¡Por su obra les conoceréis!

Yo conozco al pájaro por la pluma y al pato por la churretá. Esa expresión de pueblo nos dice que las acciones dicen más que las palabras. Los anuncios que a diario surgen del nuevo gobierno han ido conformando un patrón que permite identificar un denominador común. El denominador común que se hace evidente es el origen. El origen es sin duda alguna el aparato publicitario del gobierno. No hay duda. Se trata de presentar una catarata de supuestas iniciativas a las que se les bautiza con eslóganes para generar una especie de avivamiento general. Los bates para “crear empleos ahora”, los gritos de “somos grandes”, “abajo las banderas, arriba LA bandera”, “juntos podemos”, y tantos otros que se me confunden. Ya no sé si es la bandera o el bate lo que tengo que levantar y para qué.

Mientras tanto, el descomunal descalabro financiero del gobierno se confronta con medidas de probidad gerencial. Por ejemplo, los celulares y la “grasa” que se cortará por vía de contratos no renovados.

Pero, no es cuestión de economizar en celulares. Todas las medidas que se anuncian, aún si se cumplieran, juntas no resolvería nada. Claro, siempre se expresa la excepción con relación a que no habrá cesantías. Pero es que la agencia no es viable. Que el mejor curso de acción es su liquidación. Así de cruda es la realidad que confronta la Autoridad de los Puertos. Esa corporación pública no es viable. Insistir en mantenerla viva ha tenido el efecto de convertirla en una pesada potala que tiene el potencial de hundir al gobierno.

La situación financiera de la Autoridad de Energía Eléctrica no ha llegado al precipicio que implica no poder honrar el servicio de su deuda para con los tenedores de bonos. No obstante, se va acercando.

La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados se aproxima a toda velocidad a un situación donde los representantes de sus bonistas exijan la operación de la cláusula que la obligaría a elevar las tarifas para generar recursos que le permitan servir la deuda. No queda otra opción. Las tarifas habrá que elevarlas en 50 por ciento.

Los fondos de pensiones están insolventes. Ya los políticos no tendrán salida. Cualquier medida que tomen conllevará una reacción irracional y políticamente costosa.

A la Policiá estatal el gobierno le debe $400 millones. Por un período de diez años no le ha pagado. Ahora, la razón para no pagar es que es mucho dinero y no se cuenta con los recursos.

Nos llegó la hora. Igual que a Fausto, Puerto Rico le vendió su alma al diablo y ahora éste se presenta para reclamarla. No habrá publicista que pueda bregar.

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Ansiedad

Me encuentro extremadamente ansioso. La legislatura ha circulado hace apenas horas sendos comunicados de prensa del Senado y de la Cámara de Representantes que anuncia la radicación de proyectos de ley con el propósito de iniciar la “creación” de miles de puestos de trabajo. Para ello, el senador Rosa y el representante Ferrer anuncian vistas públicas en comisiones de ambas cámaras.

Este anuncio apunta a un suceso de gran trascendencia. Representa el descubrimiento de algo que no han encontrado hasta ahora los gobiernos PNP ni PPD del ELA. Me imagino que la receta será patentizada antes de su develación. Creo que tal medida cautelar sería prudente, dado que estamos en una economía global competitiva y la receta podría ser hurtada por espías de jurisdicciones competidoras.

Uno de los detalles que estaré buscando cuando se den a conocer los detalles de la receta para la creación de 50,000 empleos será la cantidad de capital que ello requiera, si alguna. Tengo la sospecha de que el anuncio será de una envergadura tal que pudiera constituir un nuevo paradigma de la teoría económica. Es posible que, como cuenta el Evangelio, se puedan multiplicar los 10,000 “creados” la semana pasada y ¡chás! se tendría el milagro de los 50,000.

Estos 50,000 se compondrán de proporciones tales que podrán satisfacer a cualquier crítico. Habrá puestos de trabajo que paguen el mínimo federal. Los habrá también en el rango de escala salarial de un legislador a tiempo completo. Los habrá en la agricultura, en la manufactura, en la construcción, en el comercio, en todos los sectores. En todos menos en el gobierno. No en el gobierno no. El gobierno aun no tiene recursos para pagar las nóminas de lo que resta de año fiscal.

Me imagino que en la receta para la “creación” de los 50,000 jugará un papel de crucial importancia instrumental el bate de béisbol que llevó el gobernador al evento en que anunció la “creación” de los primeros 10,000. Cualquier hada madrina, cualquier mago que se respete a sí mismo tiene una varita mágica. Estoy convencido que esa es la función del bate del gobernador.

Ansiedad, mucha ansiedad.

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¿El Gobierno y el Tipo de empleo?

Parece haber la noción entre economistas y planificadores en cuanto al tipo o clase de puestos de trabajo que necesita Puerto Rico. Más aun, parece haber otra noción. La que sugiere que alguien tiene la capacidad para escoger cuáles habrán de “crearse” como resultado de acciones de gobierno.

Los puestos de trabajo son generados por la actividad productiva. La tecnología y el capital en conjunción con el esfuerzo de los seres humanos dotados de destrezas, determinan la productividad. Los salarios son establecidos en el mercado y responden a la necesidad que emana del volumen de producción. Los salarios tienden a reflejar la productividad de los que trabajan.

Es decir, que no es posible decidir de antemano que se van a “crear” puestos de trabajo de tal o cual categoría salarial. Esa es una determinación que se realiza en las empresas y que se transmite por el mercado.

En Puerto Rico el mercado laboral no funciona eficientemente. En buena medida, esa ineficiencia surge de la intervención que, por vía de legislación, reglamentación y organización sindical, hace que la productividad no sea el elemento dominante a la hora de determinar salarios. Más bien, es el coste unitario laboral el que se convierte en el parámetro determinante de los salarios.

Uno de los factores que han interferido negativamente en el mercado laboral de Puerto Rico ha sido la promulgación por ley del salario mínimo. El salario mínimo es una medida propulsada por los políticos porque a primera vista luce como algo consistente con una sociedad que busca la justicia social. No obstante, ese instrumento, como otros, puede convertirse en elemento detrimental para el desarrollo de una economía. La introducción del salario mínimo federal en Puerto Rico fue impulsada por un líder sindical que operaba en la industria norteamericana de fabricación de ropa interior de mujeres. Lo hizo como una medida de protección de los puestos de trabajo ubicados en el sureste de los EEUU. Puerto Rico se había convertido en un competidor que atraía fábricas de esa región por la combinación de exención contributiva y bajo coste laboral.

A la larga, la medida de “protección” fue exitosa. Acabó con la fabricación de ropa interior de mujer en Puerto Rico. Las empleadas que permanecieron trabajando en los pocos puestos que sobrevivieron, recibían, como máximo, el salario mínimo. Las desempleadas no recibían nada.

La aplicación del salario mínimo acabó de destruir la agricultura en Puerto Rico. Ello porque la productividad marginal de la mano de obra en la agricultura está por debajo del salario.

El traqueteo de los gobiernos con el mercado laboral resulta generalmente en una pérdida para el bienestar social. En el caso nuestro ha elevado el “precio” de la unidad de trabajo. Para colmo de males, lo ha hecho en un mercado donde hay excedente laboral. El “precio” de la unidad de trabajo, es decir, el coste unitario, no ha podido operar para ajustar el mercado a la oferta de trabajo.

Como resultado del coste laboral con relación a la productividad, las empresas han introducido tecnología y procesos que economizan el insumo laboral. Nuevamente, los que quedan trabajando se “benefician” del alto coste unitario. Pero los que quedan sin empleo como resultado de la sustitución de capital y tecnología en los procesos de producción, van a la dependencia asistencial o emigran.

Los burócratas no tienen la menor idea de cómo averiguar que es lo que debe producir una economía. No saben ni dónde están los mercados, ni cuánto se debe producir. Si no saben ni siquiera dónde buscar esa información, cómo van a determinar qué puestos de trabajo son los necesarios.

La experiencia con la utilización del número de puestos de trabajo como criterio ha sido un fracaso. Ahora se propondría utilizar una escala salarial para otorgar incentivos. Me imagino que ello conllevaría establecer rangos y cuotas. Se daría prioridad a las empresas con los salarios más altos. Me aterra pensar que los burócratas del gobierno distribuyan “incentivos” a base del criterio salarial. El gobierno terminaría, otra vez, favoreciendo la ineficiencia en las empresas. En una condición como la nuestra, de excedente, el criterio lógico sería el contrario. El criterio tendría que ser la productividad. Eso lo conocen mejor los propios empresarios.

Lo mejor que puede hacer el gobierno en pro de la economía de Puerto Rico es salirse de áreas para las que no es competente, precisamente porque es gobierno y responde a la lógica política, no la económica.

En conclusión. Mire, gobierno, no se meta en esto. No haga caso de tales consejos. Claro, yo entiendo, eso no es políticamente atractivo. Pregúntele al nuevo gobernador.

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Emigración

La emigración es un reflejo de las condiciones de vida en los distintos origenes y destinos. Los profesionales van adonde se les aprecia. Esa información la reciben del mercado de trabajo. El mercado envía señales en el lenguaje de salarios, beneficios marginales, condiciones, expectativas de progreso, calidad de vida en los vecindarios. Todos entendemos ese lenguaje. No es la emigración el problema. Son las condiciones que la provocan. Las condiciones que hemos permitido que se entronicen estructuralmente en Puerto Rico. Un gobierno omnipresente, ineficiente, inefectivo, cautivo de intereses político-partidistas. Las condiciones sociales producto del estancamiento son en buena medida derivadas de acciones de sabotaje a la plataforma de producción que había desarrollado Puerto Rico. Ese sabotaje ha tenido su origen en elementos ideológicos contrarios a la relación prevalesciente con los EEUU. Las macro-tendencias eran claras hace mucho tiempo. La propaganda partidista las logró empañar. Ahora, desgraciadamente, es tarde.

Es tarde porque la demografía genera fuerzas muy poderosas que, una vez encauzadas, no pueden cambiar de rumbo en el corto plazo. Las condiciones que hoy prevalecen en Puerto Rico, comenzaron a gestarse durante la década del 1970.

Para complicar el panorama, tómese en cuenta que el desarrollo de la plataforma de producción que ha sostenido la economía de Puerto Rico evolucionó durante 60 años. Dicha evolución respondió a fuerzas exógenas y endógenas. En la medida que estas fuerzas se alinearon, los resultados fueron positivos. El más sobresaliente, sin duda, fue el surgimiento de la clase media.

Hoy la clase media percibe que el País no la aprecia, no la quiere, no protege su propiedad, sus hijos, la vida misma. Esa percepción es reforzada a diario por las señales que genera la sociedad, a través del gobierno. El sistema de impuestos castiga el producto del éxito por medio del impuesto sobre el ingreso de forma progresiva. Castiga la acumulación de riqueza por vía del ahorro, grabando los dividendos. Los gobiernos municipales gravan la propiedad mueble y la inmueble. Los servicios públicos son menoscabados en beneficio de los trabajadores sindicados y de los partidos políticos.

Bajo estas circunstancias, un segmento importante de la clase media parece haber tomado la decisión de no permanecer donde no se le quiere. Se han ido. Muchos más están planificando la salida. Otros la están contemplando como la única alternativa de protección de su estándar de vida.

Las propuestas que se lanzan a diario tienden a reforzar más la opción de la emigración. Hace unos días, por ejemplo, alguien propuso que se erradicara el impuesto al ingreso (con lo que estoy de acuerdo) y se sustituyese con un impuesto a la propiedad. El efecto de esa opción sería desastroso para la clase media, especialmente la jubilada. Ya sus ingresos fueron gravados, sus ahorros sufrieron más castigo al generar rendimientos por vía de sus instrumentos de inversión financiera. Ahora, en acto de supremo cinismo, se les dice que no habrá que pagar impuesto sobre el ingreso (a una clase que solo percibe ingreso por vía de pensiones y ahorros acumulados) y se les anuncia que su propiedad será el objeto de la tributación. Su propiedad que fue el producto de su esfuerzo laboral y depositaria de sus ahorros. Ahora será el objeto principal de la tributación. Su propiedad que el mercado ha desvalorado al colapsar la demanda.

No hay duda. La única opción es la fuga, la huida, la salida, la emigración, el desplazamiento. Llámele como usted desee. ¿Dígame si usted no está pensando en irse?

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¿A quién le corresponde hacer el plan?

En días recientes se ha expresado repetidamente que es hora de producir un plan. Un plan dirigido a sacar a la economía de Puerto Rico de la crisis que confronta. Esta urgencia la han expresado colegas economistas y otros miembros de la comunidad. La más reciente expresión salió de la legislatura.

Ahora bien, ¿a quién corresponde producir un plan? Pues le corresponde al ejecutivo, al gobernador. Al que tendrá que actuar con el beneficio de la dirección que surgirá del plan. El plan que es un instrumento dirigido a guiar la acción. Es el que actuará a quien le corresponde elaborar el plan.

Pero no solo es el plan lo que habrá de requerirse. Será necesario que el ejecutivo conforme una estrategia que dé vertebración al plan. La estrategia es crucial. Consiste de un pronunciamiento conciso, comprimido, breve y claro. Un pronunciamiento que sirva de norte al plan. La configuración de la estrategia es la tarea más importante e ineludible del líder.

Luego de elaborado el plan, el ejecutivo será responsable de formular otros instrumentos de acción. Los mismos serán más enfocados y podrán ser delegados. Se trata de la elaboración de los programas. Los programas definirán los tiempos y momentos en que se organizará la actuación.

El proceso de elaboración del programa principal de gobierno deberá ser replicado en los niveles inferiores de la estructura gerencial. En el caso de un gobierno, a todos los niveles del ejecutivo.

Acá en Puerto Rico hemos formado un enredo alrededor de esta responsabilidad del ejecutivo. Se confunden los términos y los conceptos. Lo mismo se dice plan que estrategia. El concepto del “programa” se ha reducido a las quincallas de promesas que producen los partidos políticos para complacer segmentos del electorado y grupos de interés.

Tenemos un verdadero problema de vocabulario. Y no es un problema insignificante. De éste enredo lingüístico surge una confusión que se traduce en incoherencia. Incoherencia que los colegas economistas están pidiendo que se corrija en el plan que reclaman del ejecutivo.

Tenemos otro problema aun más profundo. Los políticos detestan la planificación. Los políticos funcionan en el corto plazo. Nadan en la improvisación como pez en el agua. Por eso no se trata de que el plan vigente sea bueno o malo. ¡Simplemente no existe!

Por otro lado, es conveniente recordar que nuestro sistema de gobierno funciona en una sociedad organizada alrededor de un sistema económico capitalista. A través del tiempo, la creciente intervención del gobierno ha producido una economía mixta. De hecho, el grado de intervención ha llegado a cotas consistentes con el socialismo de estado. Este brebaje de filosofías ha resultado en una mezcla de aceite y vinagre.

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Superman y los empleos

¿Recuerdan ustedes cuando Clark Kent se metía en una cabina de teléfono y, a la velocidad de un bala, cambiaba su traje de reportero y salía en su atuendo de Superman?

Pues yo lo recuerdo muy bien. Y con esta obsesión que ha desatado el gobernador alrededor de la “creación de empleos” no ceso de pensar en Clark Kent. Con la prisa que llevaba la primera vez que se cambió en la cabina telefónica, se equivocó y se puso los pantalones azules antes que los calzoncillos rojos.

Lo mismo está pasando con los empleos. La demanda por el esfuerzo laboral resulta de la necesidad que impone la producción. Aquí no confrontamos el dilema de la gallina y el huevo. Sabemos que primero tiene que haber una necesidad de producción para que se produzca la necesidad por el trabajo. Una vez establecida la necesidad, las empresas calculan el costo que conlleva cada hora de tiempo laboral –incluyendo el salario, los beneficios marginales, el coste de la descontinuación del contrato de empleo y los tributos sobre la nómina que impone el gobierno. A la luz de ese cálculo, la empresa determina cuanto esfuerzo laboral requiere en función del volumen de producción que planea lanzar al mercado. La empresa consigue el monto de horas de esfuerzo laboral en el mercado de trabajo. En ese mercado se establece el salario.

Tratar de invertir el orden de estos procesos y empeñarse en “crear empleos” como fin mismo de la actividad económica nos llevará a ponernos los pantalones primero y los calzoncillos después.

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La Fuerza de los Números

Algunos números tienen una peculiar característica. Por ejemplo, en el campo de la política, algunos números resurgen con una frecuencia intrigante. En los inicios del desarrollo de la industria petroquímica en Puerto Rico, la Administración de Fomento Económico “vendió” el proyecto argumentando que generaría 12,000 puestos de trabajo. Nunca los generó. No podía hacerlo. Es una industria en extremo intensiva en el uso de maquinaria y estructuras físicas. Hoy es, además, intensa en la utilización de procesos automatizados.

El puerto de transbordo de Ponce (al que en sus comienzos se le denominaba “megapuerto”) se vendió originalmente como capaz de generar 12,000 puestos de trabajo en la región. Claro, el concepto incluía un gran desarrollo de actividades de valor añadido que, de forma directa e indirecta, generarían ese número de puestos de trabajo en la región. Esto era importante subrayarlo a la luz de la experiencia con la industria petroquímica y con la naturaleza de la operación del proceso de transbordo en sí. Los procesos de carga y descarga en ese tipo de puertos son prácticamente automatizados.

Al gobernador Rosselló se le metió entre cuero y carne el número 1,000,000. Un millón de tarjetas que se repartirían entre la población para los trámites asociados a un plan de salud para la población indigente. Con ese 1,000,000 se libraron luchas electorales y se ganaron.

A la gobernadora Sila Calderón se le metió en la cabeza otro número mágico. Se trataba de $1,000 millones. ¡Los dichosos $1,000 millones aparecían hasta en la sopa!

Al incumbente gobernador parece que lo ha picado el número 50,000. Por el momento, ha sido limitado en aplicabilidad a la “meta” que persigue con relación a nuevos puestos de trabajo. Tengo la impresión que, por varios años por venir, estaremos escuchando este número.

Recientemente ha surgido otro número. Esta vez, en inglés. Se trata del “one”. El “uno” es, al parecer, el secreto del desempleo. The Power of One generará 50,000 puestos de trabajo.

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¿Incentivos?

Bendito… He visto la lista de “incentivos” anunciados hoy por el gobierno para estimular la creación de nuevos puestos de trabajo.

Me siento muy triste. No veo nada en la información provista que pueda provocar a ningún empresario a organizar una empresa para aprovechar la oferta del gobierno. De hecho, algunas de las empresas que, por vía de sus representantes, han prometido (simbólicamente) crear puestos de trabajo en números significativos lo hacen para proyectos que ya estaban en marcha. Uno de ellos es Plaza Internacional. Otro es un almacén de distribución de los supermercados Econo. Es decir, esos puestos de trabajo se hubiesen generado sin los subsidios anunciados hoy.

Me imagino que habrán más eventos como el de hoy con la participación de otros grupos empresariales. Quizás los grupos se alineen con grupos industriales. El de hoy parece estar agrupado alrededor de comerciantes. Se destacan en este grupo los establecimientos de dispendio de comidas rápidas, supermercados y almacenes de venta de bienes de consumo en centros comerciales, por ejemplo, Plaza Internacional.

Estos elementos del comercio no generan producción de potencial de exportación. Más bien son distribuidores de bienes importados. Por lo tanto, la efectividad indirecta de los puestos de trabajo que pudiera “crear” no contará con efecto multiplicador significativo en la economía local.

Me preocupa el programa copiado de la ciudad de Atlanta, Georgia, bautizado con el slogan “The Power of One”. La información que se tiene del resultado de esa iniciativa en Atlanta no ha sido verificada por ningún agente independiente. No se sabe si los 29,000 puestos de trabajo que reclama el Gobernador de Georgia fueron creados, o de qué porción, si alguna, fue de empleos nuevos. Lo que si se sabe es que Georgia no tiene buena reputación en lo que a la información que distribuye se refiere.

Me duele decirlo, pero hasta el momento, el paquete de incentivos anunciado me parece un aguaje, por no decir “un paquete”.

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Producción vs. Subsidios

¿Sabían ustedes que los subsidios de gobierno a la agricultura de Puerto Rico sobrepasan en valor la producción agrícola?

¿Sabían ustedes que en el 2010 se radicó un proyecto en la Camara de Representantes de Puerto Rico para ordenarle a la Junta de Planificación que computara la contribución al producto que hace la agricultura en Puerto Rico de forma distinta a la que determinan los métodos y conceptos de las cuentas nacionales?

En otras palabras, cada dólar de producción agrícola le cuesta al gobierno más de un dólar en subsidios. La solución: ¡cambiar la forma de computar el producto para que sea mayor!

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Cuidado con el Banco Gubernamental de Fomento Económico

El Banco Gubernamental de Fomento Económico (BGF) es el principal instrumento financiero del gobierno de Puerto Rico. Además, funge como agente fiscal del gobierno y de las corporaciones públicas. Hoy día el BGF cuenta con unos $2,000 millones en liquidez. La situación financiera de la institución se ha fortalecido poco a poco. No obstante, hay preocupación de las agencias que clasifican su grado de calidad crediticia.

En el pasado, el BGF ha sido sometido a presiones portentosas desde el poder Ejecutivo con el fin de utilizar sus recursos financieros para capitalizar proyectos originados en promesas de naturaleza política. Uno de esos casos fue el proyecto de Comunidades Especiales. En esa ocasión, el gobernador de turno exigió a BGF que aportara $500 millones a un fondo especial (que supuestamente sería “permanente”). Con esa aportación se crearía el corpus del fondo dotal. La aportación del BGF, constituyó, en palabras de uso ordinario, un regalo que salió del capital del banco. Luego, el Ejecutivo pidió al BGF que otorgara al fondo un préstamo de $500 millones adicionales (supuestamente “permanente”) dando como garantía el monto de capital aportado en primera instancia ($500 millones) por el propio BGF.

De esa forma se capitalizó el proyecto que iba dirigido a crear un fondo “perpetuo” de $1,000 millones para hacer obras en comunidades de arrabal. Se utilizó un eufemismo para describirlas en el parloteo político, v.gr., “comunidades especiales”. Recientemente ese eufemismo se ha sustituido por otro, v.gr., “comunidades desventajadas”.

Llámense como se llamen, ese programa de inversión generó un gasto que sobrepasó el monto originalmente colocado por el BGF en fondo “perpetuo” ($1,000 millones). El golpe a la hoja de balance del BGF fue significativo y se reflejó en el estado de situación financiera.

Hoy se anuncia la radicación de piezas legislativas dirigidas a “obligar” al BGF que “capitalice de la manera que sea necesaria) a una nueva entidad, denominada Corporación de Inversión Apremiente (“Coina”). La cantidad que la ley (de ser aprobado el proyecto) obligaría al BGF a colocar en “Coina” sería de $500 millones.

Esta vez, al BGF se le estaría obligando, por la legislatura, a capitalizar otra entidad. La intención sería que dicha entidad tenga como fin invertir en acciones preferidas emitidas por empresas que “crearían empleos”. ¿De dónde saldrían esos $500 millones? Pues, del capital del BGF, o de la emisión de deuda nueva (bonos). Nada se dice en el proyecto en cuanto a como se recuperaría dicha inversión, colocada a riesgo, en empresas cuyo fin no necesariamente será añadir valor a la producción, sino la “creación de empleos”.

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