Financiación de Infrastructura

Alianzas Público-Privadas: discurso dirigido a los participantes de la XII Cumbre de la Industria de la Construcción

WestinRío Mar Beach Golf Resort & Spa 22 de octubre de 2006

Definamos algunos conceptos

Siempre es conveniente definir los términos. Por ejemplo, una visión es un estado de situación imaginado en tiempo futuro. Es aquel futuro que se desea alcanzar y que, aun luciendo difícil a la luz de las circunstancias actuales, pudiera ser viable. Una visión, por lo tanto, conlleva un esfuerzo optimista de imaginación sobre el futuro.

De niño tuve una visión. Me imaginé que alcanzaría de adulto una transformación heroica. Imaginé llegar a ser un luchador por la justicia. Un día decidí ensayar aquella visión.

Mi estrategia era convertirme en superhéroe. Como modelo, opté por el “Látigo Negro”.  Un personaje parecido al Zorro.  Puse en marcha un plan de acción que requirió confeccionar un disfraz –con máscara y capa negra. Además, y luego de mucho trabajo, logré hacer una especie de látigo, entrelazando viejas correas de mi padre.

Un buen día decidí poner a prueba el concepto. Se trataba de una especie de ensayo. Me disfracé con aquel flamante disfraz y salí al balcón de mi casa al asecho de algún malandrín. Estaba seguro que nadie podría reconocer mi verdadera identidad.

Esa tarde los niños del vecindario jugaban a la pelota en la calle. Como acto providencial, la pelota fue a parar al patio de mi casa. Iván, el niño más pequeño de los vecinos que vivían en una de las casas al otro lado de la calle, fue designado por el grupo para entrar a buscarla. Llegaba la gran oportunidad. Medio escondido detrás de la balaustrada del balcón, vigilé los movimientos del quien irrumpía en mi territorio. Una vez entró Iván al jardín, salté desde el descanso de la escalerita de entrada y, látigo en mano, la emprendí contra el sorprendido Iván. Trató de escapar a los certeros latigazos de Látigo Negro. Fue inutil su intento de escape.  No pudo pues yo había estado practicando con el látigo por varios días.

Mientras tanto, desde su balcón, doña Carmen, la mamá de Iván, observaba con horror cómo un enano vestido de negro azotaba a su nene con una larga correa negra. Demás está decir que a los gritos de auxilio, todo el vecindario fue a la defensa de Iván. Los refuerzos eran numerosos y poderosos.

No tuve otra opción que la retirada; entré a la residencia de mis padres y me escondí debajo de una cama hasta que, luego de una cacería que duró más de dos horas, fuí detectado por el tío Manuel…

De más está decir, que aquella noche descarté a Látigo Negro como modelo de mi visión. Evidentemente, dado el ambiente urbano de Santurce, el modelo no era viable. Mantuve la visión, pero modifiqué la estrategia sustituyendo a Látigo Negro por la alternativa del nuevo superhéroe urbano: ¨Batman¨… Después de todo, ya tenía la capa negra…

El momento histórico

A pesar de un progreso notable en el nivel de consumo, prevalecen en Puerto Rico condiciones de pobreza que presentan un gran reto al liderato político de este pueblo. Los programas del estado benefactor federal han desvinculado en la mentalidad de las masas el trabajo y el desempeño de cualquier relación con el ingreso.  El ingreso se concibe como derecho de ciudadanía. La sociedad se ha estratificado por niveles de ingreso. La distribución del ingreso y la riqueza se ha tornado en la agenda política soberana.  De ahí que sea notable la palpable hostilidad a la ganancia que prevalece en el discurso político. Esa hostilidad se dirige también contra los ingresos provenientes de la propiedad. 

No es lógico esperar apoyo político mayoritario a las transformaciones estructurales que requiere un cambio de estrategia nacional.  Especialmente cuando se pretende establecer una política en la cual la prioridad es la competitividad. Los números son claros: las mayorías dependen de los programas del Estado Benefactor, no de la producción. 

A la larga la realidad financiera fuerza el fracaso de la irresponsabilidad fiscal, pero a un coste  enorme.  Sólo la expansión hoy de la base de capital productivo garantizará mañana los puestos de trabajo y el flujo de ingresos futuros. En otras palabras, el estándar de vida depende en primer lugar de la acumulación de riqueza y en segundo lugar de su distribución. No al contrario.

Los pasados dos años son evidencia incontrovertible de que los puertorriqueños no tenemos otra alternativa que confrontar decisiones que hasta el momento han sido evadidas. Ya no es posible evadirlas por más tiempo. Para ello habrá que contestar preguntas que requieren ponderación seria si es que el País va a salir del atolladero en que se ha metido.

Sin agotar la lista, se hacen evidentes las siguientes:

  • ·                     ¿Cómo lograr una proporción saludable entre el gasto de consumo inocuo que realiza el gobierno y la inversión de capital en infraestructura y educación necesarias para sostener la capacidad productiva y elevar el estándar de vida de los residentes de Puerto Rico?
  • ·                     ¿Cómo rebasar los impedimentos institucionales y políticos que impiden una gerencia adecuada de las ciudades y pueblos de la Isla?
  • ·                     ¿Cómo lidiar con sindicatos que ahogan las corporaciones públicas aprovechando una gerencia incompetente y un patronazgo político que propicia el chantaje electoral?
  • ·                     ¿Cómo anticipar y neutralizar el ataque demagógico ante propuestas de cambio que exigen de algún arbitrio o tarifa de uso para su financiación?
  • ·                     ¿Cómo dejar atrás la visión burocrática y rutinaria de la gestión promocional de la Administración de Fomento Económico y sustituirla por una gestión estratégica que reconozca la reestructuración habida en los sectores productivos y que descarte como modelo la manufactura definida en términos de bajo coste laboral y otros elementos que no son ya pertinentes a la realidad?
  • ·                     ¿Cómo reconocer el tremendo problema de calidad ambiental que amenaza con la destrucción de acuíferos, bosques tropicales, playas, lagunas, cuerpos de agua de superficie y a la tierra misma?
  • ·                     ¿Cómo zanjar la brecha entre medios y necesidad que ha privado a la mayoría de las familias en Puerto Rico de una vivienda en un vecindario adecuado?
  • ·                     ¿Cómo hacer esto sin incurrir en los errores del pasado que distorsionaron el patrón del espacio urbano, generan demandas imposibles sobre la red de acueductos, de transporte, de distribución de energía, dispersan los recursos de seguridad, salubridad, y educación?
  • ·                     ¿Cómo sacar el sistema judicial de la parálisis e impotencia en que se encuentra ante la explosión de litigios, la insuficiencia del sistema de corrección, la indolencia e impericia de la policía?
  • ·                     ¿Cómo reeducar a un pueblo desencantado, sabedor de la brega de las calles, pero paralizado económica y socialmente por el cinismo?

Lo necesario

Las medidas necesarias para colocar a Puerto Rico nuevamente en un curso de crecimiento económico sostenido son evidentes.

  • ·                     La base contributiva ha de ser ampliada y la incidencia de los impuestos desplazada hacia el consumo.
  • ·                     Los impuestos sobre ganancias de capital a largo plazo han de ser abolidos.
  • ·                     El presupuesto de gastos del gobierno ha de reflejar un balance favorecedor del mantenimiento de la infraestructura, la educación continua de los empleados públicos, la reducción de la nómina, la modernización y descentralización.
  • ·                     Los subsidios a industrias en decadencia han de ser sustituidos por inversiones en sectores estratégicos como la educación, la transportación y las comunicaciones.
  • ·                     El sector público ha de invertir en proyectos conjuntos con empresas privadas para reducir el costo de capital.
  • ·                     Modos de financiación conjunta con capital privado han de ser acogidos con entusiasmo.
  • ·                     La legislación laboral requiere cambios profundos para despojar de rigidez al mercado laboral y potenciar puestos de trabajo a coste unitario competitivo.
  • ·                     Medidas de carácter regulador proteccionista han de ser sustituidos por incentivos al desempeño productivo y a la eficiencia. 

El cliché que reclama que ¨…el modelo económico se agotó…¨ es repetido sin prestar mucha atención a que el modelo ha sido adoptado y emulado a través del planeta por los que hoy prevalecen en la competencia global.  Mientras en Puerto Rico nos hemos ocupado de sujetarlo a todo tipo de lastres para luego decir ¨… es que no funciona…¨

De hecho, la definición de un modelo alterno no ofrece mayores dificultades.  Habrá diferencias en matices y detalles pero no en lo fundamental.  El obstáculo a su adopción radica en la factibilidad política de las medidas indispensables para ponerlo en marcha.

La estructura de producción

El sector productivo de la economía de Puerto Rico es la manufactura financiada por capital no residente.  Desde principios de la industrialización, la manufactura ha evolucionado. Liviana en sus comienzos, luego del fracaso de la petroquímica, hoy día el dinamismo se concentra en la farmacéutica.

Concurrentemente, hay dos sectores que extraen un gran costo a la economía y a la capacidad para elevar la productividad a ritmos suficientes para mejorar el estándar de vida, v. gr., la agricultura y el gobierno.  Ambos pueden modernizarse, siempre y cuando el modelo político que los ha permitido convertirse en canales de expendio del patronazgo se altere radicalmente.

Hoy día el valor de producción agrícola de Puerto Rico refleja subsidios en más de un 80 por ciento.  El flujo de subsidios tiene el efecto pernicioso de financiar el tiempo de espera de quienes especulan con la tierra. Si de veras se pretende generar valor neto de la producción agrícola, la política pública tendrá que aplicar criterios de negocio a las actividades asociadas a ese sector y dejar de contemplarlo como un programa de bienestar social.  Para que la agricultura contribuya positivamente al bienestar social y económico es necesario reinventarla como parte de la industria de servicios. 

El gobierno captura y destruye un enorme caudal de ahorros. Los ahorros son el flujo que nutre el acervo de riqueza.  Para colmo de males, el gobierno emplea mano de obra bajo condiciones de escasez relativa de otros recursos complementarios, v. gr., capital, tecnología, y procesos gerenciales adecuados. El efecto neto de sobre la productividad y, por ende, el estándar de vida es muy negativo.

Del enorme sector informal criminal no hablaremos hoy pero el coste social y económico que imprime al País es descomunal.

La naturaleza urbana de los problemas

Como resultado de la integración a los Estados Unidos, irrespectivo de los limitados recursos propios, los puertorriqueños alimentan expectativas de país rico.  La realidad ha producido frustración, inseguridad, cierto grado de cinismo que obstaculiza la movilización social, coarta el entusiasmo, promueve el egoísmo y provoca el comportamiento antisocial.  La actitud paternalista del gobierno contribuye a intensificar sentimientos de impotencia que corroen la autoestima de los ciudadanos.  Es urgente sembrar expectativas de progreso razonables, saludables, realizables y, a la larga, efectivas.

La estratificación por niveles de ingreso produce intensos dilemas de política pública. Los problemas económicos de la Isla no son independientes de lo que está acaeciendo en los EE UU.  Más bien son reflejo de la realidad urbana de sectores decadentes de la pasada estructura industrial norteamericana.  Comprenderlo es importante para acometer proyectos de acción que confronten la realidad actual.

La ciudad industrial ha perdido su antiguo rol en la medida en que el cambio tecnológico ha transformado la economía mundial.  Los centros urbanos han sido abandonados por la clase media. En estados unidos se nutren de población inmigrante y marginada. En Puerto Rico, con ciertas diferencias, ese patrón se está replicando. Mientras tanto, EE UU ha reinventado la ciudad alrededor de un patrón de usos del espacio ajustado a su realidad continental. A pesar de nuestras limitaciones territoriales, Puerto Rico ha importado ese patrón mediante el uso intenso del automóvil y extenso de la tierra.  En esencia, la naturaleza de los problemas de Puerto Rico es de carácter urbano. 

Se necesita un juego de suma positiva

La sociedad puertorriqueña necesita comprometerse con una meta y un estilo. La meta para esta sociedad tiene que ser la reducción de la dependencia que la ahoga y la condena a la impotencia.  El estilo está forzado por las nuevas realidades, i.e., convertir a sus instituciones en organizaciones veloces.  La profundidad de los problemas y la urgencia que imponen exige rapidez en las decisiones y en la ejecución de las mismas.  La velocidad en la toma de decisiones y en la ejecución de la acción será el determinante estratégico que definirá oportunidades y la probabilidad del éxito en el mercado mundial.

Desafortunadamente, no es práctico esperar que la transformación requerida sea gestada por el gobierno. Tendrá que hacerse desde los sectores privados de la sociedad con la anuencia del gobierno.

Para formular una estrategia que sea viable internamente es necesario acordar previamente una visión aceptable en torno al futuro que se persigue. En ausencia de tal acuerdo cada facción se empeñará en torpedear las iniciativas que identifiqué como propuesta por       otra. En tales condiciones prevalecerá la suspicacia y la sospecha referente a la verdadera motivación que pueda motivar cada propuesta. Se requerirá que los grupos no perciban una amenaza a sus preferencias ideológicas o económicas si la visión articulada se tornara en realidad. En la medida que esa barrera esté presente los esfuerzos de unos serán cancelados por acciones paralizantes iniciadas y sostenidas por los otros.  A lo más que se podrá aspirar en presencia de tal barrera será a poner en marcha actuaciones sectoriales fragmentadas inconexas y desarticuladas.  No obstante, dadas las bajas tasas de acumulación de riqueza, la población percibe un juego de suma cero. La ganancia de uno es vista como la pérdida sufrida por otro. Bajo circunstancias de esta naturaleza se refuerza la incoherencia, la fragmentación, la ineficiencia, la ineficacia y se acorta la vida útil de lo edificado.  Las instituciones se debilitan y el cinismo cunde. Es decir, a la larga, si no a la corta, el camino lleva a la insolvencia y eventualmente a la ruina.

Por todo lo anterior, es indispensable articular un juego de suma positiva en el que las facciones que han paralizado al País adquieran interés propio y todas vean ventaja en participar. Una metrópolis que sirva para potenciar cualquier posible escenario de desarrollo, en relación a las alternativas de relación con los EEUU arrojaría ese resultado, será apoyada por todos en la medida que ninguna la vea como beneficiosa para alguna vertiente a coste de las otras.

El nuevo modelo

La economía globalizada, que hoy domina la dinámica de  inversión, producción y consumo, es una estructura sostenida por una red de ciudades. Esa red de ciudades se extiende por el planeta y rebasa las limitaciones establecidas tradicionalmente por las fronteras nacionales. Son las ciudades las que efectivamente compiten en la economía global. La globalización es un fenómeno urbano sostenido por la interrelación e interdependencia entre ciudades. Para competir con éxito en la nueva economía, los países requieren contar con ciudades capaces de así hacerlo. Resulta necesario reconocer la nueva estructura de producción mundial para que la misma sea incorporada como el nuevo paradigma que oriente el modelo de producción del País.

La factoría del modelo industrial da paso a la ciudad como unidad de producción y competencia.  En el nuevo mundo global, no es suficiente contar con plantas de producción para exportación. En la nueva economía de servicios, de información y conocimiento, la manufactura y los servicios se hacen cada vez menos distinguibles. Los flujos de capital se realizan por medios electrónicos. El papel dará finalmente paso al medio digital para almacenar y transmitir datos e información. Esa profecía es ya realidad aunque muchos aun no se hayan enterado. La ciudad es pieza clave de producción en la economía globalizada. La ciudad es factor clave de producción que impulsa la inserción en la economía mundial. Para que un país pueda alcanzar capacidad competitiva, es indispensable que cuente con ciudades aptas y capacitadas.

En realidad, Puerto Rico no cuenta hoy día con una ciudad. El País tiene grandes extensiones de terreno urbanizado pero una ciudad aun no la ha construido. El Metroplex de San Juan aun no cuenta con los elementos que le cualificarían en cuidad la categoría de auténtica ciudad.

Para competir efectivamente en la economía mundial Puerto Rico deberá desarrollar una ciudad capaz de añadir valor a la economía mundial. Para ello, la alianza entre los ámbitos privados y públicos será esencial.

He aquí algunas especificaciones de construcción para la ciudad capaz de viabilizar un nuevo modelo.

  • ·         La ciudad es para disfrutarse, para sostener un nivel de calidad de vida que enaltezca a sus ciudadanos. Además, hoy día es sistema de producción y sostén de calidad de vida. Para contribuir al bienestar general, la ciudad tiene que dotarse y proveer lo necesario para que sus ciudadanos compitan en el mercado mundial. Cada ciudad, por lo tanto, tiene que formularse las preguntas básicas de un ejercicio de planificación estratégica. Sus entes públicos y privados necesitan identificar fuerzas y debilidades. Se requiere colocar a la ciudad en posición de hacer el mejor uso de sus fuerzas, anticipar como evadir o subsanar sus debilidades. Es necesario establecer una visión de lo posible en el futuro. Para ello, será necesario adoptar estrategias dirigidas a competir en la economía mundial.
  • ·         Tanto la función como la forma de las ciudades son determinantes para que puedan cumplir con su misión. La forma que hoy es patrón ubicuo en las áreas urbanizadas de Puerto Rico no contribuye a la misión de la buena ciudad. Por el contrario, la forma y las funciones de las áreas urbanizadas han derivado en una dinámica perversa que limita y derrota los propósitos aparentes que propulsan el patrón prevaleciente. Es decir, la vivienda superior, el comercio que provee bienes y servicios a distancias cercanas y los supuestos beneficios del suburbio. Ese patrón no parece sostenible en el largo plazo. Su reciedumbre ha sido posible solo por una estructura de subsidios e impuestos que han tenido un doble efecto: estimular el patrón de desparrame y hacer inviable las alternativas.
  • ·         La realidad impone una revolución de principios básicos en el pensamiento que sostiene la política pública y las iniciativas privadas en el País. Los organismos municipales, sus centros urbanos y las áreas suburbanas, desbordadas ya sobre fronteras jurisdiccionales, generalmente no han sido entes viables.  Por el contrario, su comportamiento ha sido el de organismos dependientes. Su contribución neta a la economía del País, con raras excepciones, es negativa. Sus organismos de gobierno, no se ven con responsabilidad de producción y menos de constituir parte de la capacidad del País para competir en la economía global. Los centros urbanos de Puerto Rico constituyen, en ese sentido, un lastre en la ineludible actividad de producción mundial que imponen las circunstancias de la economía globalizada.

Una Visión Estratégica

La dinámica urbana vigente empobrece al País, coarta posibilidades y mengua la viabilidad de cursos de acción alternativos. En ausencia de una estrategia que sea viable internamente prevalecerá la suspicacia y la sospecha referente a la verdadera motivación de los proponentes de cada propuesta.  A lo más que se podrá aspirar en presencia de tal barrera es a poner en marcha actuaciones sectoriales fragmentadas, inconexas y desarticuladas que refuerzan la incoherencia, la ineficacia y la vida útil del acervo edificado. Esta es la ruta a la insolvencia y a la ruina.

Una metrópolis que permita potenciar cualquier alternativa de relación con los EEUU arrojaría un resultado de suma positiva. Es decir, que es un requisito para cualquier proyecto de envergadura en este País que ninguna facción ideológica vea su consecución como beneficiosa solo para alguna vertiente, o que ese beneficio pudiera ser a coste de las otras. De hecho, sólo así será apoyado por todos el desarrollo de casi cualquier iniciativa en Puerto Rico.

Considérese, como ejemplo de la expresión de una visión, el siguiente planteamiento en tiempo pasado.

Haber desarrollado en Puerto Rico, al cabo de un período de quince años, una metrópolis con influencia importante en la Región del Gran Caribe. Una ciudad que logró estructurar la gerencia pública de tal forma que el gobierno dejó de ser obstáculo al desarrollo de su potencial. Una ciudad que sostiene la calidad de vida de sus residentes compitiendo favorablemente para atraer y retener población en interdependencia con el resto de la plataforma de producción mundial. Es decir, una ciudad que logró insertarse finalmente a la plataforma de producción global configurada por la red de ciudades del mundo. Una ciudad que ofrece viabilidad económica y cultural al País bajo cualquier estatus de relación con los EEUU.

Los obstáculos para hacer realidad la visión arriba enunciada son múltiples. Ahora bien, algunos son más formidables que otros.

Tres son evidentes:

  • ·                     La división y suspicacia que cunde entre múltiples facciones de la sociedad puertorriqueña;
  • ·                     El crecimiento del gobierno ha tornado al sector privado en uno relativamente pequeño y, peor aún, dependiente del gasto y la inversión pública.
  • ·                     Tanto la estructura física construida, como la estructura social desarrollada, actúan resistiendo el cambio. Frecuentemente coartan la mera consideración de opciones a través del sistema  dominado por partidos políticos que reflejan y refuerzan la división ideológica (visiones contrapuestas) del electorado.

El resultado de la dinámica generada entre los tres obstáculos arriba enumerados ha sido la indecisión, el estancamiento y la incapacidad para competir en la economía global.

El Talón de Aquiles

Deseo ser optimista con todas las fuerzas de mi espíritu. No obstante, sabemos que, para que funcione, el sistema democrático requiere cierto nivel educativo y un intenso compromiso con el bien común, con el derecho individual y con la protección de las minorías –pero habrá que tener cuidando que la minoría (o las mayorías) no se tornen paralizantes o dictatoriales. El sistema de partidos políticos confronta graves dificultades para servir de vehículo para el progreso social.  De hecho, se puede argüir que en la actualidad de Puerto Rico es vehículo para lo contrario.

Desgraciadamente, la tendencia dominante ha el cultivo de dependencia al gobierno paternalista y autoritario. El deterioro del sistema de valores propicia estilos que gravitan hacia la circunvalación de las reglas, hacia la utilización de los procesos, diseñados originalmente para proteger derechos individuales o colectivos, como instrumentos para bloquear cambios percibidos como negativos para algún grupo beneficiado por la condición operante. El bien común ha sido en buena medida desplazado por el interés especial.

La ingobernabilidad es síntoma y causa del creciente y palpable deterioro urbano. Por lo tanto, atajar la dinámica que impulsa la vida urbana en dirección contraria a lo que la ciudad debe proveer, deberá constituir alta prioridad de política pública. Las áreas urbanas han caído víctimas de la ingobernabilidad. En un círculo vicioso la resultante forma urbana promueve conductas antisociales que afincan comportamientos ciudadanos al margen de la ley, de los reglamentos y de la vida civilizada en comunidad.   

La Junta Asesora de Urbanismo ha considerado los planteamientos aquí señalados en sus deliberaciones.  Próximamente la Junta hará públicas propuestas que requerirán romper con paradigmas que hoy generan parálisis, degradación de la calidad de la vida e impotencia en el País.

One Response to Financiación de Infrastructura

  1. Rocio Montalvo says:

    Ya era hora que pudiesemos leer tus comentarios y que sigas educando a la gente con información relevante, clara y sobre todo honrada.

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