Puerto Rico’s financial crisis

The OpEd piece found on the following hiperlink was published by the Washington Examiner on June 20, 2014.

Puerto Rico’s financial crisis.

20140622-100724-36444265.jpg

Puerto Rico’s financial crisis may need a Washington solution

ELIAS R. GUTIERREZ • | JUNE 20, 2014 | 12:00 PM

After nine years of economic stagnation, Puerto Rico is in desperate need of private investment, as the island teeters on financial collapse.

Nevertheless, the Puerto Rican government has done little to foster the confidence of investors. Instead, it has embarked on a spending spree fueled by a risky cycle of taxation and borrowing that threatens to chill private investment.

Budget deficit financing became the norm. More than $70 billion in long-term debt was accumulated with little to show for it. Now, Puerto Rico’s runaway spending appears to have reached its limits. Constitutional restrictions on additional debt issuance have been reached and the commonwealth’s credit was downgraded to junk level.

This should be cause for great alarm not just on the island but also in Washington, where policymakers may have to step in amid increasing calls to provide a bailout that would dwarf the massive infusion of federal aid Detroit received after it went bankrupt.

Even as the government undertakes important cost-saving efforts to restructure burdensome public employees’ pensions, the situation on the island becomes increasingly dire with each passing week. Most recently, a public dispute erupted between the government and one of the island’s leading banks, Doral. At issue is more than $230 million that the bank claims Puerto Rico’s Treasury Department owes it. The dispute has already reached the courts.

Not only is this dispute drawing renewed attention to the island’s fiscal woes, it also has the potential to send an unsettling message to investors — that the government doesn’t honor its debts.

In this context, Gov. Alejandro Padilla must fill the leadership void and lead his administration in confronting the insidious dynamics threatening the island’s prosperity, including vociferous labor unions content with the status quo and a private sector convinced it is under siege by a revenue-starved government.

Up to now, the government response to the fiscal crisis has been clumsy and ineffective, to say the least. Among other things, it has sought to generate revenues entirely on the backs of middle-class taxpayers, business owners and others in the private sector who make significant contributions to the economy.

The government has come up with a barrage of senseless tax measures, such as the controversial one to require local businesses to pay taxes based on their gross income in a given year, even if the businesses actually wound up with net losses that year.

Then there is an absurd tax proposal that seeks to siphon $9.8 million a year from an agency responsible for insuring the deposits individuals have in savings and credit cooperatives. If that were not bad enough, the money siphoned from the insurance fund has a dubious purpose: to provide $50 million in subsidies to the cattle and milk industry. Fortunately, the Legislature has seen the light and this legislative proposal has no chance of passing. (We could only hope that reason prevails in the Treasury-Doral dispute with a quick settlement.)

All the while, the size of government in Puerto Rico has continued to grow dramatically, with a Keynesian excess that is being championed by a political class that appears to have forsaken the private sector. Today, 60 percent of the island’s residents rely on government for jobs or basic needs, like housing and food subsidies.

Is it any wonder, then, that Puerto Rico’s credit rating has been downgraded to junk status? Or that real estate on the island has lost about 40 percent of its value? Or that Puerto Rico is hemorrhaging capital as well as experiencing an exodus of residents seeking economic opportunity on the mainland?

For Puerto Rico to climb out of its current hole, it must make some tough decisions. For starters, it must get over the seemingly insatiable appetite is has for private-sector income. Continuing to raid the insurance fund for credit unions, or outright reneging on tax credit agreements with local financial institutions, can only have a damaging effect on the confidence of ordinary citizens and investors.

In addition, current government expenditures must be drastically cut. Hefty annual surpluses must be generated and sustained for the next decade. These savings would then be leveraged to finance a sustained investment effort strategically directed to modernize and expand the island’s productive capacity.

More than that, the populist mentality that gave rise to big government must now yield to policies that shift the center of gravity in the commonwealth toward the productive sectors of the economy. And finally, the government must be willing to confront the unreasonable demands of labor unions, whose members have become accustomed to concessions that the government can no longer afford.

Only then will Puerto Rico position itself to emerge from a crisis that has the potential to ensnare U.S. policymakers as well as threaten the economic security of future generations on the island.

Posted in Economic Policy, Policy | Tagged , , | 1 Comment

Sólo La Verdad Nos Salvará

Hoy el ex presidente de la Camara de Representantes, Ronaldo Jarabo, ha recomendado al gobernador García Padilla que, aunque tarde, presente al país con la verdad. La verdad concerniente a la situación financiera del Estado. Concurro con el llamado del amigo Rony Jarabo. Sin esa verdad la población no será capaz de asimilar las consecuencias que pronto se traducirán en decisiones y la ejecución de las mismas. La asimilación de la verdad es elemento indispensable para que la población acepte los sacrificios y esté dispuesta a remar en la dirección que apunten los líderes. En ausencia de una revelación sincera y completa reinará el caos producido por los distintos grupos de interés. Cada cual optará por defenderse, por moldear la ejecución de las medidas que se ponderan de forma tal que su grupo quede en posición privilegiada y de excepción.

Es necesario que el gobernador comprenda que la gravedad del problema estructural de la economía de Puerto Rico no se puede atender con frases de motivación, ni con un slogan fabricado por publicistas, ni con las medidas acostumbradas. Las medidas que formaron costumbre son responsables de haber colocado esta economía en el pantano en que yace atrapada. Es necesario romper con el populismo.

La salvación de nuestra economía requiere desplazar el peso de gravedad que ejerce sobre ella el sector público de gobierno para abrir espacio al sector productivo. La productividad marginal del gobierno es negativa. Cada dólar adicional que captura el sector público tiende a reducir el valor la contribución económica del gobierno. Por ello es necesario un desplazamiento radical en las prioridades del gobierno según reflejadas en los presupuestos. El presupuesto de gastos del gobierno y sus entidades satélites han de ser reemplazadas por un esfuerzo de grandes proporciones dirigido a facilitar la inversión.

Sin inversión no se podrá reemplazar el acervo de capital obsoleto y depreciado con que cuenta el país. Sin inversión no podrá absorberse población activa en los procesos de producción. Sin inversión no podrá sostenerse en el futuro inmediato el estándar de vida de la población. Sin inversión no podrá retenerse la fuerza laboral residente. Sin inversión se perderá la clase media. Sin inversión no puede sostenerse el gobierno.

Para lograr los ritmos de inversión requeridos será necesario ejercer liderato y pedirle al país que trate la situación como si fuese una situación de guerra. Y no estoy exagerando. Nos va la vida en este esfuerzo.

Habrá que establecer un esquema que logre extraer del sector público los excedentes hoy día capturados improductivamente el aparato de gobierno, para financiar un esfuerzo de ahorro e inversión sostenida por los próximos doce años. Para lograr encaminar un esfuerzo social de esta naturaleza será necesario que los dos partidos político principales convengan en un armisticio. Un armisticio para salvar el futuro. Esta es la única salida que tiene viabilidad en el largo plazo.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

¿Cómo se reactiva ésta economía?

Columna publicada hoy 14 de marzo de 2014 en la sección NEGOCIOS de EL Nuevo Día página 50.

He aquí la pregunta que ha desafiado a los gobiernos de Puerto Rico por los pasados ocho años. Todos los indicadores apuntan a que la economía se halla estancada. Empantanada en una condición que la contrae y le impide alcanzar la escala mínima necesaria para sostener el estándar de vida al que se había acostumbrado la población.

El gasto consolidado del gobierno sobrepasa los $26,000 millones anuales. No obstante, el efecto multiplicador no parece funcionar. El número de empleados no crece. Por el contrario, la fuerza laboral se ha contraído. La población residente ha menguado a razón de aproximadamente 100 personas por día. Los estimados censales apuntan a una pérdida de medio millón de personas. La inversión del gobierno ha desaparecido. La inversión del sector privado no alcanza ni para cubrir una parte pequeña de la depreciación del acervo de capital construido.

Los esfuerzos tradicionales con los que se estimulaba la inversión no generan resultados. Los incentivos no incentivan. Los puestos de trabajo se destruyen a un ritmo superior a los que se crean por el efecto natural de reemplazo. Todas las variables se refuerzan mutuamente y van en dirección de acelerar el proceso de contracción de la economía. ¿Cómo detener y cambiar la dirección de una espiral como la que se ha entronizado?

En otra época una ruta de acción hubiese consistido en aumentar el gasto público, especialmente la inversión, en varios múltiplos. Entonces, aun a pesar de la apertura de la economía de Puerto Rico, el efecto sobre la demanda agregada se reflejaría sobre la creación de puestos de trabajo. Las circunstancias prevalecientes no permiten ese curso de acción.

SECTOR PRIVADO. No hay capacidad financiera en el gobierno para generar el impulso. Por lo tanto, cualquier esfuerzo tendrá que ser iniciado y financiado por el sector privado.

Hasta ahora el sector privado ha estado maniatado por un gobierno que lo tolera pero realmente lo considera un cuasi-enemigo. Ello a pesar de que el gobierno sólo puede subsistir de la sangre del sector productivo. El gobierno dejó de ser productivo, si en algún momento lo fue, para convertirse en un sector parasitario.

Una reducción del tamaño del gobierno no es suficiente para lograr que la economía se reactive. Será indispensable que cualquier ahorro logrado al reducir la escala del sector público y su presupuesto de gastos se convierta en un aumento en inversión de capital productivo en el sector privado.

Todas las señales que envíe el gobierno y reciba el sector productivo deberán ser coherentes y consistentes en un nuevo objetivo que deberá ser perseguido sin tregua. Para ello será necesario cambiar radicalmente el sistema de impuestos que estrangula la economía en general y la clase media en particular. Como he abogado en innumerables ocasiones, el impuesto sobre ingresos sería abolido y sustituido por un impuesto sobre el consumo (preferiblemente un impuesto sobre el valor añadido). Los impuestos sobre inventarios y los cargos que hoy hacen de las transacciones un costoso laberinto de arbitrios, sellos y otros gravámenes, serán descartados. Los detalles de esta reestructuración del sistema de impuestos es larga y compleja. Pero lo importante resulta ser el principio y el objetivo que se busca. Se busca reducir el coste de capital luego de impuestos y el coste de las transacciones que tienen lugar en ésta economía.

PRODUCTIVIDAD: Es necesario elevar la productividad de la fuerza laboral. Una buena parte de la fuerza laboral de Puerto Rico está en el sector público. Se deberá comenzar un proceso de elevación de la productividad de esos empleados para facilitar su entrada al sector privado productivo. Para ello, se comenzará un proceso de elevación de conocimientos en todas las dependencias del gobierno. Para ello se dedicará un día por semana a estudiar materias que incluirán: lectura y escritura en español e inglés, matemáticas, elevación de destrezas en la utilización de sistemas computadorizados, principios de contabilidad y finanzas, ética y buenas prácticas alimenticias.

El gobierno resistirá la tentación y no escogerá las áreas industriales a ser impulsadas. Eso lo hace mejor el propio sector privado. La burocracia del gobierno ha demostrado sin lugar a dudas que incapaz de administrar las entidades públicas. No hay razón alguna para pensar que pueden hacerlo bien escogiendo y rechazando empresas privadas. No obstante, lo recursos disponibles para inversión desde el sector público, ya sea total o en sociedad con entes privados, se canalizará con altísima prioridad hacia la rehabilitación de la infraestructura de transportación, comunicaciones y, sobretodo, energía.

La economía de Puerto Rico no es viable dado el coste unitario de la energía que consume. El monopolio estatal que produce y distribuye la energía eléctrica deberá funcionar en un ambiente de competencia que le obligue a cambiar radical y rápidamente su cultura. Los proyectos para transportar gas deberán ser reconsiderados.

EDUCACIÓN. El sistema público de educación constituye un gran fracaso. Será indispensable rehacerlo alrededor de un nuevo concepto de sus unidades escolares. Las escuelas que por años ha administrado la Universidad de Puerto Rico son un ejemplo de la calidad que puede lograrse fuera de la esfera asfixiante del Departamento de Educación. En realidad, son “charter schools”. He ahí el ejemplo a seguir.

El titulo de este comentario “¿Cómo se reactiva ésta economía?” implica que la reactivación de la economía es realizable como resultado de iniciativas originadas desde el gobierno. Aquí confieso que tengo una gran preocupación. No estoy seguro de que nuestro gobierno tenga la capacidad necesaria para lograr ese objetivo.

Las razones son múltiples. En primer lugar, las magnitudes envueltas son verdaderamente portentosas. Por ejemplo, obligaciones financieras del gobierno que superan los $71,000 millones. Achicamiento absoluto de la economía, de la fuerza laboral y de la población residente. Una estructura de gobierno improductiva que responde a intereses propios de gremios de empleados y gerentes. Una profunda impericia y desconocimiento del funcionamiento básico de la economía. Una aceptación indolente de prioridades establecidas en los EEUU por el Congreso y por la burocracia federal, sin aquilatar las consecuencias de la ciega aplicación de programas a la economía y a la sociedad puertorriqueña. Aceptación de principios derivados de filosofías políticas desarrolladas en y para la sociedad norteamericana que gravita hacia la distribución, en detrimento de la producción.

RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO. Para volver a ganar el terreno perdido, la economía de Puerto Rico requiere un esfuerzo concentrado y sostenido de inversión que estimo alcanzaría los $10,000 millones anuales por un periodo de doce años. El sacrificio que tal esfuerzo implica será similar al que se requiere de una sociedad en guerra. La prioridad ha de ser la producción. Ello representa un cambio de gran magnitud para una sociedad acostumbrada a la distribución, no a la producción. Para ello será indispensable un liderato fuerte que goce de la confianza y lealtad de la inmensa mayoría de la población. Quizás éste sea el componente más difícil de configurar y aplicar. Nuestra sociedad está polarizada en términos políticos. Dividida en tribus partidistas con distintos grados de fanatismo que impiden la comunicación y el intercambio de ideas. La suspicacia y la desconfianza campean por su respeto y se imponen sobre las buenas intenciones que aun sobreviven entre miembros de todas las facciones.

En síntesis: no es cuestión de “reactivar” la economía. No, más bien se trata de “reconstruir” la plataforma de producción. Pensar que ello puede hacerse desde el gobierno, cuando el gobierno ha demostrado que es incapaz de regentearse a sí mismo, requiere una gran dosis de fe. El gobierno tendrá que reconocer esta realidad y permitir que los procesos se originen y se desarrollen con su apoyo, pero, desde el sector privado.

Elías R. Gutiérrez, Ph. D.
Sent from my iPad

Posted in Uncategorized | 2 Comments

¿Cuál es el plan?

Todos claman por “el plan”. El “plan” que sacará a Puerto Rico del pantano en que su economía se encuentra sumida por los pasados ocho años. El gobierno mira para otro lado y no responde.

¿Será que no hay plan? “Por sus hechos los conoceréis”, nos dice el refrán. Las actuaciones del gobierno van conformando un patrón que nos conduce a la conclusión empírica afirmativa. Si, parece que hay un plan. Bueno, o malo, pero evidentemente, lo hay.

El plan incluye los siguientes elementos estratégicos.

1) Aumentar los impuestos para generar $1,500 millones en recaudos.
2) Reconocer la inviabilidad de los planes de pensiones del gobierno y reestructurarlos.
2) Reconocer y financiar las deudas acumuladas por las corporaciones publicas y agencias del gobierno tomadas a préstamo contra el Banco Gubernamental de Fomento que lo han llevado a la insolvencia.
3) Aceptar, por fin, que el mercado no acepta que el gobierno opere con presupuestos operacionales deficitarios.
4) Subsanar el error cometido en el presupuesto vigente al aumentar los gastos y mantener un déficit de $800 millones.
5) Reconocer que los monopolios del Estado no son sostenibles y es necesario reducir su número y su huella.
6) Reconocer que la economía de Puerto Rico no es viable dado un coste de energía que ronda los 30 centavos por kilovatio-hora y finalmente actuar para cambiar esa realidad (el modo de actuación no está aun decidido).
7) Simplificar el sistema de impuestos y corregir los errores que hoy exprimen a los sectores productivos.
8) Reducir el empleo del sector público y lograr su reducción por vía de congelación de plazas.
9) Re capitalizar el Banco Gubernamental de Fomento que fue llevado al límite de su solvencia por prestamos otorgados a corporaciones y agencias públicas sin reserva y sin fuente de pago.
10) Comenzar a abonar al principal de la deuda del Estado.

El componente que luce aun ausente en el listado que enumero arriba es el que se refiere a la expansión de la economía. Claro, es necesario subrayar que la expansión saludable será la de la producción. En el pasado la expansión se producía por vía de la expansión del gasto de gobierno. Un gasto financiado recurrentemente por vía del déficit que, con el tiempo, se tornó estructural. La magnitud de esos excesos contribuyeron a la acumulación de una deuda que hoy rebasa el producto bruto de la economía.

¿Cómo se logra en el “plan” del gobierno que el sector productivo expanda su plataforma de producción y haga crecer la economía? Esto no ha sido explicado satisfactoriamente. He aquí el elemento más difícil y la clave del éxito. Es difícil por varias razones. Una de las más importantes es que conlleva poner en marcha acciones que no necesariamente son consistentes con la filosofía del partido de gobierno.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Desarrollo vs. Crecimiento

Luego de la II Guerra Mundial y del esfuerzo de reconstrucción financiado por el excedente de capital acumulado en los Estados Unidos, se puso de boga un concepto nuevo: el desarrollo económico. El Plan Marshall había logrado la reconstrucción física de la Europa destruida y había logrado implantar regímenes políticos menos propensos a la guerra. Los países imperiales y coloniales de Europa y Asia no podían sostener sus imperios. El proceso de descolonización no tenía viabilidad económica endógena. Era evidente que la ayuda externa sin algún tipo de orden de prioridades sería desperdiciada.

La teoría Keynesiana era de corto plazo y estaba dirigida a sustentar políticas de estabilización macroeconómica en países ya capitalizados. Los países emergentes no tenían ninguna de las características de una economía como la que suponía el modelo Kekynesiano. Se produjeron múltiples intentos por introducir el largo plazo al modelo Keynesiano. De hecho, se elaboró un cuerpo de teoría que introducía el tiempo de forma explicita. Es decir, se dinamizó el modelo. A ese cuerpo de teoría económica se le denominó teoría del crecimiento. Su aplicación a la racionalización de la ayuda externa y a procesos internos dirigidos a la industrialización se expandió rápidamente.

No tardaron los críticos en advertir que el crecimiento, logrado con capital externo, no era sinónimo del desarrollo económico. El crecimiento solo conlleva cantidades mayores. El desarrollo implica elementos de calidad difíciles de medición y sujetos a la preferencia subjetiva. Ante ese limitante, la teoría del crecimiento como pauta para la planificación de los profundos procesos necesarios para poner en marcha el desarrollo, quedó a la intemperie.

El concepto mismo del “desarrollo económico” no ha sido capaz de soportar sus limitaciones. Hoy día se pone en duda si es posible establecer procesos de desarrollo por vía del esfuerzo de instituciones de gobierno o instituciones de escala internacional. Muchos piensan que el “desarrollo económico” como concepto útil, fracasó.

Los que ahora claman del gobierno por un “plan”, en realidad parten de una premisa tambaleante. Suponen que el gobierno, u otro organismo producto de algún pacto social, puede producir un “plan” que desemboque en un proceso exitoso de “desarrollo económico”. Un proceso de “desarrollo” que, además, expanda la economía y produzca la escala mayor necesaria para dar viabilidad al sector público y resuelva el problema financiero-fiscal que lo ha llevado a la bancarrota, Es decir, piden un plan que rinda “desarrollo” con crecimiento.

Siento decir que sospecho se esté soñando con encontrar la Piedra Filosofal. La que los alquimistas suponían que debía existir y que, entre otros poderes, podía cambiar el plomo para convertirlo en oro.

La mera definición del “desarrollo” presenta un enorme reto intelectual. Los que hoy piden a gritos el crecimiento, se olvidan de todas las críticas que fueron erigidas en contra del concepto por los que pretendían optar por el “desarrollo humano”. Así, cómo si se estuviese en un restaurante armado con un menú. Deseo “desarrollo a la Escandinavia”. O bien, tráigame “crecimiento a la Americana”.

Otros, ni siguiera pasan por éste proceso analítico para establecer el plan de acción que sacaría del estancamiento a la economía de Puerto Rico. La solución que estos propugnan consiste de un “cambio de modelo”. Cuando uno levanta la cabeza y busca mayor explicación, descubre que el “modelo”, para ellos, no es otra cosa que una opción de status: estadidad, independencia, asociación … Como siempre, la carreta frentes a los bueyes. No reconocen que todas esas supuestas opciones o modelos requieren de economías viables para ser, a su vez, viables.

Temo que siglos de dependencia han sido exitosos en vacunarnos contra el germen de la imaginación. No podemos imaginarnos haciendo nada que no sea lo mismo que siempre hemos hecho. He aquí nuestro desarrollo deficitario. Lo siento, esta situación no es soluble por vía del optimismo bobo. El modelo se rompió. El modelo de la dependencia para con el Estado no es viable. Esa es la nueva realidad y por ahí es que ha de comenzar el dolorosos proceso de sanación.

Posted in Uncategorized | Leave a comment

Entrevista desde el Cono Sur

La periodista Internacional María Teresa Nielsen del diario “El Mercurio” de Chile hace varias preguntas. Las he contestado de la siguiente forma.

P 1— A nivel macro y en modo de resumen, ¿cómo se encuentra actualmente la economía puertorriqueña?

R 1. Estancada. No estamos experimentando una mera recesión. Se trata de un empantanamiento secular.

P 2—¿Cuáles diría ud. que son los motivos principales de esta crisis?

R 2. El populismo ha sido la causa del menoscabo de la plataforma de producción y del crecimiento del gobierno. El sistema de impuestos que alimenta al monstruo del sector público castiga las actividades de producción. Castiga el esfuerzo que genera ingresos, ahorros, inversión y producción. La dependencia y asistencialismo han alcanzado proporciones descomunales. El coste de las transacciones hace muy difícil que nuestra economía pueda añadir valor, elevar el estándar de vida y sostener puestos de trabajo. La inversión de capital privado se ha detenido. El gobierno ha llegado al limite de su capacidad financiera y se le hace imposible llenar el hueco.

P 3—¿Qué le parece las medidas que ha tomado el gobernador Alejandro García Padilla?

R 3. Han sido forzadas por la condición prevaleciente. Algunas han sido acertadas. Por ejemplo, la reforma de los planes de pensiones. Otras han sido desastrosas. Por ejemplo, la estructura de impuestos a las empresas.

P 4—¿Qué futuro le ve a las conversaciones que tuvieron hace un par de días las autoridades de la isla con las casas acreditadoras de Wall Street?

R 4. Las agencias de acreditación han decidió que sea el mercado el que hable. Por eso le han dicho al gobierno que tantee el mercado con una oferta de bonos. La tasa de interés efectivo a que se vendan esos bonos (incluyendo seguros si se necesitan para lograr la colocación) dirá cuál es la clasificación. Ya no importa tanto lo que digan las agencias. Se trata de lo que revele el mercado.

P 5— Sólo tengo una última duda. En caso de que Puerto Rico se declare en quiebra, y al ser Puerto Rico un estado norteamericano, pese a no pertenecer a los de la Unión, ¿EE.UU. tiene la obligación de prestarle ayuda?

R 5. El gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico no está cubierto por la ley de quiebras. De hecho, tampoco lo están los estados de federación (EEUU). Esa ley federal (la de quiebras) provee protección a negocios, individuos y entidades específicamente cubiertas. Por ejemplo, una ciudad de los EEUU como Detroit, Nueva York, Stockton, si podrían acogerse a la protección. La ley de quiebras protege al deudor y en cierta medido a los acreedores.

Puerto Rico goza de autonomía fiscal. Por eso es que puede ofrecer exención triple sobre los intereses que pagan sus bono (deuda). Para reducir aun más el riesgo a los que compran nuestra deuda, la Constitución del ELA establece limites a cuánto puede tomar prestado el ELA. Además, establece un compromiso de prioridad de pagos en caso de problemas de liquidez. Por ejemplo, el servicio de la deuda (interés y principal) de los bonos de obligación general (FO´s) se pagan antes que cualquier otro compromiso. Algunos ven esa disposición como un elemento leonino en las condiciones de la deuda. No lo es. No lo es porque esa garantía permite un coste de interés sumamente bajo.

El problema que tenemos ahora es que nuestras garantías ya han perdido credibilidad en los mercados a causa de habernos excedido en tomar prestado. Además, hemos tomado prestado para financiar gastos operacionales en vez de infraestructura u otras inversiones de capital. Hemos tomado prestado para financiar déficits. Es decir, tomamos prestado para refinanciar.

En la raíz del problema están los partidos políticos. Ha sido ese elemento el que ha llevado a nuestra economía a un estado de colapso. El gobierno engulle todos los recursos y desangra al sector privado. Además, el gobierno no produce, sólo destruye.

Lo que recomiendan que Puerto Rico “reestructure” su deuda están, en realidad, clamando por un impago. Eso dispararía el coste de capital nuestro a la estratosfera. Puerto Rico no es Argentina ni debe emular la irresponsabilidad demostrada por ese país en décadas pasadas. Tendremos que morder la bala.

El gobierno federal no tiene obligación estatutaria alguna para ayudar al gobierno del ELA. No obstante, la emigración es el elemento igualador que establece el balance regional en los EEUU. Eso es lo que está haciendo nuestra población.

Posted in Uncategorized | 2 Comments

LA FIEBRE NO ESTÁ EN LA SÁBANA

(Publicada hoy en la sección NEGOCIOS del Nuevo Día, páginas 56-57)
La Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) “se reformará desde adentro”. Eso nos ha dicho el gobernador en una expresión de absoluta fe e ilimitado optimismo.

No lo creo probable. Con el pasar del tiempo, la AEE desarrolló una cultura propia que le hace imposible encaminar una reforma real y en dirección correcta.

Una vez cumplida su misión original de electrificar a un país rural, la AEE adoptó una estrategia que requiere la expansión continua de su escala de producción. La AEE optó por construir plantas generatrices de gran tamaño y ubicadas mayormente en el sur. La expansión de la escala reducía el coste promedio. La dominación monopolística del mercado generaba ingresos suficientes para cumplir con el servicio de la deuda y con los gastos que imponía la legislatura.

La aplicación de tecnología basada en petróleo barato entronizó la ineficiencia en todos los ámbitos de nuestra economía. La expansión de la torta suburbana de la isla mantenía en crecimiento la demanda residencial y comercial de energía eléctrica. La expansión del sector industrial petroquímico en el sur de la isla expandió la demanda. La AEE estimulaba el consumo de electricidad por todos los medios a su disposición, incluyendo concursos de alumbrado durante la época navideña.

El poder de mercado de la AEE se fundamenta en que es un monopolio. El excedente que generaba se distribuía entre dos receptores principales: 1) los municipios y otros entes receptores de subsidios; y 2) una plantilla obrera sindicada que logró beneficios descomunales, al compararse con su productividad marginal.

RECHAZO AL CAMBIO. Por décadas, la gerencia de la AEE ha rechazado toda sugerencia de cambio en su estrategia. En particular, la AEE rechazó todas las propuestas dirigidas a propiciar un patrón racional de consumo de la energía eléctrica. Por ejemplo, la adopción de escalas de precios que variara de acuerdo con la hora del día en que se realiza el consumo. Esa fue una de las propuestas que he sugerido desde la década del 1970. El sistema le ofrece al consumidor la oportunidad de optimizar su presupuesto consumiendo menos a las horas donde la demanda y el precio son más altos. A la AEE dicha opción le ofrecía la oportunidad de reducir el consumo del combustible más caro. El que es utilizado por las plantas que se activan a la hora pico de la demanda.

La AEE rechazó establecer el coste marginal como referente a sus tarifas. Es decir, lo que le cuesta producir un Kilovatio-hora (KWH) adicional. Bajo condiciones de expansión de capacidad, el coste marginal es inferior al promedio. De ahí que la ley federal obliga a la AEE a comprar energía a los cogeneradores a razón del “avoided cost”. Precisamente, el coste que la AEE deja de incurrir al no producir la última unidad de energía y comprándola a otro. No obstante, así se desvelaba su estructura de costes marginales. Resultaba más cómodo continuar expandiendo la escala.

En síntesis, la gerencia rechazaba todo lo que conllevara la reducción en el ingreso bruto que producen la estrategia de precios y la condición de monopolio. La gerencia plantea que la ley le ordena cubrir todos sus costos. Como los coste marginal es más bajos que el coste promedio, al establecer el precio a base del coste promedio se genera un excedente que paga el consumidor cautivo.

Todavía recuerdo la reacción de la AEE cuando propuse que se conectase la red de distribución de Puerto Rico con la de la República Dominicana por medio de un cable submarino. Allá se estaban construyendo unidades hidroeléctricas capaces de producir energía eléctrica a bajo costo. Puerto Rico podía suplir energía durante las horas en que la demanda es baja y comprar a mejor precio la producida por las hidroeléctricas cuando la demanda alcanza el pico. El gobernador Hernández Colón pidió una reacción a la AEE. La respuesta se recibió en un conciso memorado. Mi propuesta, según la oficina de planificación de la AEE no era viable. ¡El cable submarino podía provocar un corto circuito!

La condición de monopolio le ha permitido a la AEE establecer la oferta de energía eléctrica y el precio al que la vende. Pero el monopolio con el tiempo se ha convertido, además, en monopsonio. Es decir, no sólo es el único vendedor de electricidad, sino que es el único comprador de energía eléctrica producida por otros. Por vía de esa condición pretende establecer las condiciones de compra y racionar la producción de energía por fuentes alternas.

De hecho, la AEE estimula el consumo de electricidad porque le conviene a su estrategia de negocio. Dado que factura con el coste promedio como referencia. De esa forma cubre los costos propios y los impuestos por la legislatura. Subsidios disfrazados como “pagos en lugar de impuestos”.

SE ACABÓ EL TIEMPO. En los EEUU la energía eléctrica es suplida por empresas públicas y privadas sujetas a reglamentación por comisiones de servicio público. Las comisiones tienen como responsabilidad primordial que las tarifas cubran todos los costes de las empresas. Uno de esos costes es la ganancia. De ahí que las tarifas buscan garantizar un rendimiento razonable a la inversión de capital.

Contrario a lo que piensan algunos, las comisiones de servicio público velan, primordialmente, porque las ganancias de las empresas proveedoras sean suficientes. De esa manera, se intenta proteger la industria de la intervención política, y al consumidor de los excesos del suplidor. La intervención puede resultar en la expropiación de los excedentes logrados por vía de la eficiencia operacional de las empresas.

La creación de una junta que reglamente la industria de generación y distribución de energía eléctrica en Puerto Rico ha sido propuesta por el gobernador con el objetivo de reducir el precio de la electricidad suplida por el monopolio-monopsonio del Estado. Hoy día la AEE establece sus tarifas. La junta que propone el gobernador tendría poderes para establecer tarifas. Los analistas del mercado de capital ven esta propuesta con recelo.

El monto de la deuda de la AEE asciende a unos $9,000 millones. La deuda está garantizada por los ingresos. La AEE está sujeta a las condiciones contratadas con sus bonistas para garantizar el pago a tiempo de la deuda. De ser necesario, los bonistas pueden exigir ajustes tarifarios con el fin de generar ingresos suficientes para atender el servicio de la deuda. El conflicto que levanta la propuesta junta es evidente.

La creación de una junta reguladora, con facultad para establecer tarifas, levanta dudas con relación al servicio de la deuda de la AEE. Éste podría quedar en una posición subordinada inferior a la que fue negociada en los acuerdos con los que se vendió la deuda de la AEE. Así lo ha advertido ya una de las agencias de clasificación de riego.

La intervención de la legislatura en los procesos tarifarios de las corporaciones públicas es recurrente. Los resultados no han sido positivos. La más reciente intervención legislativa forzó a la AEE a establecer una tarifa especial reducida a su mayor cliente, v.gr., la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. Se estima que el costo de ese subsidio monta a unos $50 millones anuales. El establecimiento de la tarifa fija por agua a los residenciales públicos es otro ejemplo de dicha intervención.

Pensar que la AEE podrá reformarse “desde adentro” no es realista. Pensar que los analistas del mercado no alertarán a los inversionistas sobre el riesgo adicional que representa una junta reguladora como la propuesta por el gobernador, es una ilusión.

El precio de la energía eléctrica depende del costo de producción y su distribución. Reducir el precio será posible sólo si se reduce el costo. El componente más importante del coste es el combustible. Para reducir el costo será necesario sustituir el petróleo por gas natural. Para distribuir el gas son necesarios los gasoductos.

Las ideas que se han lanzado para lidiar con el descarte de los gasoductos no son viables en el mediano plazo. El siguiente dato será suficiente para recapacitar. Los EEUU continentales cuentan con diez puertos capaces de manejar gas natural. Nosotros, en una isla, pretendemos construir y operar cuatro!

No hay tiempo para el diseño, estudios de impacto ambiental, permisos y construcción. Además, ¿de dónde saldrá la financiación? Se acabó el tiempo. ¡El juego terminó!

Posted in Economic Policy, Planning | Tagged , , | 4 Comments

LO MÍNIMO REQUERIDO

Esta columna ha sido publicada (hoy) 6 de noviembre de 2013 en la sección de NEGOCIOS de El Nuevo Día, bajo Economía, página 61.

La economía de Puerto Rico se ha hecho adicta al gasto de gobierno. La justificación oficial consiste en describir el gasto como un estímulo que busca encender el motor macroeconómico.

El gasto del sector público no es poca cosa. El presupuesto consolidado del gobierno supera los 26,000 millones de dólares. Sumando las transferencias que van directamente a los individuos y que se han tornado en una partida permanente del ingreso personal, tenemos una economía dominada por el gobierno. Tan importante es ese dominio que cuando el estímulo no crece de un año a otro, el reflejo sobre el producto bruto es inmediato.

Ahora bien, lo más preocupante de la inyección del gasto público es que su efecto estimulante se ha desgastado. El efecto marginal menguante del estímulo asemeja el efecto que tiene la droga sobre el adicto. Cada vez requiere una dosis mayor sólo para mantener la estabilidad.

FINANCIANDO EL DEFICIT. Al requerir estímulos cada vez mayores, el gobierno ha recurrido al financiamiento deficitario. Los déficit se han acumulado para contribuir a una deuda pública que amenaza rebasar en valor al producto bruto. Ese apalancamiento ha colocado en la mirilla de los mercados de capital la deuda de Puerto Rico. Como resultado, la percepción de riesgo y el costo de capital, se han disparado. La consecuencia de esta realidad es en extremo grave. Ello porque el gobierno ve ahora restringida su capacidad para continuar financiando el estímulo con que mantiene la precaria estabilidad de la economía de Puerto Rico.

Para complicar las cosas, el gobierno extrae recursos del sector privado de la economía con el fin de sostener actividades ineficientes y destructivas de recursos cada vez más escasos. Las urgencias dictadas por la presión política obligan el abandono del mantenimiento y reposición de la infraestructura. El resultado es una pérdida de capacidad productiva y reducción notable en el estándar de vida. Los efectos se convierten en combustible que produce efectos de retroalimentación que aceleran la inviabilidad de la economía del país.

A ROMPER EL CICLO. Ahora bien, ¿cómo romper con éste proceso perverso y pernicioso? Será necesario un cambio radical de prioridades y lealtades. Las lealtades a intereses gremiales y partidistas tendrán que dar paso a un “armisticio” que permita lo que hasta la fecha ha sido políticamente inviable. El mínimo necesario incluirá los elementos que esbozo a continuación.

El sistema fiscal tiene que tornarse en amigo del que se esfuerza en el trabajo, produce y ahorra. La complicada madeja de impuestos, arbitrios, aranceles, cancelación de sellos, y reglamentación tendrá que simplificarse y, en gran medida, descartarse. Los impuestos sobre ingresos y el IVU han de sustituirse por un impuesto a valor añadido (IVA).

El presupuesto operacionaldel gobierno deberá encogerse en favor de esfuerzo dirigido a financiar un agresivo programa de reconstrucción y modernización de la infraestructura. Para que dicho esfuerzo tenga el efecto deseado, se preparará un programa de inversiones a razón de 10,000 millones de dólares anuales, durante un período sostenido de doce años. Para ello será necesario liberar recursos que hoy se pierden en sostener negocios ineficientes y operaciones que no cumplen ya con los fines que se buscaban cuando fueron organizadas.

La economía de Puerto Rico no es viable dado el precio vigente de energía eléctrica. A ésta fecha, la única alternativa práctica para reducir el lastre que impone el costo del petróleo es utilizar gas natural para generar electricidad. Dados los errores del pasado y el tiempo perdido, la única alternativa viable consiste en revivir los gasoductos del sur y del norte. La estructura de monopolios estatales hace casi imposible tomar tales decisiones. Por ello será necesario descartarla para introducir competencia y capacidad financiera.

El gobierno saldrá de negocios en los que se ha incrustado a través del tiempo. No habrán vacas sagradas. La lista de ejemplos incluye: comedores escolares; agencias y corporaciones de seguros; (como el Fondo del Seguro del Estado y la Administración de Compensación por Accidentes de Automóviles). Otras agencias que claramente duplican funciones serán consolidadas. Por ejemplo, la Autoridad de Tierras y la Administración de Terrenos.

Los programas de subsidios agrícolas cuestan hoy día más que el valor de la producción en finca. Ante la crisis financiera que confronta el gobierno,
y la escasa productividad de los subsidios, no es justificable sostenerlos. El número de fincas tendrá que reducirse y las operaciones deberán consolidarse para alcanzar escalas viables. Los controles de márgenes de ganancia y regulación de precios de artículos de consumo será derogados.

El enfoque general que se deberá perseguir busca desplazar el peso de gravedad de la economía de Puerto Rico desde el gobierno, al sector privado. La estructura de organización del aparato del estado que se ha retenido desde su diseño no es ya funcional. En muchos casos las entidades están dominadas por sus gremios y cuadros gerenciales y funcionan para sí mismas.

LA META. La meta tendrá que ser, sin desviación alguna, enriquecer al país y elevar así el estándar de vida de su población. No es posible abrigar la esperanza de que burócratas de gobierno exploren con sabiduría y agilidad los mercados. Que tengan el ojo de los negocios que les permita atisbar peligros y oportunidades en un mundo que no conocen. Nunca han tenido tal capacidad. El rotundo fracaso que esa apuesta ha tenido a través del mundo ofrece prueba contundente al respecto. Es necesario reconocer que, con todos sus defectos, la libre competencia es una mejor apuesta.

Posted in Economic Policy, Uncategorized | Tagged , , , | 4 Comments

LA MEDICINA EQUIVOCADA

Esta columna ha sido publicada (hoy) 5 de noviembre de 2013 en la sección de NEGOCIOS de El Nuevo Día, bajo Economía, página 54.

La política liberal ha descansado en la teoría macroeconómica formulada por Lord John Maynard Keynes durante la década del 1930. La Gran Depresión arrasaba con la economía occidental. Las políticas de gobierno agravaban el desempleo y el empobrecimiento de las familias. Yendo a contracorriente, Keynes propuso que el gobierno se hiciese responsable de estabilizar el sistema frente a los ciclos que caracterizan al capitalismo.

El modelo o teoría que formuló Keynes, parte de las características de la economía de los EEUU y de ciertos supuestos. Por ejemplo, el agregado económico de esa nación era de gran tamaño y valor.

La riqueza en recursos naturales y de capital era enorme al compararse con cualquier otra. En aquella época, EEUU tenía una economía relativamente cerrada al comercio internacional.

El problema consistía en suavizar el ciclo económico y evitar la inestabilidad que causa. La inestabilidad se sufría tanto por el desempleo durante la menguante, como por la inflación durante la creciente.

Para complicar el panorama de la época, la creciente del ciclo no se producía, y el estancamiento y la depresión parecían haberse convertido en la norma.

Las fortunas se evaporaban y las empresas caían como moscas. El desempleo superaba el 25 por ciento y las colas de gente esperando recibir un potaje en fondas de la caridad eran impresionantes.

La teoría Keynesiana es estática y de “corto plazo”. Keynes define el “corto plazo” como un tiempo tan breve como para que el acervo de capital no cambie.

En ese mundo imaginario, Keynes otorga el rol de estabilizador al gobierno. Keynes propone que el gobierno cumpla con el rol asignado por vía del gasto. Así pues, cuando la economía entra en la menguante del ciclo característico de los sistemas capitalistas, el gobierno aumenta el gasto. Para financiar su intervención, el gobierno simplemente utiliza sus reservas o incurre en déficit.

El estímulo inicial del gasto de gobierno se ve multiplicado por los efectos indirectos que se producen a través del consumo. Los empresarios huelen oportunidades de negocio y aumentan las horas laborales aplicadas a la producción. El ingreso aumenta por vía de las nóminas y la economía sale de la recesión. Durante la expansión, el gobierno encoge sus gastos, repone lo que ha tomado prestado y restituye sus reservas. De esa manera, evita un brote inflacionario y se prepara para el próximo evento cíclico de contracción.

Keynes ha sido muy conveniente para los políticos de corte liberal. Con su teoría se justifica el gasto público hasta la irresponsabilidad. La etapa de contracción del gasto público rara vez se produce, a no ser que sea por razón de una crisis financiera.

La economía para la que Keynes formuló su receta de intervención era relativamente cerrada. Es decir, aunque en términos absolutos las importaciones, exportaciones y flujos de capital eran considerables, en términos relativos al producto bruto, eran modestos. La economía de Estados Unidos era relativamente cerrada. Como veremos, éste dato es crucial.

LA EQUIVOCACIÓN. La aplicación, por razones de conveniencia política de la teoría de Keynes, a otras economías, está preñada de peligros. Su aplicación a Puerto Rico ha demostrado ser una gran equivocación. La economía de Puerto Rico es distinta a la que llamaba la atención de Keynes. Puerto Rico tiene una economía relativamente pequeña, pobre y dependiente. La economía de la isla es abierta en extremo. El gobierno está limitado en su capacidad de financiamiento por restricciones de prudencia que fueron incorporadas en la constitución del ELA. Puerto Rico no tiene una economía altamente capitalizada y no cuenta con un banco central.

El problema macroeconómico de la isla no es de naturaleza cíclica ni de corto plazo. Todo lo contrario. Se trata de acumular capital productivo y de esa forma elevar el estándar de vida. Proceso que requiere el sacrificio del ahorro y es, por su naturaleza, de largo plazo. La teoría de Keynes supone un acervo de capital constante y ve el ahorro como detrimental a la demanda agregada en el corto plazo.

EL VERDADERO OBJETIVO. El objetivo de Keynes no era el crecimiento. Su objetivo fue justificar la intervención del gobierno como estabilizador del ciclo económico. La condición de Puerto Rico es distinta y requiere otro tipo de política pública.

Para lograr alcanzar un estándar de vida superior, la economía requiere de ahorros con los que se financie la expansión de la capacidad productiva. La política pública entronizada genera efectos contrarios.

El mero aumento del gasto público no produce lo que pregonan los políticos que buscan justificar la irresponsabilidad fiscal. El discurso político trillado y desprestigiado promete que el gasto del gobierno “creará empleos” por vía del “multiplicador”. Es decir, por vía de efectos indirectos. Algo así como sucedió en tiempos del Nuevo Testamento cuando Cristo dio de comer a cientos multiplicando unos cuantos panes y peces.

En la economía de la isla, el famoso “multiplicador” no funciona porque el gasto se traduce de inmediato en importaciones. Es decir, los efectos secundarios del gasto se dan en las jurisdicciones que suplen nuestra demanda.

La teoría de Keynes no incorpora el factor de la deuda como limitante. Si en algún momento la receta Keynesiana pudo ser de alguna utilidad para ésta economía, el descomunal apalancamiento que hoy caracteriza las finanzas del país, la hacen inaplicable porque no hay cómo financiar la intervención. Hemos llegado al final del camino.

En una próxima columna detallaré lo que considero el mínimo necesario para salir del estancamiento que nos arrastra barranco abajo.

Posted in Economic Policy, Uncategorized | Tagged , , , , , | 2 Comments

The Xplorah 4.2.3 Workshops: Spatial Decisions Support System for Puerto Rico

Go to Scribd to find the Workshops guide for the Xplorah Spatial Decisions Support System I have published in Scribd and search for Xplorah. /Scribd

Xplorah 4.2.3 Workshops: Spatial Decisions Support System for Puerto Rico

Posted in Economics, Planning, Policy | Tagged , | Leave a comment