El modelo se agotó…

At press conference at El Nuevo Día
Elías Gutiérrez

El Modelo que se Agotó…

Se ha convertido ya en un cliché que se repite con tal frecuencia en Puerto Rico y ya se escucha sin darle mucho pensamiento a su significado y menos a su verosimilitud, v. gr., ¨…el modelo se agotó…¨ La frase parece encarnar uno de los pocos consensos que se sostienen en este País. Ahora bien, ¿a qué ¨modelo¨ se refiere la aseveración que tan tajantemente expresan unos y otros a lo largo y a lo ancho del espectro de opinión?  Qué significa eso de que ¨…se agotó¨?

Tengo la impresión de estar frente a una de esas expresiones que se utilizan acomodaticiamente porque conllevan significados distintos para muchas personas. Para aquél que la repite en un momento dado conlleva un significado que puede diferir del que le imprimiría otra persona y, por otro lado, la persona que la escucha interpreta un significado que sorprendería al que acaba de hacer la expresión.

Por ejemplo, algunos han pretendido hacer un diagnóstico del potencial de crecimiento económico capaz de ser sostenido por la estructura de producción y consumo de Puerto Rico. Aparentemente han llegado a la conclusión de que la economía de la isla ha encontrado su limite. Esa podría ser una interpretación adecuada de la dichosa frase. No obstante, para los que escuchan la expresión con el oído político, la misma significa que, por vía de la protección, la relación jurídico-política de Puerto Rico con los EE UU no cuenta ya con el potencial necesario para proveer compensación suficiente a las desventajas naturales de la isla . De ahí que haya mermado la producción y la capacidad para sostener tasas de crecimiento del estándar de vida comparables con las experimentadas durante la década del 1960.

Para otros, la frase conlleva un diagnóstico que juzga con sentido de fatalidad que el capitalismo ha llegado a su límite como sistema económico y que la prueba de ello es evidente. Para los más sofisticados significa que el sistema económico vigente, v. gr., el capitalismo de mercado intervenido por el gobierno regulador, debe ser suplantado por una nueva variante del socialismo. Para los más ideológicamente orientados, la frase ¨el modelo se agotó¨ significa que un cambio en estatus político de Puerto Rico es el único e inevitable remedio al pobre desempeño de su economía. Para los menos sofisticados, la frase significa que el partido político en poder perderá las próximas elecciones porque, no importa lo que proponga, no tendrá éxito en impulsar el desarrollo económico, ya que ¨el modelo se agotó¨.

Escondidas detrás de esta frase mágica están las premisas de las que parten unos y otros al interpretar el significado del diagnóstico que escucha el público, sin entender bien lo que le dicen. Por ejemplo, si el modelo se agotó es porque en algún momento funcionó a capacidad y con éxito. Si el automóvil se detuvo es porque antes estuvo en movimiento. No obstante, los que blanden el diagnostico del agotamiento no admiten que en algún momento el modelo haya funcionado bien –ni siquiera mejor.  Para ellos, “el modelo” (sea lo que sea) siempre ha sido insuficiente y aun explotador.

La famosa frase sintetizadora del diagnóstico del agotamiento ha venido a ser complementada por otra de igual o mayor misterio en su significado. Se trata del adjetivo con que ahora se condiciona el crecimiento y el desarrollo. Ambos han de ser ¨sostenibles¨ o ¨sustentables¨ para gozar de la aceptabilidad de los autoproclamados guardianes del medio ambiente. Ahora bien, ¿qué significa precisamente ese calificativo? Pues, vaya usted a saber. Generalmente lo que parece significar es que el proyecto ¨x¨ no contribuye a la sustentabilidad de planeta y, por lo tanto, debe ser prohibido por el Estado en respuesta a la oposición comunitaria. Cuando con toda sinceridad se indaga sobre la alternativa a ¨x¨, llamémosle proyecto ¨y¨, la respuesta más precisa que generalmente se obtiene de los guardianes del medio ambiente, y de los derechos comunitarios, es que ¨y¨ será un ¨ecoproyecto¨.

Los ¨ecoproyectos¨ parecen ser una familia de proyectos que desafía la segunda ley de la termodinámica. Quienes los proponen reclaman que, no sólo no conllevan coste ambiental, sino que resultan en un flujo de producción mayor que el proyecto que es sujeto de su oposición activa. Se tendría que llegar a la conclusión de que los proyectos propuestos bajo esa filosofía resultarían en un crecimiento económico del agregado más rápido que los que se atacan por ser dañinos al medio ambiente o agresivos a la cohesión comunal. De manera que habría que concluir que la discusión se plantea en el plano de la eficacia y la eficiencia. Se alcanza lo que se busca y en el menor tiempo posible.

La interrogante que se precipita gira en torno al ritmo de crecimiento económico prudente. Es decir, en el plano político, la discusión se plantea en función de por cuánto tiempo se puede sostener un ritmo dado de crecimiento que, dicho sea de paso, nunca se especifica. La retorica de la sustentabilidad da la impresión que el País ha resuelto su problema de producción y absorción de mano de obra excedente. La preocupación se torna entonces sobre la velocidad a la que se va a permitir que se acumule capital y se consuma la producción.  De ahí que continuamente se escucha otra frase que parece de incuestionable valor, v. gr., ¨la sustentabilidad¨.

El concepto de sustentabilidad resulta particularmente curioso. Se trata, por definición, de un concepto dinámico. Es decir, implica sucesos que ocurren en la dimensión tiempo. Por ejemplo, el producto real per cápita crece a un ritmo porcentual anual determinado. ¿Cuál de todas las tasas de crecimiento posibles, cualificaría para ser escogida como ¨la sustentable¨? ¿Qué criterio regiría sobre tal determinación?

Preguntas como las anteriores fueron planteadas hace ya varias décadas por economistas de la talla de Robert Solow. El ritmo de crecimiento que puede sostenerse, sin generar desequilibrios, por un tiempo relativamente largo en una economía capitalista madura, es aquel que resulta de una situación en que la población, el capital y el producto real crecen a ritmos iguales. A esa condición ideal de equilibrio dinámico los economistas poskeynesianos le llamaron ¨la edad dorada¨.

¿Me pregunto si será que los activistas de la ecología entienden que Puerto Rico se encuentra en posición de darse el lujo de escoger entre tasas de crecimiento y que el gobierno tiene la capacidad para escogerla y hacerla realidad? Implicando con ello que se escogería una tasa inferior a la que permitiría el mercado y los recursos disponibles con el fin de proteger el medio ambiente de la explotación indiscriminada que causa el desarrollo. Mayor disparate no puede conjurarse. ¿Cómo puede sostenerse tal contradicción? Por lado se dice que el desarrollo se está dando a un ritmo insostenible y por el otro lado de la boca, se dice que el gobierno es incompetente y que ¨el modelo se agotó¨?

El caso particular de Puerto Rico hay otra dimensión en la que se utiliza el diagnóstico fatal: ¨el modelo se agotó¨.  Se trata de la lucha referente al status, v. gr., la relación con los Estados Unidos. Sobre esa temática escribieremos en otra ocasión.

About Elías Gutiérrez

Profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico desde 1966. Nació el 3 de julio de 1942 en la ciudad de Nueva York. En 1945 se traslado a Puerto Rico. En 1964 y 1965, respectivamente, obtuvo grados de Bachillerato y Maestría en Economía de la Universidad de Puerto Rico. En 1966, cursó estudios postgraduados en Planificación Económica en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Más tarde, en 1969 y 1973, respectivamente, obtuvo grados de Maestría y Doctorado en Economía y en Planificación Urbana y Regional de la Universidad de Cornell.
This entry was posted in Economic Policy, Economics, Planning, Policy and tagged . Bookmark the permalink.

Leave a Reply