Atisbando futuros posibles para la Universidad de Puerto Rico

Un golpe de Timón

At press conference at El Nuevo Día

Elías Gutiérrez

¿Al cabo de quince años, qué puede esperarse de la universidad pública en Puerto Rico?

Me hice esa pregunta y la contesté dibujando tres futuros altenativos. Para distinguirlos les dí nombres: “Business as usual“, “Irrelevancia y descomposición” y “Golpe de timón”.  El último deriva su nombre del glosario marinero y significa “cambio de rumbo”. A continuación comparto con los visitantes a este lugar del espacío cibernético el texto original de los tres escenarios. El lector notará que los escenarios están escritos por un “observador” que se sitúa al cabo de transcurrido un periodo de quince años a partir del presente.

El informe completo de la Comisión nombrada por el Gobernador para asesorarle en torno a la educación superior en el siglo XXI y sus anejos se puede accesar en este mismo website.  Para ello, favor de ir a la pestaña “Educación Superior”.

1.      “Business as usual”

Luego de la crisis de mediados de la década del 2000, como resultado de la incertidumbre e inestabilidad generada por el choque de fuerzas ideológicas y gremiales, la UPR continuó debilitándose. El sistema político no aprovechó la oportunidad que ofreció la crisis. Los problemas fueron soslayados para evitar el coste político percibido como resultado de la acción. Los incidentes de boicot (mal llamados “huelgas”) se convirtieron en cosa de todos los días. Dejaron de atraer atención mediática pero siguieron causando inestabilidad. En resumidas cuentas, las decisiones continuaron girando sobre un eje, v. gr., la distribución de un presupuesto inadecuado y deformado por decisiones pasadas.

El activismo político continuó debilitando las estructuras gerenciales de UPR.  Gradualmente, el modelo de “cogobierno” fue tomando vigencia en la UPR. La presión política surtió efecto y la Legislatura promulgó un estatuto que permitió la negociación colectiva con la Facultad.  Los distintos gremios organizados previamente se aglutinaron en una unión. La administración perdió el poco control que aún retenía al comenzar la crisis del 2010.

Como resultado, la acreditación de la institución se perdió. El crédito de la institución sufrió una gran erosión reflejándose en el coste de capital.  La prima de riesgo de la deuda de la UPR le elevó hasta que el Banco Gubernamental de Fomento no tuvo otro remedio que someterla a un proceso de sindicatura financiera. Todos los proyectos de infraestructura física fueron detenidos. El mantenimiento de la estructura ya existente se redujo a la nada. Las condiciones de las instalaciones se tornaron insoportables. La capacidad para atraer apoyo financiero para investigaciones se evaporó rápidamente.

La Facultad perdió una buena porción de sus miembros como resultado de la emigración y de la competencia ejercida por universidades privadas locales y del exterior. La jubilación fue estimulada por vía de ventanas de retiro. Los resultados no fueron efectivos. No hubo otro remedio que optar por la jubilación forzosa. El reclutamiento se hizo cada vez más difícil. La matrícula se estancó y luego adquirió una clara tendencia negativa. La UPR perdió gran parte de su tajada en el mercado de educación superior de la Isla. Esa pérdida justificó una reestructuración del proceso de asignación de fondos públicos. Poco a poco la UPR perdió apoyo político. Esa reducción en prestigio y apoyo político causó que los fondos obtenidos del gobierno federal por vía competitiva sufrieron reducciones importantes.

Eventualmente, se legisló un impuesto especial  para complementar las fuentes de ingreso de la UPR. El proceso de recuperación financiera tomó siete años.

2.      Irrelevancia y descomposición

Luego de la perdida de la acreditación y elegibilidad para recibir fondos federales acaecida en el 2012, la UPR pasó por un período de crisis insospechado. Todo lo imaginable sucedió. Como resultado, la institución tocó fondo en el 2020. Ese año el sistema de retiro se declaró en bancarrota. El tribunal nombró un síndico para administrarlo. La matrícula de estudiantes se había reducido en 50 por ciento del nivel alcanzado en el 2011. La Facultad había experimentado un rápido proceso de fuga. 60 por ciento  de los profesores abandonaron la institución para ir a instituciones privadas en Puerto Rico o emigraron al exterior. El encono del público y la reacción de los partidos políticos no fueron suficientes para mitigar las consecuencias de la pérdida de acreditación y la consecuente pérdida de recursos federales.

La institución fue perdiendo prestigio y capacidad. La calidad de su ofrecimiento se deterioró rápidamente y dejó de ser primera opción de los padres para la educación de sus hijos. Poco a poco la universidad comenzó a sostenerse mediante la liquidación de activos financiero y reales. La postergación del mantenimiento y reemplazo de las plataformas tecnológicas, físicas y humanas la despojaron de su potencial para cumplir con su misión y menos aún para competir. El mismo proceso le restó apoyo político y se produjo una especie de espiral descendente o circulo vicioso que aceleró su deterioro. El gobierna la mantuvo como fuente de puestos de trabajo, pero su función como centro de ebullición cultural, educación humanista, investigación científica y desarrollo tecnológico fue desplazado hacia el sector privado. Instituciones del exterior utilizaron a plenitud la tecnología de la educación a distancia inicialmente para capturar la tajada del mercado que ya no servía la universidad del Estado. Luego se establecieron físicamente en la Isla.

3.       Golpe de timón

A raíz de la crisis del 2009-12 el gobierno de Puerto Rico reconoció que la educación superior estaba a punto de irse por el despeñadero. A pesar del coste político que conllevó, se produjo un golpe de timón en la filosofía para con la educación superior y particularmente en relación con la UPR. Se reconoció que la estructura gerencial de la institución era disfuncional. Se reconoció que su gerencia tenía que profesionalizarse y que la base del problema radicaba en el producto que generaba la educación elemental e intermedia.

Las medidas definidas fueron atacadas por toda índole de grupos interés especial. El país fue testigo de eventos lamentables. No obstante, a la larga la opinión pública se tornó a favor de la restructuración. Los partidos de oposición percibieron el cambio en la opinión pública y pactaron con el gobierno para sacar del debate partidista la reorganización y reestructuración de la UPR.

Para el 2015 la UPR había optado por un modelo gerencial más chato. Los recintos regionales cambiaron radicalmente su razón de ser y los que quedaron funcionando especializaron sus ofrecimientos.  El Hospital Universitario logró detener la sangría que por años produjo en los recursos del sistema. Se estableció con firmeza en su campo de especialidad a nivel hemisférico. La clave del éxito consistió en una alianza con el sector privado farmacéutico y un respaldo financiero proveniente de la Fundación Bill Gates.  El cambio tecnológico logró finalmente arraigarse en los procesos administrativos. Se logró reducir dramáticamente la utilización del papel para las comunicaciones administrativas. De hecho, su utilización se restringe sólo a aquellas ocasiones exigidas por ley.  Las revistas y otras publicaciones lograron alcanzar un 75 porciento de utilización de medios electrónicos para su distribución. Los resultados económicos fueron sorprendentes. Se abrió el mercado mundial a la producción intelectual generada en la UPR y se redujeron dramáticamente los costes de publicación y distribución, al compararse con lo tradicional.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
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