Impago Selectivo

  La decisión de no pagar el servicio de la deuda que el gobierno de Puerto Rico tiene con los tenedores de bonos de la Corporación Para el Financiamiento Público (PFC, en Inglés) es resultado de un calculo legalista recomendado por sus asesores. 

No es cierto que el gobierno no cuente con liquidez suficiente para efectuar el pago de 57.9 millones de dólares que vencieron ayer sábado, 1 de agosto de 2015. De hecho, el gobierno anunció que su situación de liquidez mejoró y que por ello podrá mantener operaciones normales hasta noviembre del corriente año. Es decir, que aumento su liquidez en el equivalente a dos meses de operaciones. Ese logro se debió a que un puñado de corporaciones públicas fueron forzadas a emitir el viernes notas, es decir, préstamos de cortísimo plazo, a favor del gobierno por una cantidad estimada en $400 millones. 

No la razón para no pagar el servicio de la deuda de la PFC es otra. Se estima que un 40 por ciento de la deuda de la PFC fue vendida a inversionistas pequeños residentes en Puerto Rico. Se trata de individuos y entidades que colocaron sus ahorros en dichos instrumentos confiando en el récord de cumplimiento del gobierno del ELA. Entre ellos encuentran cooperativas, bancos, fondos de pensiones 401K, sistemas de retiro y jubilados ya. Tienen en común estos tenedores de bonos de la PFC el que, como he señalado, son pequeños y probablemente tiene una exposición mayor a otros instrumentos del gobierno del ELA. 

Los asesores del gobierno han concluido de su análisis que este grupo de inversores está en posición débil. En primer lugar, la teoría de los asesores gira en torno a que los tenedores de la deuda de la PFC, por ser ésta pagadera de asignaciones legislativas y por no tener garantía constitucional, tiene un camino empinado en los tribunales. El gobierno reclamará que la legislatura no hizo una asignación específica en el presupuesto corriente para el pago. De hecho, ya el gobierno ha expresado en declaraciones oficiales esa defensa.

 Poco importará el efecto económico que tenga está decisión. Los asesores legales del gobierno han escogido esta deuda para avasallar un grupo de inversores relativamente débil para dar un escarmiento e intimidar al resto de los grupos inversores. De esa forma el gobierno escogerá los pagos que en adelante hará, y los que no hará. La estrategia descansa en aplanar al grupo vulnerable de inversores predominantemente pequeños y con el arsenal más limitado en lo que a los procesos de reclamación concierne. 

 Una vez se entiende la estrategia de los asesores, se hace evidente el porqué de las contradicciones entre las acciones y los pronunciamientos de los oficiales del gobierno. La más evidente es decir que el impago de este vencimiento no es un impago. Lo explican diciendo que, por la naturaleza del cómo se atiende ésta deuda, si no aparece la asignación en el presupuesto no se puede pagar y, por lo tanto, según la teoría, no se está faltando a la obligación de hacerlo. 

El contrasentido es tan grande que recientemente se ha sustituido por otro razonamiento. Aunque los fondos estuviesen consignados en alguna partida agregada en el presupuesto, no hay liquidez en el gobierno para desembolsar el pago. Al mismo tiempo, ayer anunciaba el Secretario de la Gobernación, que la liquidez había aumentado y se evitaría un cierre de gobierno hasta noviembre.  

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El poder que se diluye

La ingeniero Ingrid Vila (IV), quien ostentara el cargo de Secretaria de la Gobernación durante los primeros 21 meses de la actual administración, ha planteado, como alternativa para permitir el cambio que es necesario en Puerto Rico, romper los dos principales partidos políticos. Parecería que el incidente se reduce a eso y nada más. No lo creo. Se trata de mucho más.
Las expresiones de IV fueron en respuesta a un intercambio con el analista radial Enrique (Kike) Cruz. La reacción del publico fue de parcial aprobación y total sorpresa. Confieso que inicialmente pensé que IV había cometido un “faux pas”. De hecho, me dio la impresión de que en los primeros segundos, luego de su sorprendente declaración, IV estuvo a punto de retractarla por vía de la explicación que diluye. Pero, no. IV se mantuvo en su posición. La reacción del partido fue contundente, pero inefectiva. Más allá de recordarle que fue parte integrante del gobierno actual, hay poco que puedan hacer los oficiales del PPD. Lo dicho, dicho está.

Luego de unos días de escuchar los ataques que ha recibido la ex Secretaria de la Gobernación de miembros del PPD, les tengo que confesar que he concluido que sus declaraciones no deben sorprender a quien haya observado el desarrollo sufrido por la sociedad puertorriqueña durante las pasadas décadas. Los partidos políticos se han convertido en causantes de gran parte del deterioro económico y social que sufre el país. 

El fenómeno está lejos de circunscribirse a Puerto Rico. Las instancias en que el poder que ostentaban los partidos políticos se va deteriorando, abundan. La emergencia de facciones y grupos espontáneos se está dando como un fenómeno verdaderamente global. Solo para ilustrar el punto, basta con mencionar los “ocupa”. que nacieron en Tailandia, y sus primos hermanos, los “indignados” de la Plaza del Sol en Madrid. Este grupo ha parido al resultante partido “Podemos”. Movimientos, segmentos y organizaciones que reclaman derechos usurpados, o aún protegidos, por el sistema para trabajar en contra del sistema mismo. Pequeños grupos logran convertir el proceso de toma de decisiones en que se fundamente la democracia, v.gr., gobierno por regla de mayoría, en un sistema donde el poder se ejerce, por vía del veto, desde las minorías.  

Con la perdida de su hegemonía, los partidos tradicionales han perdido capacidad para ejecutar las acciones derivadas de sus posturas programáticas o de circunstancias que en un momento de crisis lo requieran. Han perdido la capacidad para aquilatar las cambiantes condiciones y de ajustarse a ellas. Más bien todo lo contrario, los partidos tradicionales se aferran al pasado conocido, ante el temor que les infunde el presente que no comprenden y el futuro que les aterra.

Hoy, tanto el PPD como el PNP están bajo ataque de facciones internas que hacen cada día más difícil la gobernanza. Tan seria es la situación en el PPD que en estos momentos no puede decirse categóricamente que el partido de gobierno tenga la mayoría en la legislatura. La facción soberanista ha encontrado un flanco débil y ataca con determinación, bloqueando piezas legislativas consideradas cruciales por el ejecutivo para lidiar con la crisis fiscal. En la lucha que luego se desdobla, la facción se fortalece, mientras el partido y el gobierno muestran cada vez mayor debilidad.  

Un ejemplo dramático de los resultados provocados por la mencionada facción es la derrota de la propuesta del gobernador para la transformación del sistema tributario. La gran paradoja de nuestras circunstancias consiste en que, impulsado por una filosofía interventora paternalista, el gobierno adquirió una escala desproporcionada en tamaño, pero incapaz de gobernar. El enorme aparato de gobierno es hoy de tal porte que paraliza el esfuerzo productivo privado y público. 

En las pasadas décadas, el sector público se ha inflado adquiriendo características propias de las que se observan durante ciclos de “exuberancia irracional”. Las expansiones que se desbocan, a la larga se hinchan y revientan. En esas estamos en lo que se refiere al gobierno. 

Pero, además, hay fuerzas que están trabajando en contra de la lógica de organización de los dos pasados siglos. De ahí que la “solución” que propone la ex Secretaria de la Gobernación de Puerto Rico no pueda ser descartada como una mera expresión de frustración exagerada. De hecho, la quiebra de los partidos políticos de Puerto Rico es un evento probable en el corto horizonte. 

Las promesas rotas de candidatos y partidos, la capacidad que hoy ofrece la tecnología para organizarse de forma casi instantánea, entre otros factores, establecen un nuevo libro de reglas para las organizaciones que conocemos. Pequeños grupos y hasta individuos, son hoy capaces de ejercer un poder de convocatoria que hasta hace dos décadas estaba muy reservado. 

La burbuja del gobierno-todo-poderoso ha reventado. El poder se disipa y los remanentes de las organizaciones políticas y económicas de los siglos XIX y XX se pelean por los despojos. El momento histórico que nos toca vivir está lleno de incertidumbre. Contrario a lo que sucede en sociedades agrarias, el pasado ya no será guía para anticipar el futuro. Todo cambia, desde el clima del planeta, hasta el concepto de la familia y la organización de la producción y el comercio. Todo se transforma ante nosotros en un acelerado proceso de metamorfosis y mutación que nos maravilla y, a la vez, nos aterroriza.

Lo que en realidad confrontamos como sociedad es una pregunta fundamental: ¿será gobernable el Puerto Rico contemporáneo?

Publicado hoy 15 de junio de 2015 en Noticel, Blogs.  

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Tic, toc, tic, toc…

Viejo Reloj

Reloj de la Mallorquina, San Juan, Puerto Rico

Sería injusto que el plan de negocios presentado por la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) a sus bonitas y acreedores sea evaluado más allá de lo que es su objetivo central. El objetivo del plan elaborado por el equipo de la Oficial de Reestructuración (OR), Lisa Donahue, consiste en extraer a la AEE de su actual condición de ruina y ponerla sobre sus pies para cumplir con sus obligaciones. No debe causar sorpresa que el plan hasta ahora develado comience por y resalte el aspecto financiero.

No hay duda que será necesario reestructurar el monopolio del Estado. El equipo de la OR ha concluido que el aspecto financiero es el punto de arranque del esfuerzo de reestructuración. No obstante, el equipo de la OR parece haber incurrido en múltiples aspectos operacionales. Uno de ellos es la optimización de los inventarios de combustible. Ahora bien, el plan se circunscribe al sistema de la AEE. Por lo tanto, no debe, en justicia, valorizarse el plan de reestructuración en función de si atiende o no objetivos que están más allá de su alcance.

Por otro lado, no hay duda alguna en que el precio de la energía eléctrica que ha establecido el monopolio del Estado hace inviable la actividad productiva en Puerto Rico. El precio de la energía eléctrica en Puerto Rico incorpora factores que son de naturaleza esencialmente política. El mejor ejemplo de esa realidad es la obligación que en ley confronta la AEE para subsidiar los gobiernos municipales. Ese subsidio se realiza por vía de un trueque. La AEE suple energía a los municipios a cambio de unos supuestos pagos en lugar de derechos de paso, impuestos y patentes.

Un subsidio adicional escondido que pesa sobre la AEE radica en la displicencia con que la gerencia de la AEE, la del gobierno central, y las corporaciones públicas, han ignorado la obligación de pago por la energía eléctrica consumida. Con la falta de pago se ha acumulado una deuda que supera la suma de $650 millones. Aunque, en términos relativos, los montos pendientes de pago podrían lucir pequeños, el efecto que tienen es demoledor sobre la clientela que sí paga por su consumo y paga a tiempo. De igual forma, las tarifas especiales legisladas en favor de ciertos consumidores residenciales y de entidades públicas, como la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), añaden un elemento que desmoraliza y provoca el robo y el impago a través de toda la sociedad.

El precio al que suple la AEE a la economía de Puerto Rico no es posible mantener la viabilidad de la actividad productiva. Para reducir lo que representa un coste insostenible para la atracción y retención de empresas es necesario que la energía sea suplida en Puerto Rico a precios competitivos. Es decir, que al compararse con otras posibles ubicaciones de localización geográfica, el coste no resulte en el factor que descalifica la operación en Puerto Rico. De todos los factores que en conjunto determinan el coste unitario de producción de energía eléctrica, el predominante es el precio del combustible.

Supongamos que el coste de producción de energía rondara el rango los $0.08-$0.10 kw/h, y que el precio máximo promedio al que la energía eléctrica pudiera ser suplida en Puerto Rico, manteniendo el atractivo de ubicación, fuese entre $0.13-$0.15 kw/h. Supóngase, además, que el horizonte limite en que ese costo se proyecta alcanzar fuese de tres años. Entonces, el plan de reestructuración de AEE tendrá que ser acoplado a un programa de ejecución de un plan de desarrollo de la plataforma de producción de Puerto Rico.

 A continuación presentamos elementos de un plan que tendría que cumplir con varios requisitos críticos y alcanzar un número de objetivos intermedios. Sobretodo, el plan tendrá que contar con los recursos indispensables para su ejecución. Entre estos recursos se deben resaltar los siguientes: capital de riesgo, financiación interina, compromiso institucional y apoyo político y el tiempo mínimo requerido.

Un plan de reestructuración deberá incorporar los elementos críticos. Uno de esos elementos es obvio. Resulta indispensable recapitalizar la industria de producción y distribución de energía eléctrica.

El limitante financiero que hoy ha colocado de rodillas al monopolio estatal sólo puede atenderse adecuadamente por vía de la introducción de socios privados. Socios que tengan capacidad para suplir capital de riesgo, construir y operar instalaciones sustitutas. Deberán, además, tener capacidad para obtener financiación intermedia.

Los criterios gerenciales que habrán de operar en la producción y distribución de la energía eléctrica han de ser exclusivamente económicos. Los criterios políticos han imperado. El resultado ha sido devastador. Los partidos políticos, a través del poder que ejercen sobre el legislativo y el ejecutivo, han hecho mmucho daño. Ahora tendrán que echarse a un lado y dar paso a la utilización eficiente y efectiva de los escasos recursos de capital, tiempo y espacio necesarios para reestructurar la industria.

 El mundo se ha movido rápidamente hacia una economía global. La economía globalizada es un fenómeno creado por y el que compiten ciudades. Por lo tanto, para competir efectivamente en la economía global se requiere contar con una ciudad. Si Puerto Rico va a competir en la economía global, requiere de una plataforma idónea. Requiere, pues, de una ciudad con la que hoy no cuenta.

El área extendida que hoy llamamos ciudad, no es otra cosa que un enorme suburbio. Un suburbio ineficiente y falto de las densidades necesarias para que los servicios necesarios puedan ofrecerse con efectividad. Una torta urbanizada moldeada por las estructuras físicas e institucionales del período de industrialización y por remanentes de la época agraria. Así podemos describir lo que otros llaman zona metropolitana extendida de San Juan. El “metroplex” si se quiere. El vacío que en ella se encuentra, la ausencia de una ciudad, constituye un impedimento de primer orden para competir en la economía global.

La ciencia y la tecnología han cambiado radicalmente los fundamentos de la organización de la producción. Las estadísticas recopiladas y publicadas periódicamente por los organismos de gobierno fueron originadas para medir la producción de una época que ya pasó. Por ejemplo, no existe ya diferencia significativa entre la manufactura y los servicios. Las estructuras de producción han evolucionado. De hecho, estamos en medio de una revolución de la producción. El producto de la industria farmacéutica no consiste meramente de sustancias contenidas en pomos. No, lo que produce la industria farmacéutica es “conocimiento” en píldoras. El papel moneda ha dado paso a impulsos eléctricos y a fotones de luz.

La disponibilidad de energía, su producción, distribución y precio son factores de localización de rango estratégico. La oferta de energía, a precios sostenidos por debajo de los $0.15 kw/h, es indispensable para sostener la producción y añadir valor a la economía del mundo. De esa capacidad depende el estándar de vida al que podemos aspirar.

Un plan adecuado para la AEE debería establecer objetivos a distintos términos y a la vez que reconoce realidades ineludibles. Las realidades que confronta Puerto Rico establecen la necesidad de acortar el horizonte del plan a un período menor de diez, y más cercano a, los cinco años. Por otro lado, la realidad financiera actúa en dirección contraria. Ese conflicto deberá ser resuelto en negociación con los acreedores y la solución deberá incorporarse al plan.

El plan para la AEE debería reconocer las siguientes realidades y objetivos:

  •  Repetimos que el horizonte de ejecución del plan no puede alcanzar los diez años. A lo máximo, el plan deberá completarse en menos de cinco años.
  •  La solución es la conversión del sistema de generación a gas natural (GN). Se requiere proveer reservas adecuadas del GN, redundancia en el sistema para garantizar la distribución del combustible a las diferentes generadoras en la forma más costo-efectiva y de acuerdo a las necesidades inmediatas del sistema. Se requiere ademas mayor eficiencia ya sea por rehabilitación y/o remplazo de las generadoras y mas importante aún, el suplido del gas natural a costos mundialmente competitivos.
  •  Para ello, será necesaria la construcción y puesta en operación de las instalaciones de desembarque y regasificación de gas natural en el Aguirre Gasport en el 2017.
  •  Resulta esencial reconocer que el problema del país no puede resolverse, en forma costo efectiva, sin la infraestructura necesaria para mover gas natural desde las instalaciones en el sur de la isla, (Eco-Eléctrica y las que serán construidas en el Aguirre Gasport) a las que lo utilizarán en el Norte de la isla,.
  •  Para cumplir con lo anterior se requiere solamente aceptar el enorme error que representó la cancelación de los gasoductos, retomar el diseño y la construcción de ambos proyectos para entrar en operación simultáneamente con el comienzo de la operación del Aguirre Gasport.
  •  Solamente con la infraestructura necesaria en operación, podrá AEE negociar contratos a largo plazo para el suplido del GN a costos mundialmente competitivos. Es necesario que el plan de recuperación de la AEE tome en consideración que los contratos para el suplido de gas natural a largo plazo deben ser negociados en el momento apropiado para que el suplido sea a precios competitivos.

Existe el peligro de que el plan, según la versión publicada, resulte en que se realice una inversión de sobre $400 millones en el sur y que luego la operación del Aguirre Gasport, que conlleva $100 millones anuales de operación y mantenimiento, no exceda el 20% de su capacidad. Ese sería el resultado en caso de no contar con la infraestructura para trasladar y suplir gas natural a las unidades ubicadas en Costa Sur y a las plantas generatrices ubicadas en el Norte de la isla. Tal cosa sería inaceptable. No hay que decir que el Aguirre Gasport tendrá que funcionar a capacidad para que todo el sistema se beneficie del la conversión a gas natural.

El plan deberá tomar en cuenta que el sistema de producción y distribución de energía eléctrica en Puerto Rico requiere cierto balance geográfico. La distribución geográfica óptima será requerida para la estabilidad del sistema y para cumplir con el reglamento de emisiones federal (MATS).

Las plantas generatrices del Norte son elementos críticos para la confiabilidad del sistema. Para ello, se requiere llevar gas natural al norte. Es en la planta de San Juan donde se ubican las unidades #5 y #6 (con capacidad para generar 400 MW). En la actualidad, estas unidades son las generatrices más eficientes del sistema de AEE. No obstante, por no contar con suplido de gas natural, y para acercarse a cumplir con la restricción federal de emisiones contaminantes, se ven forzadas a quemar el combustible más costoso, v.gr., destilado #2. Paradójicamente, al utilizar el combustible más caro, las unidades más eficientes contribuyen a elevar el coste promedio de producción de energía del sistema. Resulta imperativo cambiar esta práctica.

Durante su primera fase, el plan de recuperación presentado recientemente por la OR contempla una inversión valorada en $1,150 millones. El plan contempla proseguir con la construcción del Aguirre Gasport y con la conversión a gas de las unidades instaladas en Palo Seco (210 MW). De esa forma se proyecta que las mismas utilicen gas natural en el 2022.

 Aunque el plan reconoce la importancia de las generadoras del norte, somos de la opinión que no reconoce explícitamente la importancia del factor tiempo para la economía de Puerto Rico. El plan de negocios develado a ésta fecha no parece atender el crítico problema que presenta llevar el gas natural al norte de la isla. Por lo tanto, no está claro que se alcance la operación óptima del Aguirre Gasport. Dicha operación está estrechamente relacionada con la capacidad instalada para llevar y utilizar gas natural en el sur y en el norte de Puerto Rico.

El sistema resultante de la reestructuración deberá incorporar un grado de redundancia para asegurar funcionalidad sostenida. Además, el suministro de gas natural no sólo deberá contar con más de un puerto de entrada a la isla, sino que deberá estructurarse con cierta diversificación para evitar que el país se vea a la merced de un suplidor único.

La inversión de capital prevista en el plan de la OR tendrá como objetivo reemplazar o sustituir gran parte de la plataforma de generación y distribución existente. El plan vislumbra una mayor eficiencia y una dramática reducción en el costo del combustible. El plan supuestamente resultaría en economías del orden de $1,520 millones anuales. Estas economás podrían traduccirse en una reducción en la facturación del orden de $0.08 kw/h. O, precisamente, en los recursos necesarios para reactivar  la economía.

Nos preocupa que el plan de negocios presente un horizonte de planificación tan lejano como diez años. La economía de Puerto Rico no soportará un década adicional de estancamiento. Una demora de diez años significaría que un renovado sistema de producción y distribución no pueda contribuir a la recuperación de la economía de Puerto Rico a tiempo. El plan de recuperación develado se circunscribe al ámbito financiero del monopolio estatal. De hecho, el plan contempla posibles aumentos en el precio de la electricidad y proyecta un precio promedio de $0.21 kw/h. El aspecto fundamental que define el propósito mismo de la entidad parece quedar en segundo plano. Es decir, impulsar la productividad de la economía de Puerto Rico. Ese aspecto, no obstante, que es de vital importancia, requiere que se reduzca significativamente el costo relativo de energía eléctrica en la isla. He aquí el elemento estratégico para el crecimiento y expansión de la economía del país.

Por Elías R. Gutiérrez, Ph. D., Economista – Planificador y Walter Ruíz, Ph.D., Ingeniero Consultor

Publicado originalmente en Sin Comillas. http://sincomillas.mobapp.at/#news/2.0/?p=51964

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Inimaginable

Hoy nos reunimos los amigos que formamos parte de la clase graduanda de 1960 de la Academia Santa Teresita. Nos reunimos para compartir recuerdos de una época en que, con juventud, entusiasmo, esperanza y cierto temor a lo desconocido, nos enfrentamos al mundo. De eso ya hace 55 años. Algunos han emigrado a otras jurisdicciones. Otros ya no están con nosotros. Recordemos el camino andado y reconozcamos a dónde hemos llegado.

Vimos cambiar el mundo a una velocidad asombrosa. Fuimos parte del proceso de cambio. Lo vivimos en nosotros mismos. No nos dábamos cuenta cabal de lo que estaba ocurriendo a nuestro alrededor. No solo cambiaba nuestro medioambiente físico, los cambios sociales eran aún más radicales. Cambiaba el código de valores. La sociedad misma se transformaba en un proceso que incluyó trastornos y dolores de parto. La “píldora” lo transformó todo. Comenzando por el tamaño y rol de la familia. 

Somos la generación que nació durante la Segunda Guerra Mundial. Durante esa guerra estuvimos a punto de la hambruna por el bloqueo que establecieron los alemanes con submarinos. Alemania llevó a cabo una brutal campaña de aniquilación de los barcos que traían el suplido de comestibles del que dependía la isla de Puerto Rico y el resto del archipiélago para subsistir. La población de nuestros padres y abuelos tampoco se dio cuenta plena. Ello fue resultado de una política explicita de control de información para evitar el pánico, la especulación y el almacenaje ilegal de mercancías.

Escuchamos los partes de prensa de los muertos y heridos en la guerra de Corea por la radio. Corrimos el riesgo de la destrucción nuclear y no nos dimos cuenta. Nos vinimos a enterar que había otra guerra en Vietnam, Laos, Cambodia. Una guerra que entró luego en una etapa fría. Se llevaba a cabo en lejanos escenarios geográficos en los que peleaban fuerzas aliadas de la Unión Soviética y de la alianza Occidental. Esa guerra fría se extendió a nuestro hemisferio. Cuba se convirtió en plataforma desde la cual se materializó lo que pudo haber representado la aniquilación de nuestro archipiélago y de buena parte del territorio continental de Norteamérica. Tampoco, de eso nos dimos cuenta cabal. Eramos muy jóvenes y nos creíamos protegidos.  

Nos comenzamos a percatar de cuán peligrosa había sido la crisis cuando ocurrió el magnicidio. El Presidente Kennedy fue asesinado en Dallas, Tejas. El líder de la reivindicación negra y de derechos civiles, Martín Luther King, fue asesinado pocos años después. El ex secretario de Justicia de los Estados Unidos, senador por Nueva York, candidato a la presidencia y hermano del asesinado presidente Kennedy, cayó también víctima de una bala asesina. 

La teocracia se apoderó de Iran. Los revolucionarios islámicos persas tomaron por las armas la embajada de los EEUU y mantuvieron durante meses como rehenes a decenas de norteamericanos. El integrísmo de los ayatollahs eventualmente se extendió por el mundo. El World Trade Center fue bombardeado por terroristas. Embajadas de los EEUU y una fragata de guerra fueron bombardeados en Africa. En septiembre 11 de 2001 las torres gemelas del World Trade Center fueron demolidas por aviones civiles bajo el comando pirata de terroristas islámicos.   

La ciencia y la tecnología han logrado un desarrollo que muchos pensaron solo podrían ver en películas de ciencia ficción. La aviación comercial adoptó al jet. Las comunicaciones explotaron en todos los medios. La radio de onda corta dio paso a la televisión por aire, luego al cable. Eventualmente, la tecnología analógica fue superada por la digital. La luz transportada por fibra óptica dio velocidad inimaginable a las comunicaciones. El internet introdujo un mundo universo de infinitas posibilidades que se nos achicó rápidamente.

¿Quién lo hubiera dicho? Nos reunimos en momentos en que éste país nuestro atraviesa un profunda crisis. Una crisis que amenaza con hacer colapsar su gobierno. Como generación, no hemos sabido administrar las riquezas que dejó la generación previa. Riquezas que no se limitaron a los acervos físicos ni financieros. Las dos generaciones anteriores nos legaron instituciones que contribuyeron al capital social. El engrudo que da cohesión y fortaleza al tejido del que está hecho la sociedad. De la abundancia pasamos a la insolvencia. Estamos hundidos en deuda y no pegamos una.

Ni siquiera cuando intentamos hacer cosas buenas logramos ejecutar con efectividad. Parece ser que sólo sabemos organizarnos para pedir. El escudo de Puerto Rico debería mostrar el nido de un águila con tres polluelos. Desgaznatados, chillando por el gusano que trae la madre en su pico. De plumaje incipiente los tres polluelos están pintados de rojo, azul y verde. No hay paz entre ellos. Se pelean por que su pedazo sea el mayor. Así mismo, nuestra sociedad ha sido incapaz de aunar esfuerzos. Las facciones predominan. El bien común no es prioridad. Las guerrillas internas se ocupan de hacer imposible el avance.  

Lo sucedido con la propuesta transformación del sistema de impuestos constituye la mejor evidencia de los males que nos están destruyendo. Desde el comienzo sentí temor por lo que acontecería en la legislatura cuando el ejecutivo radicara su propuesta de transformación del sistema de impuestos. Lamentablemente, la legislatura estuvo a la altura (o a la bajura) de lo que podía esperar de ella, y más, mucho más. El desempeño de la rama legislativa ha demostrado que nuestro sistema de gobierno se ha tornado inoperante. El sistema responde exclusivamente a las presiones ejercidas por pequeños y múltiples grupos de interés especial. 

La parálisis que produce un electorado dividido en dos partidos resulta en una situación precaria que es aprovechada por grupos y facciones, pequeñas en número, pero de férrea y tenaz determinación. Como regla general, esos grupos son guiados por objetivos estrechamente definidos. En el caso de las facciones, los objetivos están subordinados a metas definidas en términos ideológicos y/o filosóficos. Sea lo que sea, el resultado ha sido la parálisis ante la necesidad de acción, la incoherencia ante la necesidad de orden y liderato, la simplonería ante la complejidad de la problemática. 

Hoy, el País se encuentra inmerso en una crisis de proporciones gigantescas y la población aún no da señales de haberlo comprendido. Es aquí donde se refleja el fracaso de nuestro sistema de instrucción pública. Noten que no digo sistema de educación. No, el sistema cambió sólo de nombre. Peor aún, no sólo ha fracasado en la educación pública. El sistema ha perdido su capacidad para ofrecer instrucciones mínimas a la población para que se atenga a un comportamiento civil que proteja los más básicos principios de convivencia en democracia. 

En medio de una vorágine de cambios en la estructura misma de nuestra sociedad, siento tener que concluir que hemos fracasado como generación. No aprendimos lo suficiente de las anteriores. Hemos malbaratado la riqueza que nos legaron. Nos hicimos adictos a los recursos que nos transfiere el gobierno federal. Nos excedimos en tomar prestado. Olvidamos que no puede repartirse lo que no se produce. Olvidamos que para producir es necesario el capital, su financiación, gerencia, planificación y destreza laboral. Olvidamos que el principal ingrediente que requiere el desarrollo es la confianza. Sin ella no hay crédito ni financiación. Sin confianza encontraremos estancamiento y retroceso.

Ahora, nos sacude la realidad. La generación de nuestros padres y abuelos construyó la clase media a la que muchos hicimos ingreso. Hoy, estamos en fila para salir por la puerta que tiene el letrerito que lee en letras rojas EXIT.  

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El “acuerdo” de la Conferencia Legislativa PPD

No se sabe si hay un “acuerdo”. Unos dicen que sí y lo describen a su manera. Otros dicen que sí, pero lo describen de otra forma. La Conferencia Legislativa, presidida por el Gobernador y compuesta los los representantes y senadores de la delegación Popular.


Lo que reseñan los diarios, de ajustarse a los hechos, hoy 15 de mayo de 2015 describe el peor de los caminos. Como yo había anticipado, se han unido los peores ingredientes para intentar confrontar la crisis fiscal del gobierno.

Se ha optado por descartar las buenas características del IVA y adoptar las características malsanas del actual sistema de impuestos que hoy obstaculiza la actividad productiva. Lo que ha prevalecido es un ejercicio de explotación a los sectores productivos por parte del sector de gobierno.

La economía de Puerto Rico se contraerá como resultado de la implantación de lo “acordado” anoche. La capacidad estructural de producción saldrá erosionada a un grado mayor. Tampoco se ha logrado reducir la brecha de credibilidad y confianza que hace ingobernable a ésta sociedad. Este es, de hecho, el resultado más evidente. Ya circulan, por ejemplo, versiones que tratan de interpretar de formas distintas lo supuestamente “acordado”.

Por otro lado, la oposición política sigue repitiendo pamplinas y reclamando la existencia de remedios indoloros y evidentes para resolver la crisis, que ellos mismos ayudaron a crear, sin coste alguno para nadie. 

Lo único que podemos quizás agradecer del producto que nos obsequia el gobierno es que no nos sorprendió. Lo anticipamos. Como decía aquella hermosa canción: No hubo sorpresa alguna cuando te hallé. 
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Paella Valenciana

He leído los reportajes de presa y escuchado algunas entrevistas difundidas por WKAQ en el programa de noticias de Rubén Sánchez. La temática es, por supuesto, el tranque que ha habido entre la Legislatura y el Ejecutivo sobre los impuestos. Confieso que mis sospechas son cada vez más fuertes. Nos dirigimos a legislar un desastre.
La facción que ha detenido la iniciativa del Ejecutivo está a punto de lograr algo que parecía imposible. Lo que será aprobado en la Legislatura es un popurrí que incorporará todo lo malo del actual sistema, pero en escala mayor. Todos los beneficios de la propuesta original del Ejecutivo serán tronchados. Las “ideas” que están flotando demuestran un grado de ignorancia extremo.
Se reniega del IVA y corre el rumor que cinco de los seis legisladores del PPD que han detenido el proyecto del Ejecutivo pretenden que se regrese al arbitrio cobrado en los muelles. Se propone que se establezca un impuesto en transacciones entre negocios (B to B).  Busca una solución mediante una alternativa real. Se define como “real” aquello que cuente con 26 votos en la Camara y 14 votos en el Senado. ¡Valiente definición! A los cuatro vientos se ha lanzado la rigurosidad analítica, la utilización de los modelos econométricos desarrollados para considerar alternativas por vía de una gran inversión de recursos.
La paella valenciana que surgirá de este proceso de negociación dominado por la facción soberanista incorpora todos los sistemas que han sido descartados anteriormente por ineficientes y causantes de efectos dañinos. Todo lo que falsamente se levantó para objetar el IVA estará incorporado en el brebaje. 
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Baseball o Softball

La facción que paraliza hoy al partido de gobierno en la legislatura se siente en control. Actúan con la misma actitud que caracterizó a los estudiantes que organizaron y condujeron la última “huelga” en la Universidad de Puerto Rico. No es posible negociar ni llegar a acuerdos. Sus exigencias son insaciables. Parecería que buscan el tranque por el tranque mismo. El cisma que se ha abierto dentro del PPD no se limita al tipo y filosofía de una transformación del sistema de impuestos. El cisma se da también en torno al tipo de democracia por el que se desarrollarán los procesos que generan las decisiones. 

Las pretensiones de los representantes que aparentan seguir el liderato de la alcaldesa de San Juan están revestidas de un lenguaje que reclama un grado de participación que no es el contemplado por la democracia representativa. Las tácticas aplicadas durante la llamada huelga, en el contexto de una administración timorata e incapaz de hacer cumplir la ley y los reglamentos por temor a la reacción política, paralizó la institución y triunfó en sus objetivo estratégico, v.gr., infligir daño político al gobernador de entonces.
En la encrucijada en que se encuentra la economía de Puerto Rico, la facción soberanista de la Camara de Representantes pretende jugar con un libro de reglas distinto. Pretende forzar a la delegación de PPD y al Ejecutivo a jugar con el libro de reglas de la democracia participativa. Por un lado reclaman igual jerarquía constitucional que la rama ejecutiva. Por otro lado, claman por una participación “amplia” e indefinida de organizaciones supuestamente componentes de la llamada “sociedad civil”. Claro, luciría que los componentes que se desea que entren a formar parte del dialogo con el Ejecutivo son aquellos que se inclinan a favor de las posiciones de la facción que hoy le hace frente al Ejecutivo. De lo contrario, se estaría clamando por la incorporación de grupos que diluirían la fuerza que ha producido la presente composición legislativa. En esa composición coexisten tres grupos. La delegación del partido de oposición sólidamente en contra de las propuestas del Ejecutivo; la delegación disciplinada del partido de gobierno; y la facción pequeña, pero suficiente para vetar la aprobación de cualquier medida legislativa en la Camara de Representantes.
La distribución del poder que hoy se da en la legislatura y el apalancamiento que la tecnología y las comunicaciones instantáneas ofrecen por vía de las redes sociales, provocan un situación que raya en la ingobernabilidad. El partido de mayoría ha perdido la capacidad para gobernar a pesar de los escaños que obtuvo en las elecciones. 
El discurso político no guarda relación con la realidad que se desprende de los números que cuentan. Es decir, de los datos fiscales y financieros que evidencian la profundidad y amplitud de la crisis del gobierno. La escasa credibilidad que aun es depositada por la opinión pública en el gobierno le hace muy difícil conducir el debate. La gente no cree, no entiende, y creo que tienen deseos de entender, el estado de situación. La gente quiere pensar que la crisis y las consecuencias que se anuncian por el Ejecutivo, se trata de una mentira urdida para lograr legislación impositiva. Peor, la opinión cultivada por el partido de oposición es que la mentira urdida es parte de una maquiavélica maniobra dirigida a generar recursos que serían luego utilizados con fines electorales. 
La inmensa mayoría del público no entiende ni quiere entender ni siquiera los elementos básicos de la propuesta del Ejecutivo. Es más fácil optar por engañarse y aferrarse a supuestas alternativas que, de forma simple y sin dolor, despejen las advertencias y los llamados al sacrificio. Nadie está en disposición de prestar atención a lo que explica el Gobernador. No le creen. No quieren creerle. Creerle impondría una carga muy grande. Habría que considerar la acción. Habría que admitir la gravedad de la situación financiera del Estado. Habría que aceptar el sacrificio.
He criticado al gobernador desde que asumió el cargo por su exagerado optimismo. Así como el ex Primer Ministro del anterior gobierno Socialista de España se empeñó en borrar del diccionario de la Real Academia la palabra “crisis” pensando que con ello la erradicaría, el Gobernador sólo hablaba de sus logros en el ámbito económico. No importaban los datos, no importaban las opiniones informadas de quienes dábamos la voz de alarma, no importaban las señales que enviaban los mercados de capital a través de las casas de evaluación del crédito. Al parecer, fue convencido por sus asesores, o llegó él por sí mismo, al convencimiento, de que la propaganda oficial provocaría la recuperación económica y fiscal. Pues no, todo lo contrario. Lo que provocó la propaganda oficial divorciada de la realidad y el optimismo bobo de los publicistas, fue que se rompiera el frágil cáliz de credibilidad del que ha de tomar el líder para conversar con el pueblo. Hoy el pueblo no le cree ni le quiere creer.
Escuchar y considerar la explicación del Gobernador conllevaría aceptar que estamos jugando beisbol con pelota dura. Habría que aceptar que la distancia entre las bases es de 90 pies y la verja del jardín central está a 400 pies del plato. Habría que aceptar que no estamos jugando softball. Habrá que tener cuidado con un pelotazo porque la esférica no es ni grande ni blandita. Habrá que aceptar que, como pueblo, nos hemos equivocado nuevamente. Ahora el Gobernador tiene razón. Ahora las supuestas alternativas que lanzan improvisadamente quienes no han profundizado en la naturaleza, profundidad y amplitud de la crisis, no son suficientes para ahorrar en el gasto ni para generar los recursos necesarios. 
El Gobernador tiene la razón cuando dice que para mantener el nivel de gastos crecientes que confronta el gobierno se requiere confrontar una necesidad de $1,500 millones anuales. Esa magnitud tendrá que levantarse por vía de una combinación entre recortes presupuestarios y aumento en los recaudos. El Gobernador tiene razón cuando explica que el IVA es, en realidad, una forma eficiente de cobrar el IVU. Por ello, vociferar contra el IVA no es otra cosa que rechazar una mejor captación del IVU.  El Presidente del Senado tiene razón cuando exige que la economía presupuestaria por el lado del gasto tiene que acercarse a los $1,000 millones. El Gobernador tiene razón cuando dice que se acabó el tiempo y que un cierre parcial de gobierno es probable. Las supuestas soluciones que ahora se escuchan requieren tiempo y capital. De ahí que no están disponibles en el corto plazo, dado que no se cuenta ni con lo uno ni con lo otro.
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Armisticio

Aceptemos la realidad. Nos encontramos en un momento crítico y de gran peligro. Es indispensable actuar.  El diccionario enciclopédico Vox.1, Larousse 2009, ofrece la siguiente definición para el termino armisticio.

m. Suspensión de hostilidades pactada entre pueblos o ejércitos beligerantes.
Eso, exactamente, es lo he venido sugiriendo. La irresponsabilidad, la poca credibilidad, y el partidismo fanático han provocado que la desconfianza haya escalado alturas que provocan ya la ingobernabilidad. A pesar de que hay suficiente grado de concordancia en cuanto a lo que es necesario hacer en el gobierno, los partidos no están dispuestos a sufrir el coste político de acometer, realizar o aún, intentar lo obvio.
Por lo tanto, es indispensable que los dos partidos principales, y las facciones que a su interior les inmovilizan, celebren un armisticio. El objetivo a perseguir con ello será la definición de una agenda consistente cinco áreas de acción. Esas cinco áreas de acción delimitarán una cancha dónde se permitirá que el gobierno (de cualquiera de los partidos firmantes) actúe sin recibir el ataque del otro. Que, además, cualquiera medida de éxito alcanzada por el partido gobernante no se utilice como material de campaña proselitista durante el tiempo de vigencia del armisticio.
Decía Protagoras que “….el hombre es la medida de todas las cosas”. En cada mano tenemos cinco dedos. Con ellos, nuestras manos son capaces de realizar proezas. A modo de ejemplo, propongo el siguiente conjunto limitado inicialmente a cinco áreas de trabajo que estarían sujetas a la protección del susodicho armisticio para buscar su reforma, reestructuración, viabilización financiera, ajuste, disposición o reconstrucción.
1) Ajuste fiscal ante la insolvencia del Estado; 
2) corporaciones públicas y gobiernos municipales;
3) sistema de salud pública sostenible;
4) estructura de legislación laboral; y
5) sistema de educación pública.
Por supuesto, los términos reforma, reestructuración, ajuste y reconstrucción conllevan significados dirigidos a lograr cambios radicales que hasta hoy día han probado ser políticamente imposibles a pesar de ser económica y financieramente ineludibles.
Creo que limitando a cinco áreas de trabajo protegidas de la gestión política electoral, llevaríamos a una dimensión comprensible por hombres y mujeres de buena fe el trabajo necesario para encaminar ésta sociedad nuestra en la dirección correcta. 
 
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Ingobernabilidad

Participación, transparencia, dialogo, concertación, plan de país, multisectorial,  evaluación, desarrollo, sustentabilidad, reingeniería, reestructuración, balance, alternativa. Son nombres, verbos, adjetivos, en fin, palabras utilizadas para describir un nuevo modelo de gobernanza. Palabras que escuchamos con tal frecuencia que van perdiendo efecto. El glosario político se ha nutrido y abusa del uso de las palabras que conforman esa muestra y de otras que por el momento dejo escapar. 

Un buen ejemplo de cómo el sistema político tuerce la realidad y se engaña así mismo se manifiesta en torno a las finanzas públicas. El gobierno ha sido irresponsable con el manejo de los haberes. La lucha política se centra en los presupuestos. Los presupuestos son ejercicios de pura contabilidad. La contabilidad de doble entrada es el instrumento fundamental hizo posible el capitalismo. Fue puesta en aplicación general en el siglo 13 en Florencia. Probablemente, la virtud más importante del sistema de contabilidad que sostiene el capitalismo es que detecta errores. Cuando los gastos exceden los ingresos el sistema genera un aviso. A este aviso se le denomina déficit. Los déficit se acumulan de año a año y van añadiéndose al monto de la deuda pública. Una buena parte de la deuda pública del ELA se acumuló de esa forma. 
Los políticos a los que el electorado ha encargado de administrar los bienes públicos cumpliendo con ciertas reglas básicas no lo han hecho. Una de esas reglas consiste en no empeñarse en aprobar presupuestos de gasto en exceso de los ingresos proyectados. Este mandato fue considerado con tan alta prioridad en la escala de importancia que la misma se incorporó a la Constitución. La Constitución es la ley que gobierna al Gobierno.
No obstante, los políticos responsabilizados por regentear los haberes del Estado han hecho caso omiso del mandato constitucional referente a la relación entre ingresos y gastos. Cuando los números de ingresos y gastos no cuadran, los políticos y funcionarios han recurrido una y otra vez a la maravillosa frase que reza de la siguiente manera: “…no es un asunto contable, se trata más bien del desarrollo económico…” 
Siguiendo el mismo estilo, cuando se enfatiza la necesidad de cumplir con obligaciones dictadas por la deuda pública, algunos dicen que es “impagable”. Los que así lo afirman, no se aventuran nunca a decir si se refieren a la totalidad o a una parte de la deuda. Si fuera a una parte, uno espera que nos ilustren explicando qué por ciento de ella si sería “pagable”. Claro, cuando se plantea la “alternativa” en la cuál “otro” es el que paga, súbitamente el 100 por ciento sería catalogado “pagable”.
La alternativa ante el más mínimo sacrificio consiste en recetar el dialogo y reclamar la transparencia. Dialogo interminable y transferencia en una sola dirección. Dialogo que buscará un solución sin dolor, adecuada y promotora del desarrollo económico. Una alternativa que no conllevará despidos de empleados públicos, recortes en partidas de subsidio, no conllevará la suspensión de ningún programa social. Se presume que tal alternativa existe y que será una alternativa de “consenso”. Por definición, dado que existe la alternativa y que la misma será de “consenso”, nadie estará opuesto a ella, todos la apoyarán. Por supuesto, para acomodar a los que se oponen al cambio por el cambio mismo, todo seguirá igual.
El sistema de gobierno que rige en Puerto Rico está basado en el modelo de democracia representativa. Un grupo de candidatos se presentan al electorado. Algunos son elegidos y otros no. La regla de oro es que la mayoría manda y escoge. Los escogidos gobiernan por el período de tiempo que se haya preestablecido al momento de su elección. Existe una creciente frustración con el funcionamiento de este modelo de gobierno cautivo, como está, de los partidos políticos y con los resultados que es capaz de mostrar.  
Un movimiento que persigue la reconquista del poder ciudadano por vía de un grado de injerencia e intervención directa por grupos que emanan de la llamada sociedad civl  provee métodos y estrategias novedosas que luchan y compiten con los procesos tradicionales de gobierno.    La democracia participativa alega aproximarse más al concepto original griego de democracia directa. En esta nueva versión del modelo de gobierno democrático los representantes electos pierden su capacidad para dilucidar, proponer y aprobar decisiones de forma libre. Los reclamos de participación y transparencia se convierten en instrumentos de control ejercidos por grupos, segmentos, y facciones que paralizan los procesos decisionales que antes controlaban los representantes, una vez electos. 
Los números que definen las mayorías electorales  ceden su predominancia a la capacidad de organizar. La capacidad de organización se convierte en el factor determinante del poder. La aplicación de instrumentos de comunicación instantánea otorgan a líderes espontáneos el potencial para organizar un mínimo de las poblaciones y hacer imposible la gobernación desde las instituciones tradicionales de la democracia representativa.
Paradójicamente, la adopción de métodos y tácticas como los practicados por movimientos que alegadamente propugnan la democracia participativa pueden convertirse en impedimento formidable que haga imposible la gobernación bajo condiciones normales de representatividad. En ese caso, optar por medidas de emergencia puede resultar en períodos de gobernanza de excepción. El decir, el resultado de la excesiva participación, transparencia, dialogo y persecución de un arisco consenso, puede conducir a un estado final menos democrático que el que rige con todos sus defectos bajo el modelo de representatividad. El peligro de la ingobernabilidad se agiganta cuando se incorpora un elemento adicional. La población en general no posee el conocimiento mínimo necesario para analizar y llegar a conclusiones correctas y a decisiones acertadas para resolver problemas complejos producto de una sociedad infinitamente más compleja que la sociedad de las ciudades griegas que inventaron la democracia representativa.   
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Credibilidad

Cuando el gobierno pregonaba que su meta de 50,000 empleos nuevos se había alcanzado; cuando el Índice de Actividad Económica mensual se publicaba los viernes a las 7:00 pm pregonando incrementos mensuales, y escondiendo las caídas interanuales; cuando se hacía evidente que la capacidad de producción de la economía era víctima de un gobierno que castiga el éxito, el ingreso y el ahorro; cuando se pregonaba que se había alcanzado el “punto de inflexión” en la curva negativa y descendente de la actividad económica; cuando se demonizaron los mensajeros que advertían que la percepción de riesgo que proyectaba Puerto Rico en el mercado de capital auguraba lo peor; cuando los partidos políticos arreciaban sus acostumbradas andanadas de ataque y proponían los mismos disparates que nos colocan hoy en la bancarrota; el pueblo interpretaba los sucesos con distanciamiento, desinterés y cierto grado de cinismo.

Los partidos políticos reflejan las actitudes e inclinaciones preferenciales de sus bases. Para los estadistas el ELA es el origen y causa de todos los males llegados y por llegar. Para los independentistas la causa única de los males que nos afligen radica en “la condición colonial”. 
Para los que votan con el PPD la fuente sobre la mesa contiene más variedad. De `hecho, consiste en “…todas las anteriores”. Yo, no obstante, pienso que ninguna de las anteriores es suficiente para explicar la causa real de la debacle que estamos viviendo. 
La causa radica en la irresponsabilidad. Los partidos y movimientos han sido irresponsables y han cultivado que la irresponsabilidad haya sido premiada por sus respectivos electorados. Los supuestos “no afiliados” no escapan de esta condición de irresponsabilidad colectiva. De hecho, sus votos fueron determinantes en el proceso de premio a la irresponsabilidad. Consistentemente el electorado conformó mayorías que castigaron a los líderes que osaron indicar que era necesario un cambio de rumbo. Así mismo premiaron a los que sistemáticamente buscaron excusas fantasiosas para desviar la vista del origen de lo que es hoy un desastre.
La causa del desastre no es el status político. No, la causa es haber olvidado que no es posible distribuir indefinidamente lo que no se produce constantemente. Con el fin de comprar victorias electorales, el gobierno fue convertido en una máquina de distribución de ingresos futuros. En el proceso se ha creado una casta parasitaria que vive de la distribución del gobierno. La máquina de distribución fue adquiriendo vida propia y se convirtió en el principal cliente de sí misma. De ahí el gigantismo, la elefantiasis que hoy la caracteriza. 
La irresponsabilidad que nos hunde se ha visto en todos los confines del mundo. Los resultados han sido siempre catastróficos. La hemos visto destruir colonias, ciudades, estados federados, países independientes o asociados, regiones y, por supuesto, imperios. Para ilustrar esta última categoría, recuerde el lector al Imperio Romano y a la Unión Soviética.
El status ha sido la excusa a la mano para ocultar la verdad. La verdad es evidente. Nosotros mismos hemos destruido el sector público y buena parte del sector privado de la economía. 
La solución es también patente. Claro está, no es glamorosa ni agradable. La solución no está en más distribución. No, la solución está donde siempre ha estado, en la producción. Para elevar la producción será necesario el sacrificio del ahorro. El mayor impedimento lo levanta el propio gobierno. El “Java The Hutt” que hemos creado para distribuir lo nuestro y lo de otros. Se requerirá mucho sacrificio para acumular capital productivo a base del ahorro interno. Se requerirá liderato para proteger el esfuerzo requerido del ataque que lanzarán los partidos, los movimientos y las facciones que compiten entre si para mantener el poder de la distribución. El liderato no podrá coagular si carece de credibilidad. He ahí la clave y el talón de Aquiles. Credibilidad es lo que pide el mercado, el Secretario de la Tesorería Federal y la sociedad en general. No serán suficientes los slogans y las frasecitas ingeniosas compuestas por publicistas que no entienden lo que está sucediendo. He aquí el gran reto que confrontamos como sociedad. Estamos en medio de una crisis de confianza.   
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