemplo de esta última categoría es el servicio de la deuda de COFINA. La intención era amenazar a los acreedores y a ciertos congresistas con las consecuencias del impago. Para ello, la Administración complementó su retórica con el probable cierre de gobierno, la crisis humanitaria, la pérdida de la ciudadanía y otros males de escala apocalíptica.

Hasta la fecha, los impagos a compromisos de bonos vencidos han sido contra los tenedores de bonos de escasa protección y de “pequeña” escala. De esa naturaleza fue el impago correspondiente a los bonos de una subsidiaria del Banco Gubernamental de Fomento, v.gr., la Public Finance Corporation.

No cabe duda. La intención fue siempre lograr que pagaran otros: los acreedores, las aseguradoras que respaldaron parte de la deuda, el Congreso, la Tesorería, la Junta de Reserva Federal, las cooperativas, los contratistas, los contribuyentes individuales, las empresas y sus dueños. Mientras tanto, el corillo continuaba: que paguen los malos, v.gr., el sector privado.

La estrategia tropezó con un obstáculo imprevisto. Resulta que una buena parte de la deuda de Puerto Rico la tienen pequeños inversionistas. Ahorristas que invirtieron en bonos del ELA para complementar sus pensiones. De igual forma lo hicieron miles de pequeños inversores en los EEUU continentales y, de hecho, en el mundo. Se trata de miles de individuos que poseen, según declarado por el gobernador en vistas públicas celebradas por los comités con jurisdicción en el Congreso, un 25 por ciento de la deuda circulante. No se trata de especuladores, de conspiradores que pretenden encerrar a Puerto Rico en una jaula para despojarlo de sus activos líquidos. No, simplemente se trata de un gran número de padres, madres, abuelos y abuelas, viudas, que compraron de buena fe bonos del ELA y sus 17 entidades emisoras. Cuando este componente de acreedores emergió fue recibido por el oficialismo y por el Partido Popular como una plaga. No cuadraba en el discurso populista. No cuadraba en el discurso oficialista. No cuadraba con la teoría de la gran conspiración capitalista. No cuadraba con el cálculo electoral, ni con el coste político anticipado. El daño colateral no había sido incorporado a la estrategia de descrédito hacia los que habían prestado sus ahorros al ELA. Este grupo de inversores encontró la forma de hacer llegar su mensaje al congreso. Hoy los pequeños inversionistas son blanco de la ira del gobernador y su corillo partidista que los acusa de intentar “robarse el poco capital líquido que le queda al gobierno”

Un resultado de la estrategia aparentemente no anticipado por el gobierno, ha sido la pérdida casi total de credibilidad. El doble discurso ha provocado la incredulidad. Por un lado, continúa el ataque demagógico contra los “bonistas”. Por otro lado, se anuncia que esos mismos bonistas, han llegado a un acuerdo de gran beneficio para la Autoridad de Energía Eléctrica. Lo han hecho sin necesidad de la intervención de un tribunal, como hubiese sido necesario de aplicarse la inconstitucional ley de quiebra criolla o la ley federal.

Confusión, confusión, reina la confusión

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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4 Responses to Confusión

  1. Luis Pérez says:

    La disfuncionalidad del discurso político y económico en Puerto Rico permea todas las esferas. Aquí una muestra directa del Presidente de la Asociación de Economistas de Puerto Rico.

    http://wp.me/p2INDS-yd

    Saludos,

  2. Nelson Rosario says:

    La justificación económica y moral de recibir ganancia por medio de intereses para quien invierte su capital, es el riesgo de especular que va a recobrar su inversión más intereses. Pues los alcanzo el riesgo.
    Toda inversión es riesgoza. Unas son más seguras que otras pero la justificación de la ganancia es el riesgo tomado y la creatividad (que no aplica en este caso de capital ocioso para especulación financiera).
    ¿Por qué el dueño de, por ejemplo una pizzería u otro negocio puede arriesgarse y perder y a los “bonistas” hay un protegerlos de perder? ¿Por qué aumentar las contribuciones perjudicando a las demás operaciones comerciales que también se arriesgan a invertir para salvarle la inversión a los bonitas?

    NRR

  3. victor l calderon says:

    Escuche una ponencia sobre la situacion del Dr. Elias Gutierrez y esto fue que se le paraban los pelos a la audiencia.

  4. Mirta says:

    I am a retired woman of 78 years old and worked very hard for many years, and all my money is invested in bonds from Puert Rico which includes Cofina bonds. This is the only income I have to pay for my bills and for my life. In other words if they stop paying my interest monthly, I will not be able to cover my expenses. I am hoping for a miracle and feel that the goverment will find a away to fix there problem without hurting us, that trusted in them. Of course we were told by the investment brokers that this bonds were the safest way of preserving our savings and be able to retire in peace and teceive our interest.

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