Efectos Anticipados del IVU Extendido

La modalidad de impuesto, que el Presidente del Senado ha catalogado como “híbrida” no está dirigida al consumo, como debe ser el impuesto a la venta y uso (IVU). Más bien, el proyecto que envía el Gobernador a la legislatura convierte el IVU en un gravamen dirigido a la producción. Es así porque grava los insumos de producción. De hecho, hará más daño a la manufactura al encarecer los insumos utilizados para producir y hacer aun más caras las transacciones de todo tipo en el país. Es lo peor que podía hacerse a la economía de Puerto Rico.

Si la propuesta del gobernador se aprueba como fue enviada a la legislatura, estoy convencido que ya puede olvidar su meta de “crear 50,000 puestos de trabajo en 18 meses”, ni en 24 meses, ni en tiempo previsible.

Además de castigar la producción, obligará a reducir puestos de trabajo y salarios, provocará la evasión y la opacidad en las transacciones porque esconde los costes. La propuesta, como fue enviada, haría daño a las empresas locales y provocará la fuga de empresarios, empresas y trabajadores. Todo esto en aras de mantener un nivel de gasto de gobierno que la economía de Puerto Rico no puede sostener.

Yo me pregunto: ¿quién habrá convencido al gobernador de lo contrario?
En el estado de la Florida, una variante del impuesto que ha propuesto el gobernador para Puerto Rico, duró seis meses. En otro experimento de esa naturaleza, en Michigan, duró 24 horas. Acá, temo que el proceso legislativo creará el monstruo de Frankenstein.

Ayer la Camara de Representantes, por voz del Speaker Perelló, se rebeló contra la propuesta del gobernador. El coro de voces que se ha levantado une a todos los grupos empresariales y profesionales del país. El diagnóstico es unánime. Sólo la Secretaria de la Gobernación defiende la propuesta del gobernador. Su argumento consiste en plantear que el estudio publicado por el Consejo Estatal Sobre Impuestos y realizado por Ernst & Young LLP, no aplica en Puerto Rico porque aquí hay “autonomía físcal”. No entiendo el argumento. No obstante, es posible que signifique que en esta isla no aplica la ley de la oferta y la demanda. ¡Probablemente tampoco rija la fuerza de gravedad y los objetos caigan hacia arriba!

(Véase el estudio, cuyo título aparece al pie de esta nota, en el siguiente hipervínculo COST Study. )

De todas formas, lo que se está cociendo en la legislatura es una paella valenciana. Solo se habla de eximir a tal o cual sector, que si la nueva legislación impositiva no afectará a los compradores individuales de servicios profesionales, que sólo serán objeto del golpe empresas de gran “tamaño”. Lo que no se sabe es cómo se medirá el tamaño. Se está mencionando que la medida serán las “ganancias” de la empresa. Es decir, que el IVU Frankestein se va convirtiendo en un impuesto sobre el ingreso neto de las empresas. Y mientras más rentables sean, más será la carga de IVU que confrontarán.

La Camara de Representantes, por voz del Representante Hernández y del propio Speaker, han sugerido que establecerán criterios de aplicación a las empresas basados en sus “ganancias”. Pero, para eso está la tributación sobre ingresos. La Camara se olvida que el IVU es un impuesto sobre el consumo. Claro, eso en teoría, y la teoría no rige en Puerto Rico según la Secretaria de la Gobernación. Tampoco podemos recurrir a estudios realizados en otras partes del mundo. No aplican porque, según la Secretaria, Puerto Rico goza de autonomía fiscal. Confieso que esa derivación lógica es un misterio para mí.
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Véase: WHAT’S WRONG WITH TAXING BUSINESS SERVICES?
ADVERSE EFFECTS FROM EXISTING AND PROPOSED SALES TAXATION OF BUSINESS INVESTMENT AND SERVICES
April 4, 2013, Prepared for the Council On State Taxation (COST)
by Robert Cline, Andrew Phillips and Tom Neubig, Ernst & Young LLP

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“Disparatado” el efecto del IVUtazo

El gobernador de Puerto Rico ha dicho que los impuestos propuestos a los servicios no tendrán efecto alguno sobre los consumidores. Según su Secretaria de Hacienda, la imposición del impuesto de venta y uso a los servicios contribuirá a un aumento proyectado en recaudos por ese concepto que montaría a $ 9,050 millones, de ser aprobado por la Legislatura.

Según la novel teoría expresada por el gobernador, los impuestos indirectos no llegan al destinatario final de la cadena de producción y distribución. No, según él sólo llegarán al comprador de última instancia los impuestos directos. Es decir, toda la evidencia empírica sobre el comportamiento económico constituye un disparate.

No sé, entonces, porqué la oposición, por ejemplo, a las leyes de cabotaje. Hasta ahora el argumento en su contra era precisamente que constituían una especie de impuesto indirecto sobre los habitantes de Puerto Rico. No entiendo, tampoco, porqué los precios reaccionan a cambios en el precio del petróleo crudo. No he visto nunca a un “consumidor” comprar un barril de “bunker C”.

Ahora sí entiendo, no obstante, porqué la economía de Puerto Rico no despega. Es que nadie sabe cómo funciona. Vaya, tendrémos que ir nuevamente a estudiar economía. Tendrémos que estudiar el comportamiento de las personas. Especialmente la de esos empresarios puertorriqueños que conducen sus negocios como nadie más en el mundo.

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Izquierdas y Derechas

Siempre me he resistido a la tendencia que prevalece para catalogar a las personas en categorías supuestamente ideológicas. El propósito, muchas veces inconsciente, de ese intento por encajonar a las personas en “izquierda” o “derecha” en en realidad responde a la intención de establecer juicios previos sobre las posiciones que asuma una persona con relación a cualquier asunto. Si ya está catalogado como de izquierda o de derecha, no hay que escuchar ni prestar mucho esfuerzo para analizar o entender su posición. El asunto está resuelto con su mera clasificación en el espectro político.

Tengo amigos que me preguntan en qué posición del espectro político yo me sitúo. Me expresan su impresión de que he derivado a través del tiempo de izquierda hacia la derecha. Les aliviaría mucho, aparentemente, que les ayudara a colocarme en una casilla particular. Especialmente si reduzco las opciones a dos: izquierda o derecha.

Pues les tengo que confesar que no puedo hacerlo. No puedo hacerlo porque me resisto a limitar mi capacidad de pensamiento para examinar cada asunto en sus propios méritos. ¿Porqué tengo que predeterminar el resultado de mis criterios? No, no lo haré. No hay duda, que en ocasiones coincidiré con amigos de la derecha o de la izquierda. Eso, no obstante, lo sabremos a posteriori, no ex ante.

La clasificación política en un espectro que polariza al electorado, a los parlamentos, al debate político en general, desde izquierda a derecha, es una simplificación que no se ajusta a la complejidad de la sociedad moderna.

Por lo tanto, a los amigos que tratan de colocarme en una posición del espectro, anticipo que no será fácil. No lo será porque son muchos los issues y cada uno merecerá su análisis. Me negaré a aceptar una interpretación previa determinada sólo por una etiqueta ideológica.

Ahora bien, desde el punto de vista de inclinación de principios, puedo anticipar que considero primordial preferir la disciplina fiscal. Rechazo la demagogia y el populismo. Considero que la economía se beneficia del mercado, cuando está reglamentado para establecer mínimos de calidad y ausencia de explotación a los consumidores. La concentración de capital es necesaria en el sistema vigente para permitir la producción a escalas suficientes y a precios competitivos. Los excesos pueden provenir tanto de los dueños de los medios de producción, como de los gremios y sindicatos. Así mismo, las dictaduras pueden ser ejercidas desde la minoría y desde la mayoría.

Prefiero la asignación de recursos por vía de los mercados. En ocasiones la intervención del gobierno es necesaria para estimular la demanda agregada. Esta opción debe limitarse al corto plazo para atender fluctuaciones.

No puedo estar de acuerdo con la intervención improvisada y casi indiscriminada que llevan a cabo los gobiernos impulsados por la presión política. No puedo estar de acuerdo con los argumentos que se esgrimen para justificar dicha intervención. La intervención del gobierno en la economía tiene efectos distintos cuando las condiciones macroeconómicas son distintas. Es decir, la misma receta no tendrá los mismos efectos en economías capitalizadas o ricas, que en economías pobres o limitadas por excesivos niveles de endeudamiento.

No puedo estar de acuerdo con medidas que, a primera vista, lucen bien. El salario mínimo es un buen ejemplo. El salario mínimo se defiende como una medida de justicia social. No obstante, es un mecanismo proteccionista que cuesta, a la larga, puestos de trabajo. Lo mismo ocurre con una buena parte de la legislación que aplica al mercado laboral. La rigidez en el mercado laboral es, a la larga o a la corta, perjudicial a los propios trabajadores. Los salarios deben estar atados a la productividad de los trabajadores.

La ocupación y el estándar de vida se elevan en respuesta a la productividad. Cuando el gasto corriente y deficitario del gobierno se prolonga hasta tornarse crónico, su efecto neto es la destrucción de activos y recursos. El sistema fiscal debe premiar el esfuerzo productivo.

No hay duda que, dejados a su total autonomía, los mercados son inestables y sufren de fluctuaciones. El gobierno puede ayudar a suavizar esas fluctuaciones. Pero el gobierno también contribuye a la generación y al estallido de burbujas como resultado de la especulación. Al reventar esas burbujas, se sufren pérdidas enormes de riqueza.

Rechazo utilizar el poder del gobierno para financiar el gasto más allá de los medios porque resulta inevitablemente en crisis, empobrecimiento y retroceso. Pretender que una economía pobre y dependiente sostenga un sistema público de bienestar social sólo puede llevar a la bancarrota al estado.

En resumidas cuentas, considero que el gobierno es un mal necesario. Por lo tanto, conviene que sea lo más pequeño, efectivo y eficiente que sea posible.

Al la luz de lo dicho, clasifíqueme usted en la posición del espectro ideológico que le acomode.

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Aun no cuadra…

El gobierno comienza a ofrecer explicaciones parciales por voz de funcionarios para aclarar y explicar lo que no se entiende del discurso ofrecido por el gobernador a la legislatura.

Por ejemplo:

El presupuesto consolidado del gobierno se presupuestó en $29,000 millones.

El presupuesto de funcionamiento se presupuesta en $9,835.

El aumento en ingresos al fondo general por razón de nuevos impuestos se estima en $440 millones. A estos aumentos en impuestos el gobierno les aplica el eufemismo de “medidas”. Pero el aumento en gastos supera los $750 millones.

En total, el IVU se estima que contribuiría con $1,050 millones al fondo general.

No obstante, al día siguiente del discurso la prensa cita a los funcionario diciendo que el IVU contribuiría con $1,607 millones en el 2014. Las páginas 6 y 7 de El Nuevo Día ofrecen cifras inconsistentes. La tablita al pie de la página 5 nos dice que en el 2013 el IVU contribuye con $552 millones al fondo general. No se explica si esta cifra es bruta o neta de la porción destinada a COFINA. Es decir, al Fondo de Interés Apremiante pignorado para saldar la deuda extra constitucional. El reportaje explica que el presupuesto de funcionamiento aumenta en $750 millones. ($9,835 millones). Todo esto tendrá una explicación lógica. Puede que los períodos de tiempo estén mezclados, puede que haya errores tipográficos, puede que no se hayan estimado aun lo que cada medida genere por el lado de los ingresos. Se sabrá.

Lo que si está claro es que el presupuesto de funcionamiento aumenta en $750 millones. No se informa cuánto se destina a reducir el déficit operacional. No se informa cuánto se destina a ser transferido al fondo de pensiones.

Lo que si se expresa por el gobernador es que su filosofía descansa en la opinión de economistas laureados con el premio Nobel. La teoría que defiende es que “en época de recesión, el gobierno debe gastar más”. Con esa frase parece defender un presupuesto que no dedica el aumento en impuestos a conjurar el déficit, sino a una variedad de aumentos en gastos. El gobernador defiende el gasto del fondo general en función del estímulo que él entiende necesario para estimular la economía.

Es necesario aclarar ciertos puntos. El estímulo que genera el gobierno a la economía se produce por el gasto total (presupuesto consolidado) más los desembolsos relacionados con los presupuestos de mejoras capitales. No se reduce el gasto de operaciones del fondo general. Ese gasto, por mandato constitucional, no puede exceder las rentas proyectadas.

La política económica de intervención del gobierno para estabilizar la demanda agregada y el nivel de empleo se pone en marcha por dos vías: el gasto, neto de impuestos, y la política monetaria.

La política monetaria que rige en Puerto Rico la establece el banco central de los EEUU. La que nos queda es la política fiscal. El gasto deficitario está prohibido por la constitución. Queda entonces el estimulo que provee dos instrumentos: 1) el componente de transferencias federales, puesto que ese no tiene que estar balanceado en su totalidad por impuestos; 2) la inversión en mejoras capitales.

Las mejoras capitales tienen que ser financiadas. Cuando el gobierno ha agotado su capacidad financiera (que está limitada también por parámetros que surgen de la propia constitución) no puede recurrir al estímulo fiscal. Ese es el problema que tiene éste gobierno.

Además, defender este presupuesto recurriendo a economistas que predican la expansión del gasto es contradictorio. Es contradictorio porque éste presupuesto de funcionamiento constituye un aumento (necesario) en impuestos. Es decir, hace lo contrario de lo que predican los supuestos laureados con el Nobel.

El populismo llevó al ELA a agotar su capacidad financiera, tomando prestado para financiar el gasto operacional. Cosa que está prohibida por la constitución. Lo hizo por medio de medidas “de contabilidad creativa”. Por eso es que el crédito del gobierno está en precario. Por eso es que el populismo nos arrastra barranco abajo. Por eso es que le doy nota de “A” en el aspecto político y “F” en el aspecto económico al discurso del gobernador.

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Estado de Situación del Estado Libre Asociado de Puerto Rico

Luego del discurso del gobernador, no sabemos cuál es el “estado de situación” del país. Lo que hemos recibido es una interpretación política que esboza lo que se desea que fuese el estado de situación con relación a ciertos aspectos financieros y económicos. Este ha sido un discurso político por excelencia. Un “pep talk” que mezcla conceptos y cifras para dar la impresión de disponibilidad de recursos sin limitación financiera. Refleja una filosofía de “tax and spend”. El populismo craso que exhuma me resulta repulsivo. No obstante, admito que será efectivo por un tiempo. Coloca a la oposición a la defensiva. En parte, porque es difícil explicar los aspectos contables técnicos. Administraciones pasadas han recurrido al mismo truco.

Los presupuestos operacionales, en cuanto a la distribución entre partidas, están prácticamente predeterminados por ley. Sólo aproximadamente un 15 por ciento del total puede asignarse para reflejar las prioridades de la administración en el poder. El resto está comprometido para servicio de la deuda (principal e intereses), nómina, fondos especiales, aportaciones obligadas para subsidios y otras establecidas por ley.

En el discurso de estado de situación y presupuesto, los asuntos cruciales quedaron ocultos por la retórica. Quedaron preguntas clave sin contestación. Por ejemplo:

¿Cuánto ahorrarán las medidas tomadas para atender el problema de caja en el sistema de retiro? Se había estimado que se necesitaban $200 millones adicionales.

¿Cuánto cuesta el salvavidas del plan de pensiones?
¿Cuánto se espera recaudar con el IVU expandido?
¿Cuánto del aumento en impuestos es para servicio de la deuda y cuánto es para transferir a retiro?
¿Cómo va a soportar una economía más pequeña un aumento en impuestos de $1,675 millones?
¿Porqué el Senado no ha concurrido con la Cámara en las medidas aprobadas para allegar los recursos proyectados?
¿Será viable la promesa referente al precio de la energía eléctrica ? Creo que no.

El gobernador señaló en su discurso algunos puntos que considero positivos. Entre ellos:

Proyectos de infraestructura de transporte colectivo.
Proyecto autopista Hatillo – Aguadilla por vía de alianza público-privada.
Mejoras a instalaciones portuarias.
Énfasis en educación.
Puesta en operación de salas de trauma, y expansión de la infraestructura de las clínicas externas del Centro Médico.

Los indicadores oficiales apuntan a una contracción de la economía. El gobierno ha optado por aumentar el gasto y los impuestos. El problema consiste en que si el desempeño macroeconómico no mejora, la situación deficitaria estructural no podrá mejorar y las agencias de acreditación no tendrán alternativa. La degradación ocurrirá.

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El status y la economía

Son muchos los que opinan que la crisis en que está sumida la economía del Estado Libre Asociado de Puerto Rico se deriva del arreglo particular que define su relación con los Estados Unidos. No estoy de acuerdo.

Puerto Rico explotó con éxito su acceso ilimitado al mercado de los EEUU continentales, así como la entrada a los mercado con los que EEUU ha establecido tratados comerciales. Puerto Rico ha explotado para gran beneficio el acceso que tienen los ciudadanos residentes en la isla a los estados por vía del derecho al traslado y emigración sin barreras. De igual forma, Puerto Rico se ha beneficiado del libre comercio ínterestatal y del libre fluir del capital entre la economía continental y la de la isla. Puerto Rico ha explotado con creces las leyes federales que han establecido excepciones y exenciones a los tributos federales para sus residentes y para empresas de residentes continentales que operan en la isla. Puerto Rico ha tenido el envidiable acceso al mercado de capital al que acuden municipios, ciudades, estados y condados para vender sus instrumentos de financiación. Es decir, acceso privilegiado al mercado de bonos mediante triple exención del pago de impuestos para quienes prestan su capital al ELA y a sus corporaciones públicas. Los residentes del ELA participan de programas federales de carácter social sin pagar contribuciones federales sobre ingreso. La red de carreteras, la universidad del estado, la protección de las costas, fondos para construcción y desarrollo de puertos, aeropuertos, carreteras, infraestructura de producción y distribución de energía eléctrica y otros programas conllevan enormes flujos de fondos con los que la isla ha compensado su escasa capacidad de ahorro. Negar estas realidades requiere cabriolas mentales de las que sólo son capaces los ideólogos.

Puerto Rico ha desarrollado una economía regional, integrada a la economía de los EEUU. La economía de Puerto Rico ha entrado en una profunda crisis. La economía de Puerto Rico no es viable.

No obstante, la crisis de ésta economía es independiente del status político que rige con los EEUU. La crisis que agobia a Puerto Rico tiene sus raíces y su explicación en factores independientes del status que establece las relaciones con los EEUU. Eso no quiere decir que el status no sea fuente de dificultades, de limitaciones, de problemas. Lo que quiere decir es que encontramos otras jurisdicciones en situación de crisis similar a la que sufre la economía de Puerto Rico, aún cuando ninguna de esas jurisdicciones en crisis es un ELA.

La crisis de la economía de Puerto Rico tiene sus raíces en la pérdida de capacidad de producción y en el crecimiento descomunal del sector de gobierno. Un gobierno empeñado en sostener estándares de vida incompatibles con la capacidad de la economía de Puerto Rico. Esto se ha logrado mediante el abuso de los recursos provistos por el gobierno federal, por vía de transferencias, canalizados hacia el consumo. Lo que constituye una gran ventaja de la relación con el gobierno de los EEUU, se ha convertido en una especie de drogadicción que amenaza con destruir la sociedad residente en la isla. La dependencia de la población residente en el sostén que proviene de las transferencias ha corroído la estructura de valores de la población. La ética del trabajo ha dado paso a estilos de vida típicos de lo que se encuentra en los guetos urbanos de las ciudades de norteamerica y Europa Occidental.

La producción, como eje de la actividad económica, dio paso al consumo. El gasto público comenzó a justificarse como elemento necesario para mantener estándares de vida compatibles con economías ricas. Para ello, el gobierno del ELA recurrió al gasto deficitario. Por un tiempo, desafió las leyes de la naturaleza. Al final, llegó la hora de Fausto y con ella, la cuenta por pagar. La crisis financiera rompió la fantasía que permitía vivir más allá de los medios a una población malcriada y engreída. La crisis económica se convirtió en crisis política. Para complicar el cuadro, todo llegó al cenit en el momento en que el sistema financiero mundial entraba en una de las más profundas y destructivas crisis de su evolución histórica. Las grandes empresas organizadas como bancos de inversión caían como moscas en cuestión de horas desde que los rumores de insolvencia comenzaban. Bear Stearns, Merrill Lynch, AIG, General Motors, Citibank, todo se venía abajo. Los bancos europeos comenzaban a tambalearse. La lista de jurisdicciones en bancarrota parecía propia de una película. California, Illinois, Detroit, España, Islandia, Italia, Portugal, Grecia y, finalmente, los más débiles, como Chipre.

El común denominador de esta epidemia de insolvencia se hizo evidente. Todos habían vivido por encima de sus medios. Todos habían mentido en lo relativo a su capacidad. Todos habían participado de una gran fiesta y había llegado la hora de pagar la factura. Puerto Rico no fue excepción. La financiación creativa que creo la “deuda extra constitucional” encontró su limite. Standard & Poor’s degradó la clasificación del crédito de los EEUU. La degradación de la clasificación del crédito del ELA era, por lo tanto, inevitable. Ya no podía obviarse la insolvencia de los planes de pensiones del gobierno central. Ya no podía obviarse la enorme proporción de la deuda del gobierno y sus corporaciones en relación con sus activos. Ya no podía esconderse que el país había creado un gobierno insostenible e incosteable. Este país nuestro no consume para vivir, más bien vive para consumir. Lo dice la música popular: “el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Los tiempos en que la producción era el propósito del esfuerzo del trabajo habían sido abolidos. El consumo era suficiente como actividad de “producción”.

Cuando el sistema dejó de sostener los estándares, la economía subterránea se encargó de llenar el vacío. El narcoestado asomó su grotesca cara de detrás de la cortina. Hubo que pedir auxilio a los EEUU. Los federales entraron en acción. Igual que en la frontera sur de los EEUU continentales. Igual que en la frontera de México con Guatemala. Ninguna de las jurisdicciones mencionadas aquí es un ELA, excepto Puerto Rico.

Los que culpan al ELA de la crisis económica aducen a una supuesta “falta de poderes”. ¿Poderes para qué? Generalmente, la explicación se traduce en la capacidad que tienen los países independientes para establecer tarifas, barreras arancelarias y para entrar en acuerdos de libre comercio. El ejercicio de esos “poderes”, no obstante, sólo ha traído malas consecuencias. El mundo ha entendido que el beneficio se logra cuando no hay barreras al comercio, cuando el capital puede fluir libremente en un mercado mundial, cuando los ciudadanos pueden trasladarse libremente y aprovechar el gran mercado laboral que generan los continentes, cuando los individuos son libres para inventar, innovar y desarrollar sus talentos sin la intervención de burócratas ignorantes. Piense usted en la última ocasión en que se vió forzado a lidiar por teléfono con un burócrata del plan médico empeñado en negar una autorización para un examen ordenado por su médico.

No, nuestra crisis no tiene su origen en los EEUU y nuestra relación con ese gobierno. No, el origen de nuestra crisis somos nosotros mismos.

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El dínamo de nuestra economía

Algunos observadores comentaban hoy en sus programas de análisis político que se les hacía difícil entender cómo podía haber una percepción generalizada de pesimismo mientras las tiendas se veían colmadas de compradores. La explicación es evidente.

Por un lado, el gobierno continúa expandiendo la demanda agregada por vía del gasto público. El gasto público se financia en respuesta a: impuestos a individuos, corporaciones locales y foráneas, transferencias federales indirectas y un déficit de más de $2,200 millones. El déficit del gobierno central se ha convertido en un elemento central para mantener el nivel de demanda agregada. Añádase al estímulo deficitario el gasto financiado por vía de préstamo del gobierno central, gobiernos municipales y corporaciones públicas.

Por otro lado, el gasto de los consumidores se potencia por los ingresos devengados por el esfuerzo relativo a la producción, por vía de transferencias a las personas y por la actividad comercial subterránea.

El gasto estimulado por vía del déficit y préstamos continúa a niveles insostenibles. Los ingresos por vía de transferencias continúan creciendo. Las actividades de los sectores subterráneos de la economía han entrado en un auge muy intenso sostenido por enormes cantidades de importación, exportación y tráfico interno de drogas, armas y personas.

Es decir, que la economía de Puerto Rico ha compensado en gran medida la recesión de los sectores productivos con el crecimiento de las transferencias, que no se vinculan a la producción, y con los sectores criminales subterráneos. He aquí el dínamo de la economía del Puerto Rico contemporáneo. De ahí que a pesar de la crisis financiera del gobierno y de las familias que dependen de la actividad productiva legitima, el resto de la economía está desvinculado de la producción.

Nuestra economía se va tornando en un sistema que consume y destruye recursos, en vez de producirlos y acumularlos. La destrucción de recursos se agrava con la financiación de gastos corrientes por vía deficitaria. Ello constituye la destrucción contemporánea de recursos del futuros.

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Pesimismo

El pesimismo es una tendencia a ver las cosas en su aspecto más desfavorable y negativo. El Nuevo Día de hoy domingo 7 de abril informa los resultados de una encuesta en la que auscultan el sentir de la población de Puerto Rico, particularmente en lo que se refiere a la percepción de la condición económica y al estado financiero particular de las personas.

La encuesta encuentra a una población “agobiada por el pesimismo”. Yo interpreto los resultados de la encuesta de manera un tanto distinta.

El pesimista entiende que la situación que vive es la peor de todas y que en el futuro no hay nada que pueda hacer para que esa condición malsana mejore. Por el contrario, empeorará. Pero eso no es lo que parece descubrir la encuesta de El Nuevo Día.

Yo interpreto los resultados como la reacción de una población que está frustrada ante la evidencia de que la situación económica general y financiera personal está peor de lo que anticipaba. Una población que se siente frustrada porque los instrumentos políticos que pensaba eran suficientes para retornar a tiempos mejores no han funcionado como esperaba. Una población que siente ahora temor por lo que pueda encontrar en el futuro.

Eso es muy distinto al pesimismo. Es más bien un choque contra el muro de la realidad que obliga a tomar la decisión de aceptar la realidad o continuar en un optimismo tonto que ha contribuido a que esta sociedad viva una fantasía. No es pesimismo lo que percibo. No, es frustración, temor y rabia porque el sistema político ha fracasado en su promesa de retar las más elementales leyes de la física.

El gobierno de Puerto Rico estableció un sistema de pensiones para los empleados públicos siguiendo un esquema parecido al del juego ilegal conocido por el nombre de “pirámide”. En ese juego, una vez se reduce el número de nuevos jugadores, la pirámide se rompe y los que han jugado hasta ese momento pierden su aportación. Es un juego que promete hacer un milagro. Es decir, que se saca más de lo que entró. Eso es, a la larga, imposible.

Lo mismo ha hecho el país con su economía. Hemos pretendido consumir más de lo que podemos adquirir con el ingreso que generamos. La diferencia, hasta ahora la han cubierto las transferencias federales y los préstamos. Eso es lo que significa un déficit de entre $3,000 y $2,200 millones anualmente en el fondo general del gobierno central. Simplemente es insostenible.

No es pesimismo, es que por fin, el país está despertando.

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El nivel del debate político

El nivel del debate político

Cuando era niño mis compañeros de escuela y yo entrábamos en debates intensos, acalorados e inconclusos, en torno a temas relacionados con el béisbol. Si uno era fanático del Santurce, Peruchín Cepeda era el mejor toletero del béisbol. Si uno era fanático del San Juan, Roberto Clemente no tenía igual en el universo.

Lo mismo ocurría con los equipos que competían entonces. Los fanáticos del San Juan y del Santurce se detestaban y no estaban dispuestos a ceder ni un ápice en ningún tema. Su equipo predilecto era siempre superior y esa superioridad se trasladaba a los aficionados mismos. Mi equipo era el San Juan. Por lo tanto, el San Juan era el mejor de todos. Y yo, por ende, era uno de los “mejores” fanáticos. Los “mejores” fanáticos se caracterizaban por poseer ciertas características. Entre otras características, los “mejores” fanáticos reclamaban conocimiento extenso y detallado de los récords, de las estrategias más apropiadas, de las tácticas que debían aplicarse en cualquier situación del juego y de la historia del béisbol.

Las discusiones entre mis compañeros de escuela podía encandilarse y llegar a intensidad suficiente como para cualificar como disputas y peleas. No recuerdo una sola ocasión en que esos intercambios terminaran en acuerdos, consensos o aceptación de la posición sostenida por las contrapartes.

El recuerdo que narro anteriormente se me hace tan parecido a lo que se desarrolla en el país en torno a los asuntos públicos y que se tornan en polémicas políticas. El dialogo político del país no logra rebasar la calidad de aquellas reyertas beisboleras.

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A cien días de gobierno

Contribución a un sondeo de Sin Comillas a un grupo de economistas.

http://sincomillas.com/2013/04/los-economistas-y-los-primeros-100-dias-de-garcia-padilla-2/

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