Economía y Energía

Esta breve reacción a la conferencia del Director de la División de Energía del Flemish Institute for Technological Research, Flandes, Bélgica, se dirige al tema del costo de la energía. Específicamente de aquella obtenida del petróleo. La conferencia fue auspiciada por el Instituto de Política Pública Sistema Universitario Ana G. Méndez y se llevó a cabo el 19 de febrero de 2010 en la UMET, San Juan, Puerto Rico.

La estructura de mercado vigente en Puerto Rico, en lo que se refiere a fuentes de energía, se encuentra distorsionada por varios factores que inciden sobre la oferta y la demanda.  El factor más reconocido consiste en nuestra ausencia de diversidad y dependencia extrema en el petróleo como fuente principal para generar electricidad y en la gasolina para la transportación. Ambos productos son adquiridos en mercados externos y sus precios se determinan por una dinámica sujeta a una combinación de fuerzas de mercado y la intervención de un cartel. Otras fuentes, como el carbón y el gas, también se compran en mercados externos y responden a otra combinación de fuerzas de mercado. No obstante, la correlación de sus precios con los precios del crudo es estrecha.

Los shocks recibidos por la economía de Puerto Rico a consecuencia de su dependencia en la importación de petróleo para la generación de energía eléctrica, combustible para la transportación y en una época para alimentar un enorme complejo de producción petroquímica, han tenido un efecto acumulativo.  El mismo se evidencia en las dos gráficas que se incluyen aquí.

La Gráfica 1 muestra el comportamiento de dos series de precios de petróleo crudo en dólares por barril desde 1946 hasta mediados del 2009.  

Gráfica 1

La línea color violeta ilustra el promedio anual del precio nominal. La línea blanca muestra precios ajustados para tomar en cuenta la inflación y transcurre desde noviembre de 2008.

Los precios, ajustados a la inflación, alcanzaron el mínimo histórico en 1998. Nótese que éste fue inferior al precio registrado en 1946. Diez años más tarde, los precios, expresados en términos reales, se mantuvieron por encima de los precios de 1979-1980. [1]

Las Gráfica 2 muestra la trayectoria del nivel monetario del Producto Nacional Bruto de Puerto Rico, a precios constantes (línea roja) y su tasa de crecimiento (línea verde), durante el período que corre desde el año fiscal 1948 hasta el 2009. Nótese la correlación inversa entre los aumentos súbitos en el precio del crudo y la tasa de crecimiento real de la economía. Se utilizan líneas (amarillas) que ilustran las tasas promedio de crecimiento del producto durante los periodos previos a los “shocks” en los precios del crudo.

Lo más notable de este análisis es que luego de cada “shock” la economía de Puerto Rico no ha logrado alcanzar el ritmo de crecimiento promedio del período anterior.[2] De ahí la tendencia secular al estancamiento que se observa en la tasa de crecimiento del producto real. Por ende, la insuficiencia en la capacidad para elevar el estándar de vida ha ido intensificándose con cada golpe. El efecto de los shocks en los precios del crudo y de la energía ha sido similar al de una tarifa de importación y exportación. 

La Gráfica 2 resalta el período más reciente. Este es el período de crisis, que se inicia en el fiscal 2005, se profundiza de ahí en adelante, y el país sufre en la actualidad. Ese último período de desaceleración y contracción también comenzó con un shock” en los precios del petróleo.

Gráfica 3

Desde el punto de vista de planificación estratégica, no puede llegarse a otra conclusión que no sea que la economía de Puerto Rico no es viable, a no ser que reduzca dramáticamente su vulnerabilidad a los “shocks” del mercado de petróleo crudo. Esta  realidad se hizo evidente a mediado de la década del 1970. No obstante, aun no hemos logrado un objetivo tan claramente definido. Siempre ha habido una forma de evadirlo.

Ahora bien, los factores externos no son los únicos que distorsionan el mercado interno de fuentes de energía. La electricidad es producida y distribuida por  un monopolio estatal que históricamente ha funcionado para sí mismo y sus sindicatos.  Este monopolio ha sucumbido al conflicto que representa para su interés corporativo –en ocasiones supeditado al sindical.  Por décadas, el monopolio estatal se ha levantado como un escoyo infranqueable ante los cambios que hubieran moldeado más racionalmente la demanda por energía eléctrica.

Como resultado, también se impidió una mejor configuración de la capacidad de producción y distribución de energía eléctrica. Por ejemplo, nunca se acometió con entusiasmo establecer una estructura de precios que respondiese al coste marginal de generación. Siempre se encontró objeción a la consideración de estructuras tarifarias que incentivaran la distribución del consumo durante las horas del día. Al establecer precios variables, según la hora, se lograría racionalizar el consumo y optimizar capacidad de reserva que es necesaria para atender la demanda de las horas pico. Al aminorar los requisitos de capacidad generatriz dedicados a confrontar la demanda en las horas pico se reduce también el insumo de combustibles destilados.

Nunca se acometió con entusiasmo la generación de electricidad por medio de la utilización de otros combustibles o fuentes, v. gr., desperdicios sólidos, metano, solar, viento. La excepción a esta regla fue el intento por ensayar con energía nuclear.

El monopolio estatal se ha comportado también como monopsonio. Esto lo ha hecho al establecer precios y términos inviables para los cogeneradores potenciales. La mera negociación con candidatos se ha prolongado generalmente por años y décadas hasta que los proyectos mueren por inanición.

Recientemente, la gerencia del monopolio estatal da signos de haber cambiado de actitud. Por ello, la gerencia actual merece crédito. Ciertamente, la gerencia actual parece compartir una visión distinta a la normal histórica. De ahí que exista en estos momentos una oportunidad para llevar a cabo un proceso que de ser puesto en marcha tendrá efectos profundos en la capacidad de producción de nuestra economía y en el estándar de vida de nuestra sociedad.

El estribillo que se repite hasta empalagar,  en el sentido de que es necesario participar de la nueva “economía del conocimiento,” debe y puede llevarse a la práctica en este sector estratégico de la economía. La estrategia conlleva la decisión de crear unidades inteligentes de producción y consumo de energía. Ello se logra, en buena medida, mediante “redes astutas de compra-venta de energía”.  Lo que en inglés se conoce por el término “smart grids”. Una red astuta es capaz de llevar cuenta continuamente de los precios y costes de energía proveniente de fuentes alternas disponibles en cada momento. Esa capacidad habilita las unidades para adquirir la combinación óptima de energía proveniente de fuentes diversas. En caso de que la unidad de consumo sea, además, capaz de producir energía, podrá vender sus excedentes a un comprador dispuesto y con capacidad para ello.

La tarea de cálculo comparativo que requiere el proceso de decisión necesario para aprovechar el beneficio económico de una red astuta solo puede ser resuelto mediante la aplicación de algoritmos instalados en ordenadores. Afortunadamente, ya existen ambos componentes y a un coste que parece hacer viable su instalación y operación en unidades residenciales, productivas y comerciales.

El desarrollo e incorporación del elemento descrito anteriormente en la nueva estructura de producción, distribución y consumo de energía es clave para Puerto Rico. Se trata de viabilizar la participación de unidades consumo y producción de energía eléctrica, obtenida de fuentes diversas y con costes de producción distintos y disponibilidad de oferta variable a distintas horas del día, en un merado complejo que conduce a una mayor eficiencia y eficacia. Enriquecer la red eléctrica con tal capacidad al nivel de las unidades consumidoras y coproductoras constituiría un salto cualitativo de gran importancia estratégica. Las posibilidades que abre son numerosas y muchas aun por descubrirse. La mayor inteligencia integrada al sistema y la creación de mercados sólo puede traer beneficios.

Siempre y cuando el mercado pueda responder desde el lado de la oferta, el sistema de precios resulta ser el más eficiente distribuidor de recursos. Ahora bien, si las señales que utiliza el mercado a través de los precios se topan con rigidez por el lado de la oferta, los precios puede tener un resultado perverso. El ejemplo que ofrece el petróleo importado es claro. Un aumento en el precio tiene un efecto similar al de un impuesto adicional sobre la economía de Puerto Rico. Esto se debe a que, por el lado de la oferta, no están presentes en el mercado alternativas reales de fuentes sustitutas de energía. En palabras del economista, los valores de las elasticidades precio –directas y cruzadas– son muy bajos.

Como si fuera poco, la situación de dependencia e indefección a que está sometida ésta economía se ve complicada por el sistema de impuestos, arbitrios, tarifas, subsidios, exenciones, y reglamentación que encarece las transacciones en el mercado y distorsiona las señales que responden a los desequilibrios entre oferta y demanda. El resultante neto consiste en una economía poco competitiva, insostenible en el más largo plazo e incapaz de sostener un nivel de vida de calidad.

Se trata de una condición que refleja nuestra limitación gerencial y coloca en precario el futuro desempeño de la economía que sostiene un estilo de vida que no es viable. He aquí un elemento estratégico de nuestro problema socioeconómico. Lidiar con la rigidez del mercado proveyendo opciones alternativas por el lado de la oferta, e inteligencia por el lado de la demanda, tendrá resultados de enorme significado y gran importe.

Recordando que hemos planteado la meta en función del siguiente pronunciamiento: facilitar la transición a una estructura de utilización de energía y producción que viabilice la eficiencia y el crecimiento a un ritmo constante.

Cuatro rutas posibles para tratar de alcanzar la meta:

  1. 1.    Desmontar la estructura que hoy distorsiona la asignación eficiente de los recursos;
  2. 2.    Permitir que el mercado asigne los recursos por medio de señales que envíen los precios;
  3. 3.    Intervenir nuevamente el mercado desde el gobierno para timonear el proceso de asignación de recursos;
  4. 4.    Intervenir para acelerar la disponibilidad de tecnología que permita que las unidades consumidoras y productoras de energía entren en relación de mercado para comprar a una combinación de fuentes de energía provista por vía de métodos alternos.

Las rutas 1 y 2 se estrellarán contra la resistencia política. La ruta 3 ha demostrado ser ineficiente, ineficaz y dañina.  La ruta 4 ofrece la mejor alternativa.

La ruta 4 requiere que el sector público y el sector privado estén conformes con ser aliados en el proceso. Aquí es donde la integración de tecnologías disponibles puede ayudar a elevar la inteligencia del sistema. Las redes astutas implementadas al nivel de las unidades consumidoras tienen capacidad para tomar en cuenta el coste variable de la energía eléctrica obtenible de fuentes diversas durante el día. Consumir la combinación menos costosa en cada momento. Vender el excedente producido al nivel de esas unidades pequeñas –por ejemplo por vía de excedentes generados mediante captación solar o turbinas eólicas– y producir un resultado óptimo en términos del costo neto.

Es indispensable que la red de distribución de la agencia suplidora de energía eléctrica estatal o privada cuente con la capacidad para recibir los excedentes de energía que compraría a las unidades consumidoras (cogeneratrices). Es decir, la red de distribución tendrá que permitir que el flujo eléctrico vaya en ambas direcciones. Hoy día está diseñada para que fluya en una dirección, v. gr., hacia la unidad consumidora.

La inadecuada capacidad gerencial ha sido el talón de Aquiles del proceso de desarrollo económico del país. He aquí la oportunidad que se desprende de la conferencia de Gerrit Jan Shaeffer, al descubrir de forma amplia un campo de acción donde nuestra debilidad puede convertirse en elemento de fuerza y de progreso.


[1]La serie muestra precios históricos del mercado libre del petróleo en Illinois. En la década del 1970 se impusieron controles de precio. Ello distorsiona artificialmente la serie durante esos años. Los precios controlados del precio dieron lugar a otros fenómenos.  Entre ellos,  colas de espera para adquirir gasolina y a la escasez artificial de gas natural. Durante esos años la serie no es capaz de reflejar el verdadero precio del mercado libre.

[2] Las Gráficas 2 y 3 fueron producidas originalmente por el profesor José M. Auger de la Escuela Graduada de Planificación de la UPR.